Los hijos del cielo
¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
La luna y la calabaza
Con las guindas en conserva.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te ve y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle,
Con las torres de canela.
(FEDERICO GARCÍA LORCA, Romancero Gitano)
Se conoce por gitanos o pueblo rom a una determinada comunidad con características propias, de origen incierto e historia ligada al nomadismo. Los rom conservan antiguas tradiciones no escritas y siguen en gran parte sus propias reglas y leyes, aun conviviendo dentro de una determinada sociedad. Su estructura social está vinculada a la tribu y al clan. Son fieles a sus costumbres, y aunque hacen suyos rasgos de las sociedades en las que viven gracias a su gran capacidad de adaptación, no es lo más habitual que sean dados al mestizaje con los que llaman payos (no gitanos), manteniendo así su racialidad.

Las teorías más aceptadas sobre su origen sitúan a los antepasados de los gitanos en alguna parte entre laIndia y Pakistán. Las pistas que proporcionan los estudios lingüísticos son más específicas y sitúan a los antecesores en la región Noroeste de India, posiblemente en Rajastán. Desconocemos las causas que llevaron a los gitanos a emigrar y, por las pistas que fueron dejando, sabemos que empezaron su migración hacia Occidente alrededor del siglo XI, y que vivieron durante un tiempo asentados en Persia y posteriormente en Asia Menor, donde tuvieron que dividirse. Unos se dirigieron hacia Europa Central y otros al Norte de África. Su entrada en Europa parece haberse producido a principios del siglo XV, según los textos que dan fe de su presencia. En su largo camino han pasado por países en los que se fueron asentando importantes grupos de gitanos como en Turquía, Hungría, Rumanía, Grecia, Francia y España. Todos ellos han mantenido elementos de una identidad compartida:

Uno de los rasgos más notables en la historia de los gitanos es la sorprendente similitud de sus ocupaciones en todas las regiones del globo donde han penetrado; no sólo son parecidos en facciones y en su aire y andar, pero además exhiben por doquiera idénticas inclinacionesy se buscan el pan por iguales medios.

La ruta de los rom es muy interesante para el estudio de las danzas orientales, porque si analizamos el entorno por el que los gitanos fueron transcurriendo, llevando con ellos sus costumbres, entre ellas su arte, coincide en muchas ocasiones con la situación geográfica de los lugares donde se conservaron los rasgos propios de las danzas orientales, en los cuales, además, en esos momentos era común el fenómeno del harén del que venimos hablando.

La ruta de los rom es muy interesante para el estudio de las danzas orientales, porque si analizamos el entorno por el que los gitanos fueron transcurriendo, llevando con ellos sus costumbres, entre ellas su arte, coincide en muchas ocasiones con la situación geográfica de los lugares donde se conservaron los rasgos propios de las danzas orientales, en los cuales, además, en esos momentos era común el fenómeno del harén del que venimos hablando.

En Egipto, por ejemplo, se conocía con el nombre de ghawazee (plural de ghaziya) a las bailarinas profesionales que danzaban en estos lugares. En su origen, estas mujeres dedicadas a la danza eran de etnia gitana. Se describe su baile como sutil y coqueto al principio, que se va transformando en vigoroso y descarado con el avance de la representación. También está documentado el uso de crótalos y la percusión mediante la utilización del propio cuerpo, con palmas y pitos. Parece ser que la palabra ghawazee en su origen servía para nombrar a los extranjeros, muy probablemente a los grupos de gitanos apostados en las afueras de los pueblos.

 

Curiosamente, es posible que precisamente el término “gitano” tenga su raíz en la larga permanencia de algunos grupos de gitanos en Egipto. En algunos documentos se les llama “egyptanos”, y durante mucho tiempo se creyó que eran originarios de Egipto. Las revelaciones que puede aportar el lenguaje en Turquía también son muy ilustrativas. Así, el antiguo término que significa “bailarina” es cengi, que deriva directamente de la antigua trascripción turca de “gitano”.
La danza, como actividad profesional de un ciudadano respetable occidental, era algo impensable. No obstante, la mayoría de quienes fueron comúnmente considerados por la sociedad como respetables a lo largo de los tiempos, no dieron la espalda a la danza. Más bien al contrario, gustaron de contratar espectáculos de danzarines, importar bailarinas sirias al mismísimo imperio romano, por ejemplo, e incluso atreverse a aprender a bailar, introduciendo el baile en las distintas cortes palaciegas, como veremos. Recíprocamente, la decadencia del esplendor de los harenes también pudo contribuir a que las mujeres que habían aprendido a bailar entre sus muros, llevaran su aporte al ámbito popular como recurso de supervivencia.

Fuente: “Fusión. El Universo que danza” de Patricia Passo