Bioenergética y danza oriental | Espirales del conocimiento

 

Percibir las conexiones entre las diferentes técnicas, filosofías y líneas de pensamiento es algo que me despierta especial fascinación. Descubrir que más allá de la diversidad existen voces que evocan el mismo verso… Ésta es la idea central de los próximos artículos. 

 

 Fuente: Revista edanza

Buscamos a través de la fusion enseñar al cuerpo, que la flexibilidad sea enriquecedora. Las diferencias son casi siempre complementarias y, aunque existen innumerables caminos, el propósito es siempre el mismo, único y universal, expresarse con gracia y verdad en busca de una unidad con lo divino y la plenitud del ser.

Alexander Lowen fue el creador de la bioenergética, sus inquietudes  pasaban por una conexión del hombre con sus procesos psicofísicos. Los estados de ánimo, así como los procesos contráctiles y expansivos naturales en las especies vivas, fueron objeto de investigación de este pensador, que buscaba en sus análisis una mayor comprensión de la naturaleza humana desde los procesos naturales presentes en nuestro biosistema.

Lowen creía que los procesos emocionales vivenciados por las personas podían provocar bloqueos corporales, “siempre que hay una tensión muscular en el cuerpo existen impulsos naturales inconscientemente bloqueados.” Los estudios de dicha técnica pasan por un análisis exhaustivo de los procesos físicos naturales del hombre, y es allí que nuestros objetos de estudio empiezan a converger de forma interesante.

La danza oriental, a la que también llamo la danza del movimiento interno, busca en su técnica pélvica profunda  desmenuzar las profundas capas corporales para conectar al hombre con el placer y el gozo dancístico a través de movimientos circulares y espiralados. Los movimientos ondulantes de cadera flexibilizan nuestros caminos, cuando somos consciente del meneo natural de nuestras caderas ganamos en graciosidad, lo que para Lowen es uno de los factores determinantes de la salud y la vitalidad psicofísica.

Cuando una persona camina de modo que siente tocar el suelo a cada paso, la onda de excitación que emerge de sus pies se coordina con la onda respiratoria, lo cual hace mover la pelvis en cada respiración.”

 

Foto: Eduardo Peralta

Foto: Eduardo Peralta

Además, lleva a cabo un interesante estudio sobre el lenguaje y la lectura corporal. Propone que las circunstancias son las causas de características corporales, no son casos inconexos sino materializaciones de procesos psíquicos reflejados en nuestro cuerpo físico:

 “Los arcos caídos indican que los pies están insuficientemente cargados de energía y son sometidos a un esfuerzo excesivo.”

“Los arcos elevados, por su parte, suelen observarse en individuos con piernas extremamente delgadas.”

“La rigidez es una reacción natural, tanto al frio físico como a la frivolidad emocional.”

“La persona rígida, que literalmente no puede retorcerse, es también inflexible en sus actitudes.”

Éstas observaciones sutiles son importantes para el estudiante de las danzas orientales, dado que el preciosismo detallista, característico de las culturas orientales, hace que seamos muy observadores de nuestras posturas y marcas corporales.

Respecto a los pies, podemos decir que la cualidad de contacto impresa por el bailarín con la tierra es lo que garantizara un correcto posicionamiento del centro pélvico, además de asegurar la conquista del equilibrio. Bailar sin poner consciencia, energía y acción en los arcos de nuestros pies dificulta de forma sustancial la ejecución de los movimientos pélvicos profundos.

 

Foto Gabriel Cavalcanti

Foto Gabriel Cavalcanti

En relación a las rodillas, “El indicio más claro de la falta de enraizamiento es pararse con las rodillas tensas.” En la práctica y ejecución de las ondulaciones, características de la danza del vientre, es necesario aflojar la rodilla; esta articulación facilita el flujo pierna-cadera y posibilita una mayor movilidad en las caderas, distensionar las rodillas es imprescindible para bailar.

Acostumbro decir que los movimientos de la danza oriental deben ser ejecutados con una cualidad semejante a mascar chicles, es decir, deben ser flexibles, alargados e infinitos, como si el cuerpo fuera un muelle. Respecto a la importancia de la flexibilidad para un cuerpo sano, Lowen afirma que “Cuánto más elásticos y flexible somos, más cerca estamos de la salud”.

Más allá del resultado estético de dichas ondulaciones, no podemos olvidar que estos movimientos poseen una estrecha relación con el simbolismo, son la materialización del sagrado en el cuerpo. Si usamos como ejemplo el símbolo de la serpiente, ésta remite a la organicidad cíclica y regenerativa de toda composición y descomposición de la materia orgánica, su capacidad de cambiar de piel y volver a renacer es la fuerza armonizadora de todo el sistema bio-orgánico. Reproducir esto con el cuerpo es materializar el símbolo de esta cualidad divina, lo cual para los orientales es la propia medicina. “En oriente el objetivo primordial es conservar la salud antes de curar la enfermedad, objetivo que supone una concepción holística de la salud, ausente en la medicina occidental. (…) Mientras que el pensamiento oriental ve la espiritualidad como un fenómeno corporal, el pensamiento occidental la concibe primordialmente como una función de la mente. (…) Si aceptamos que los seres humanos somos criaturas espirituales, también debemos aceptar que la salud está relacionada con la espiritualidad.”

Hay algo mágico que ocurre cuando bailamos, muchos intentamos explicarlo y ponerlo en palabras, pero Lowen de forma sencilla expresó una máxima: “El cuerpo se puede curar a sí mismo”.

Además de la actividad física de la danza, mover el cuerpo es dar un sentido al movimiento. La danza oriental se caracteriza por ser una vía de danza-teatro, la externalización de la expresividad inherente al movimiento y a todo el universo simbólico, en el cual esta inserta la danza oriental, hace que ésta sea una importante vía de expresividad y comunicación. De esta forma, sin percibirlo, estamos ejercitando y sintonizando el movimiento corporal y el flujo emocional. Esto por si solo es terapia. “Una falta de vitalidad es siempre el resultado de una supresión de los sentimientos.”

Con esto no pretendo invalidar los procesos terapéuticos analíticos, por el contrario, se trata de aportar, y sumar, pero nunca restar. Todas las herramientas accesibles son válidas en la búsqueda de la integridad del ser.

Profundizando sobre la cualidad de los movimientos y la importancia de la tomada de consciencia sobre cómo nos movemos, “podemos decir que una persona con mucha energía no se sobreexcita fácilmente porque su cuerpo, en virtud de la distensión de su musculatura, tiene la capacidad de retener o contener una carga elevada. Por lo tanto, sus movimientos son lentos, desenvueltos y airosos.” Otorgo especial importancia a este tópico. Dado que los movimientos lentos y alargados son una característica de la danza oriental, como dije con anterioridad, tenemos como bailarinas y como docentes muchos relatos y experiencias por compartir al respecto.  Normalmente el alumno llega a la clase de danza oriental sobreexcitado debido al ritmo impuesto por la urbe en sus actividades cotidianas; bajar el ritmo es costoso, ya que es allí donde normalmente aparecen dolencias. El cuerpo, cansado de ser una máquina de acciones mecánicas, encuentra un espacio para poder manifestarse; el alumno percibe su cansancio, su desconfort, su falta de vitalidad…El tiempo del cuerpo es casi siempre más lento que la demanda que se le impone.

Foto: Ana Torre

Foto: Ana Torre

En cambio, la danza oriental de forma suave y profunda va ajustando estos puntos. La práctica diaria de sus movimientos pélvicos ondulantes desacelera y aceita la máquina,  el practicante se siente por un momento viciado por estas prácticas. Éste es el relato de la mayoría de los alumnos, y es allí donde nuestra escuela busca nutrirlo no solo de técnicas corporales, sino también de filosofía e historia, ampliando la visión de él mismo sobre su forma de actuar en la vida misma. Precisamente ésta es la parte más linda del proceso, cuando la práctica transforma al alumno, que incorpora estos elementos en su propia vida.

Aprender a bailar lento es aprender a escuchar el ritmo y el pulso del propio cuerpo, conectando con nuestro propio bioritmo, tan cerca de la naturaleza y tan distante del núcleo urbano. Cuando verdaderamente estamos en nuestros propios cuerpos y mantenemos esta escucha activa, entonces podemos estar en cualquier lado; lo externo no impone nuestras formas de comportamiento ya que estamos más atentos a nuestras emociones, evitando así esconderlas y que provoquen un bloqueo psicofísico, sino que dejamos que fluyan, como un rio…en total armonía con su significado: e-moción (en movimiento).

Estar dentro de sí es la única salida en la búsqueda de la armonía, para bailar como un ángel con los pies están en la tierra. Nuestra biomecánica es pulsátil y  existe una perfecta sintonía con nuestro ritmo orgánico.  ¡Éste es el estado de gracia!

Pese a todas las resistencias, prejuicios y malas interpretaciones que la danza oriental pueda sufrir a lo largo de la historia, termino este artículo con una frase del maestro Lowen que instiga a romper los paradigmas sociales que discriminan y banalizan los movimientos pélvicos: 

“Un principio bienergético básico establece que la corriente de excitación hacia arriba y hacia abajo en el cuerpo es pulsátil, lo que significa que no puede extenderse más en una dirección que en la otra. En lo que atañe a la sensibilidad, no podemos ser más espirituales de lo que somos sexuales.”

 Patricia Passo.

 

Nota: Todos los textos entrecomillados en este artículo pertenecen a Alexander Lowen.