Dado nuestro interés por lo femenino, por ser la Danza Oriental un baile vinculado a los movimientos y formas de la mujer desde tan antiguo, resulta muy interesante fijarnos en los fenómenos históricos en los que sabemos que agrupaciones extensas de mujeres de muy diversa procedencia convivían. Llama la atención el caso de los harenes. Aunque el concubinato real es un fenómeno de diversas culturas y se ha mantenido durante largos periodos históricos, nos interesa comentar el caso del Egipto Antiguo en primer lugar, continuando con esta etapa, así como la permanencia de este fenómeno en los harenes de los países árabes y el Imperio Otomano; en segundo, por la repercusión que pudiera tener en el desarrollo de la danza en Oriente.
El fenómeno del harén oriental es relevante por el hecho de que en él vivían muchísimas mujeres de diferente origen, lo que ya de por sí proporciona un excelente caldo de cultivo para que las formas de comunicación ganen en creatividad y desarrollo. Además, como comentaremos, su oficio consistía en proporcionar placer mediante la interpretación de las artes y el juego de la seducción. Y en este caso, la danza tenía un papel muy importante. En el Antiguo Egipto “la institución del harén real aparece, desde los primeros momentos de la época histórica, a la vez que la administración real (…) las neferut, las bellezas vivas de Palacio, cuyos cantos, bailes y comportamiento estaban destinados a distraer a Su Majestad.”
En el Antiguo Egipto, la Gran Esposa Real, en ocasiones seguida de la Superiora o Superioras, controlaba el harén. En sus grandes edificios y numerosas estancias vivían, tanto la Gran Esposa Real con sus hijas, como las demás esposas reales secundarias, también con sus descendientes, hijos del rey; y las favoritas. Quienes se casaban con el faraón, podían ser egipcias, pero muy a menudo se trataba de princesas extranjeras, que llegaban al harén de la Corona acompañadas por su séquito.
Las mujeres eran de distinta condición, pero según los restos arqueológicos, las labores de limpieza y servicio las realizaban siempre varones. En este momento, había hombres que tenían acceso a las estancias del harén, al contrario de como sucedería posteriormente, en el que el acceso al hombre quedaría restringido.

 

En este contexto, la diferencia de la mujer no es reconocida como algo negativo. Se la respeta en la sociedad, goza de independencia económica. Tiene un papel muy importante dentro de la familia y por esto, a nivel social, se reconoce la trascendencia de su labor. Más adelante, parecerá desarrollarse una especie de temor a las capacidades de la mujer y su universo se enmarcará en la esfera de lo vedado.
No es extraño pensar que ya desde los primero momentos del harén, podría haber surgido una rica interacción entre mujeres de distintos lugares que convivían en esta determinada parte del palacio. Más allá de los lazos que estableciese su convivencia, las diversas costumbres, ademanes, gestos y singularidades de cada una debieron ir influyendo a las demás. Está constatado que en algunos harenes reales habitaban numerosas mujeres de distinta procedencia. Por ejemplo, se sabe que en el del faraón Amenofis III, vivían más de trescientas cincuenta extranjeras.

 

Era un lugar en el que la danza, el canto, la poesía, y las artes en general debían estudiarse y cultivarse. Pues éste era el oficio de las mujeres del harén, el placer, y su finalidad, como se ha dicho, la seducción.

Patricia Passo

 

Seguramente todo este aporte cultural que los diversos lugares de procedencia de las mujeres suponía, tuvo de alguna forma su reflejo en el quehacer diario del harén. Y la danza pudo, como el resto de las artes cuando entran en contacto con una manifestación diferente, haber sido influenciada o enriquecida con muchos elementos nuevos.

 

Esta antiquísima formación social que es el harén perdurará como institución de gran relevancia en los países orientales durante siglos. Durante todo ese tiempo, siempre ha estado envuelto por un halo de misterio, se ha considerado un lugar embriagador plagado de secretos. No se trata tan sólo de una percepción occidental en este caso. El harén es en esencia, un sitio restringido. La palabra harén en español proviene del francés “harem”, la cual a su vez deriva de arim, “mujeres” en la lengua árabe clásica. Su significado literal es “lo vedado”. Los harenes eran pues lugares reservados a las mujeres, que en la Edad Media eran consideradas pertenencias, símbolos de poder y riqueza.

 

También se ha defendido la idea de que harén proviene de “harim”, el santuario de la Meca en el cual está prohibido matar a hombres o animales durante la época de peregrinación. También vinculado a la peregrinación está el término “haram”, que se refiere a las ropas que los peregrinos se quitaban para realizar una procesión que se realiza al desnudo, ya que las prendas en este caso simbolizan los pecados. “El haram era el santuario y al mismo tiempo la casa donde vivían sus mujeres y sus hijos, un espacio prohibido a los demás”.

Fuente: “Fusión. El Universo que danza” de Patricia Passo