En la danza descubrí que mi cuerpo, mi ser, y el universo son uno, que cuando confluyen alcanzo una plenitud inexplicable. Con ella el gozo de mi cuerpo está tan dentro de mí que supe que quería hacer aquellos infinitos toda mi vida, ¡para sentirme infinita!

Patricia Passo

Fuente: Sembrando átomos

A veces cierro los ojos y puedo volver a escuchar a los adultos discutiendo y hablando sin parar, mientras yo daba vida a todos los objetos de la casa. Eran parte de mi mundo secreto, donde todo era posible; sus formas, sus texturas, su pes, y la capacidad que tenían de ser todo lo que yo imaginara…

Dos sillas con la distancia de un metro entre ellas, unidas por un elástico que yo cogía a escondidas de la caja de costura, creaban a cama de gato, ¡donde yo saltaba sin parar!

Las tazas de la cristalería puestas boca abajo equilibrando platos y tenedores, creaban verdaderas ciudades, lugares que yo pensaba conocer algún día… La ropa de mi mamá era el fruto prohibido, cuando estaba sola en casa iba hacia su habitación y ¡me trasformaba! Yo, el espejo, y todos aquellos aderezos, éramos el reparto de un culebrón entero.

patricia-paso-ladanzaquecambialapiel2Fuera de mi casa, estaba mi otra casa, la playa… y la arena… ¡Hay la arena! Cubría mi cuerpo cambiando la textura de mi piel, me hacía sentir echa de otra cosa…. una sensación extraña que siempre acababa cuando venía una ola del mar fuerte que me traía de nuevo a mí misma. Aquel gigante llamado océano… ¿Dónde acabaría?, ¿hasta dónde podría llevarme?… le miraba y me invadía una emoción enorme, entre admiración, curiosidad y profundo respecto. Mi vida era tan rica y colorida, diferente de la que parecía componer la realidad. En mi mundo imaginario yo era unas ¡cuantas!. Había unas innumerables, infinitas formas de mí, estaba claro…

¡Me gustaba cambiar de piel!, y a la niña, dado que sufría de exceso de creatividad, hiperactividad, y desconcentración, ¡la pusieran en la escuela de teatro! Con 6 años ya estaba yo dando alas a mi imaginación, en las mejores horas de mi semana. Desde muy temprana edad descubrí que ¡todo podía ser lo que quisiera! Había mucha libertad en mi mundo, sin saberlo era invadida por una fuerte emoción cada vez que daba vida a algo que existía en mi interior. Y lo que descubrí allí, en aquellas clases de teatro, era que no había nada más placentero para mí que dar alas a mi imaginación y poder compartirlo con los demás. Al subir a aquellas tablas de madera, aquel mundo que yo tenía tan guardado dentro de mí, era el mundo real, y allí yo lo compartía sin secretos.

Los años fueran pasando, y pese a que estudié en un colegio bastante tradicional, aquello tan sin sentido para mí enriquecía mi mundo imaginario, yo sabía que una vez a la semana pisaba las tablas de madera, donde podía encontrarme de nuevo.

Como la mayoría de las niñas, hice las clases de ballet, ¡me encantaban! Hasta el día en que los castigos y las imposiciones crisparon mi cuerpo y ruborizaron mi piel, de tal forma que decidí que no quería volver allí. La relación con mi cuerpo volvió a resurgir cuando encontré la Capoeira. Allí las barreras me podían trasformar, volvían a caer, podía jugar con mi cuerpo como si fuera un animal o un elemento de la naturaleza, ¡que mágico! Hasta entonces mi mundo imaginario solo me había propuesto personajes humanos, pero en la Capoeira me sentí naturaleza, rio, viento, mar, mono, montaña…Quería seguir trocando de piel, sin restricciones, quería conocer profundamente mi cuerpo para libertar mi alma. Me dijeron que esto era bailar… ¡Y para allá fui!

La carrera de danza era una necesidad para mí, era como comer, el alimento para poder seguir viviendo… La hice en un lugar mágico llamado Angel Vianna, donde encontré mi morada, mi cuerpo; descubrí que el universo imaginario que yo tanto amaba tenía estructura: base, paredes, techo, ventanas, puertas, ¡y el cuerpo! ¡Quería estudiarlo toda en mi vida! Me casé con él, y, claro, mi amante era el universo imaginario. Ambos ocupaban mi corazón, y cuando estábamos los tres juntos era la plenitud. Mi cuerpo, mi ser, y el ilimitado universo, todo esto que me parecía el mundo real; y aquí, en el mundo real, era llamado espiritualidad. Entonces decidí estudiar todo lo que me aproximase a esta armonía trascendental, y fue allí que descubrí cuan rico es el mundo, los hombres, la historia, y las culturas. Siempre hemos encontrado una forma de conectarnos con Dios, y para mí era una delicia estudiar y ponerme en contacto con tan numerosas formas.

patricia-paso-ladanzaquecambialapiel3La primera vez que vi a Shokry Mohamed bailar la danza del vientre tuve la certeza de que aquello me atraparía. Mostraba algo tan simple y verdadero, tan dulce, tan bello… Y efectivamente, al tomar mis primeras clases de danza del vientre me invadió una sensación de intenso placer. El gozo de mi cuerpo estaba tan dentro de mí que deseaba hacer aquellos infinitos toda mi vida. ¡Quería sentirme infinita!
Fueron años en los que dediqué profundamente todo mi cuerpo a la experiencia de las espirales. Mi formación universitaria me llevó a estudiar antropología, buscando una explicación más profunda de aquello que estaba sintiendo: ¿Por qué ese símbolo de la serpiente me había atrapado tanto? Comprendí entonces su importancia a lo largo de las civilizaciones, así como su relación con el principio de la vida y la mujer. El estudio no hubiese sido tan revelador sin mi completa dedicación al baile y al desglose de este movimiento hasta los rincones más internos de mi cuerpo. El estudio depurado de todas las posibilidades de materialización en la naturaleza, que más tarde relacionamos con aspectos de la cultura, y por consecuencia de la psique, fueron la fuente de inspiración para la creación de la técnica y del método del Oriental Fusión. Un cuerpo espiralado -transitando por distintos aspectos de la psique humana- es en última instancia un cuerpo y un alma sin limitaciones, ¡la experiencia que la niña ansiaba vivir!

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Yo sabía que en el camino del descubrimiento “el compartir” era un factor muy importante para acelerar el proceso individual. Esta noción de la importancia del grupo vino de aquella experiencia temprana en las clases de teatro. Sabía que el escenario era mágico, allí se concretan ideas que dan vida a la realidad interna, o a la vida de la no forma.

Compartir es para mí fundamental. Enseñar es aprender. Me dedico exhaustivamente a la enseñanza del OFD (Oriental Fusion Dance) desde hace más de 15 años y cada nueva alumna es una faceta de mí que estaba por descubrir. Dar infinitamente es recibir infinitamente, y fue a través de este compromiso con la docencia que impartí clases en el Instituto Superior de Danza Alicia Alonso en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, donde cursé mi primer Master. El ambiente académico, la danza clásica y la danza étnica, fueron siempre parte de mi vida.

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Hacer fusión étnica contemporánea, que es otra forma en que llamamos a la técnica que enseñamos, significa diseccionar el movimiento profundamente, despertando una consciencia corporal superior que otorga libertad a la hora de que el universo imaginario (el alma) pueda expresarse.

Ser el vehículo para que las personas puedan descubrir esta morada en sus cuerpos, es uno de mis objetivos de vida. Me desafío todos los días en mi práctica personal para encontrar aquel lugar que todavía desconozco en mí. Haber formado a tantas personas, haber llevado la danza oriental al ámbito académico, haber viajado por tantos lugares y cruzado tantos océanos para cambiar de piel y experimentar la danza, haber escrito un libro para poder contribuir con la difusión de la información sobre la danza, haber puesto mi ser a disposición de una técnica para poder compartir, sin secretos, las experiencias por las cuales paso, y haber tenido la suerte de que se cruzasen por mi camino personas tan especiales que me ayudan a plasmar y dar forma a todo esto, enseñándome tanto, es lo que me motiva a la creación de los Nuevos Centros Afiliados. En ellos las alumnas podrán recibir clases del método OFD, además de bailar las coreografías que he creado en los últimos años.

En cualquier lugar de España profesoras formadas por mí, y que pertenecen a la Cía. Internacional de Danza Patricia Passo, permitirán así que el OFD siga creciendo a través de sus manos, ganando sus características; permitiendo a las personas encontrar en el baile una unión CUERPO – MENTE – ESPÌRITU, una forma de reconexión con el movimiento genuino ancestral y el lenguaje del alma, ¡pudiendo así sumarse a nuestra tribu!

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