La división de las partes del cuerpo se empieza a producir ya en las primeras danzas primitivas con la polarización de miembros superiores e inferiores que se dirigen al cielo y la tierra, respectivamente. Es posible que la danza de Egipto desarrollara más en sus movimientos esta idea de aislamiento de las partes corporales. Lo que sí podemos apreciar en algunas pinturas y relieves que nos han llegado, es que la polarización de las partes corporales se mantiene:

La imagen muestra un relieve en el que Nefertiti y su familia realizan una ofrenda religiosa. Se ha plasmado parte del ritual de una ceremonia egipcia en honor al dios Sol. Para los antiguos egipcios, la génesis de la creación tuvo lugar a raíz de una gran sequía del Nilo; fue entonces cuando surgió un trozo de tierra que separaba las aguas del cielo. Esto es esencial para el entendimiento del dualismo corporal del baile.

El cuerpo continúa siendo herramienta para unir tierra y cielo. Este pilar ritualista llegará a ser un principio básico de las danzas de carácter étnico que ha llegado hasta la actualidad.

Por representaciones de baile que han llegado a nuestros días, se pueden observar algunas otras características de bailes que se practicaban en Egipto.

Parece ser que se le daba gran importancia a la figura, al trazado de las líneas con el cuerpo, que puede moldear formas de lo más inverosímil. Este gusto por la línea y sus posibilidades, probablemente relacionado con el interés por los saberes de la geometría y las ciencias exactas, pudo provocar que se descubrieran las posibilidades de la articulación. La flexión articular de codos y muñecas dibuja imágenes muy plásticas en el espacio. El cuerpo, para alcanzar diversas posturas, llega a contorsionarse en ejercicios de características gimnásticas. Los dibujos espaciales se llevan a cabo tanto en solitario como en grupo.

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Estos movimientos, algunos realizados en el suelo, podían alcanzar una estética animalesca. Complicadas torsiones del cuerpo que ponían al danzante a cuatro patas nos hacen pensar en la posibilidad de querer evocar a la propia naturaleza. Tal vez fuera esta también la idea originaria de los movimientos aislados de cabeza laterales y frontales, que podrían haber surgido por el intento de imitación de ciertos pájaros o del propio movimiento de la cabeza de la serpiente. Esta intención imitativa del gesto otorga importancia a la pantomima, a la noción teatral de danza. Parece ser que eran algo más que bailes, al menos coreografiados en cierto modo, muy estudiados, aparentemente integrados en la idea escénica global de espectáculo.

Es especialmente importante aquí destacar que se realizaban movimientos ondulatorios de cadera. La idea de ciclo, de regeneración, de energía retenida y reutilizada, tiene plasmación en el movimiento de la danza.

Fuente: “Fusión. El Universo que danza” de Patricia Passo