La danza es una expresión de vida… la vida es la raíz  y el arte es la flor.

Isadora Duncan

 

Fuente: Revista edanza Num. 43 – may./jun. 2017

Escribir sobre Duncan me intimida y excita a la vez. Volver a leer libros, artículos y pensamientos sobre ella es  para mí un viaje en el tiempo. Siempre supe que le dedicaría algo… y ésta es la ocasión que me brinda la vida para dedicarle algunas palabras, además de un espectáculo.

En junio de este año, junto a la Universidad Rey Juan Carlos, celebramos un año más de estudios universitarios, creaciones e investigaciones étnico-contemporáneas. Y en esta ocasión me inspiré en Duncan, aunque lo cierto es que fue ella quien me inspiró e inspira siempre, mi eterna gratitud a las musas revolucionarias de la danza.

Gabriel Cavalcanti (3)

Cierro los ojos y todavía puedo sentir el frío penetrando en mis mejillas en las calles de Madrid en aquel enero del  año 2000. Acababa de llegar a esta ciudad con tantas incertidumbres como miedos, buscaba algo que anhelaba pero que no sabía lo que era. Recorría sin destino las calles frías de aquella hermosa ciudad, y en una de esas tardes solitarias vi una calle muy estrecha que hacía esquina con una construcción antigua de piedra, donde una pequeña mesa de madera exponía algunos libros. Sin entender muy bien qué era, me acerqué y encontré libros a la venta por muy pocas pesetas, ¡y me animé! Lo cierto es que pensé “no habrá nada sobre danza”, y de golpe me fijo en un pequeño libro de bolsillo que se titulaba “Mi vida” ¡No lo podía creer, era la biografía de Isadora Duncan! Abracé mi libro y juntos entramos en la callecita estrecha sin saber que llegaríamos a la cúspide del placer.

Isadora y yo nos sentamos en la famosa churrería San Ginés y pasamos una tarde de confesiones entre churros y chocolate, devoré el libro mientras sentía su compañía y su fuerza. Percibí allí que lo que yo buscaba era un ideal, un propósito, algo que diera sentido a mi existencia.

 

Más allá de los resultados estéticos y de la profesionalidad de su danza, Isadora era una revolucionaria e idealista que sentía que había algo por lo que luchar, era transgresora, inquieta, pasional e irreverente. La danza era su vida, pulsaba en su corazón como yo sentía que pulsaba en mí. ¡La voluntad! como lo explica José Antonio Sánchez. La danza para Isadora debía ser simplemente como la gravedad natural de la voluntad del individuo, que al final no es más ni menos que la traducción humana de la gravedad del universo.

 

Mientras leía su historia mis pulsaciones se hacían más vitales y aceleradas, sentí una gran tristeza de lo acomodada que está nuestra sociedad y los individuos que aquí estamos. Percibí que lo que me había traído a Madrid era un ideal, la búsqueda de la génisis de la danza, así como su realización desde los rincones de mi alma. Estaba perdida,  no sabía cómo encontrarla, pero ya  no me sentía sola. El íntimo contacto que pude tener con mi cuerpo en las clases de Shokry Mohamed me recordaban a Isadora, ella defendió en su época el cuerpo como un lugar de placer, enaltecía el poder del arte y del amor.

 

“Habrá quien se escandalice. Pero no sé por qué, si tenemos un cuerpo que nos proporciona cierta suma de dolores, yo no sé por qué cuando la ocasión se presenta no vamos a extraer de este mismo cuerpo un máximo placer.” (“Mi vida” de Isadora Duncan, 1915)

 

Aunque su técnica corporal se basaba en poner en evidencia los movimientos del plexo solar, como ella misma explica “la danza es el ritmo de todo lo que vive, como es la eterna salida del sol”. Duncan planteaba la vuelta al centro, considerando la región diafragmática el punto de origen de nuestra respiración y pulso, proponía que escuchásemos los latidos del corazón y el ritmo de nuestra respiración para movernos con libertad.  La abertura del tórax y del pecho usada en su técnica, hablaban de forma simbólica de la búsqueda del ser genuino. En la cultura oriental el plexo solar es el centro energético de convergencia entre las formas primarias y superiores, entre la pelvis y el corazón, entre la emoción y nuestros instintos encontramos el yo, la materialización de nuestra referencia de ser en el mundo.

 

Duncan proponía una abertura en nuestro Manipura Chakra para encontrar nuestro lugar, propósito y libertad. Si bien en un primer momento este concepto puede parecer lejano a la danza oriental, dado que el foco pélvico es el gran protagonista en ella, tanto la descripción de sus bailes como la estrecha relación de Duncan con los movimientos de la naturaleza son absolutamente afines a los propósitos de la danza pélvica. Isadora había nacido y vivido gran parte de su infancia junto del mar, por eso para ella las olas eran la gran inspiración, no solo de sus braceos, sino también de toda su composición dancística.

Foto: Gabriel Cavalcanti

Foto: Gabriel Cavalcanti

 

… una suave brisa llego hasta nosotros por encima del mar, las velas se hincharan lentamente y tomaran el viento y con la fuerza de la respiración  las aguas formaron amplias ondulaciones; durante algún tiempo nuestros ojos las siguieran y se regocijaron en sus movimientos. ¿Por qué será que de todo movimiento que nos provoca placer y satisface el sentido anímico del movimiento, el de las olas y el del mar me parece el más grande? (“El arte de la danza y otros escritos”, Isadora Duncan)

 

Sus descripciones, profundamente arraigadas en el universo figurativo y simbólico, encontraron en la propia anatomía respuestas contundentes. Sabemos que nuestro  cuerpo está compuesto mayormente de  líquidos  y fluidos, nuestra forma celular de existir es pulsátil y ondular, por lo que es orgánico  buscar moverse de forma ondulante, y claramente genera mucho placer el acercamiento a nuestra naturaleza primaria. Actualmente el concepto de orgánico está teniendo bastante relevancia y consideración, y es precisamente en esta organicidad pulsátil donde Duncan buscaba su danza y en sus inspiraciones.

 

Desconcertante y provocativa, su danza, al proponer una relación tan íntima con el ser, atraía más a los nuevos pensadores que a la clase tradicional. En las descripciones encontradas sobre sus actuaciones se habla de cómo sus movimientos ocurrían  de forma fluida y natural. Para Fokine la aportación de Duncan al arte de la danza fue haber recordado la aportación del movimiento simple.

Muy criticada, Isadora preocupaba a los profesionales del ballet que consideraban un riesgo que algo tan simple y natural pudiera alcanzar los grandes escenarios; como todos los personajes y grandes artistas, ella estaba adelantada a los tiempos que corrían. Las cuestiones que abordaba en relación a la libertad y la naturalidad del cuerpo, así como a los sentimientos de la mujer, eran fuertemente rebatidas y no dejan de ser reflexiones actuales. Precisamente lo que me apasionó en la danza oriental fue su refinada y exquisita sencillez, que exigen una introspección y un conocimiento profundo del ser, es una danza concéntrica, pulsátil, contráctil y fluida. El exceso muchas veces entumece la esencia.

Foto: Gabriel Cavalcanti

Foto: Gabriel Cavalcanti

Las  “isadorables” (bailarinas de su compañía) rebatían tales críticas, confirmando que no era nada fácil ejecutar los movimientos sencillos de Duncan, ya que para ella la escucha del ritmo era la base de la técnica. Proponía variaciones rítmicas que enfatizaban las pulsaciones vitales y traían a la escena la emoción, la visceralidad y la realidad.

La relación de Duncan con su cuerpo, la poca ropa y las trasparencias, eran usados para reivindicar esta relación profunda de la mujer con su propio cuerpo, además de exaltar su libertad, ser libre en el sentido de ser natural, lo cual para la época era complejo de entender.

 

La historia camina…y me entristece pensar que todavía estamos allí, reivindicando libertad  y placer.  En general todas nosotras, bailarinas de danza oriental, hemos sido cuestionadas por la exposición, la vulgarización, la sexulización y el erotismo. En fin, es redundante tener que abordar este tema una y otra vez, pero  lo que realmente me preocupa es que esto sigue siendo un obstáculo para que muchas mujereras bailen.

 

De forma poética Duncan nos lleva a este cuestionamiento:

 

“(…) Exponer el propio cuerpo es un arte, su ocultación es vulgar. Cuando bailo, mi objetivo es inspirar reverencia, no sugerir nada vulgar. (…) La desnudez es verdad, es belleza, es arte. (…) Mi cuerpo es el templo de mi arte. (…) (“El arte de la danza y otros escritos”, Isadora Duncan)

 

En los años 20 Duncan reivindicaba a través de su danza la liberación de la mujer y de su cuerpo femenino. Es importante que reflectemos que ésta sigue siendo una temática contemporánea. ¿Avanzaremos hasta retornar a la raíces del cuerpo templo?  ¿O mantendremos nuestro cuerpo “libre” del pecado del placer y del éxtasis de la danza? Aun hoy los tabús en relación al cuerpo femenino inhiben la libre expresión del mismo, ¡con lo  bonito que es un cuerpo!

La belleza y la estética de las contorneantes formas corporales fueron estudiadas por Duncan; recorrió al arte antiguo, contempló la historia, las esculturas, los frisos, los vasos, y los frescos, pero no con la intensión de reproducirlos sino que, como ella misma explica:

 

“Observé detenidamente con la intención de sumergirme yo misma en el fondo de su ser primordial y tratar de descubrir el secreto de su éxtasis, siguiendo con mi espíritu las ideas simbólicas de sus gestos.” (“El arte de la danza y otros escritos”, Isadora Duncan)

 

Aunque algunos autores hablan de su arte como griego, fue algo con lo que Duncan nunca estuvo de acuerdo. Defendía vehementemente una danza universal y explicaba cómo la danza era el resultado de una emoción presente, pero nunca la réplica de un estado de espíritu antiguo.

 

“La bailarina del futuro será aquella cuyo cuerpo y alma hayan crecido juntos tan armónicamente que el lenguaje natural de esa alma se convierta en el movimiento del cuerpo. La bailarina no pertenecerá a una nación sino a toda la humanidad.” (“El arte de la danza y otros escritos”, Isadora Duncan)

 

Aun hoy, quienes nos hemos inspirado en el arte y la historia antigua seguimos derrumbando esta barrera. La defensa de fronteras, etnias, razas y territorios, nunca fue el propósito del OFD, por el contrario, buscamos las similitudes y principios que nos unen y nos hacen únicos en nuestras peculiaridades. De forma retroalimentativa, la danza libera y liberarse te permite danzar.

Es como nos explica Duncan:

 

“(…) Para mí la danza no es solo el arte que da expresión al alma humana por medio del movimiento, sino también el fundamento de una concepción completa de la vida más libre, más armoniosa , más natural (…)” (“El arte de la danza y otros escritos”, Isadora Duncan)

 

Vivimos un momento histórico carente de filosofía e ideales, de hecho, hay algo de peyorativo para nosotros en estas dos palabras…Hay miedo de caernos en trampas ilusorias o sectas. Los ideales que tenían las pioneras de la danza moderna a principios del siglo xx es justamente lo que me apasiona de ellas, y claro, Isadora es mi musa.

Desprovistos de propósitos e ilusiones caminamos sin rumbo, sin querer atraparnos en nada. Yo siempre digo que “Escuela” es “Filosofía”, y no las paredes que componen nuestras sala de baile. En los tantos años de docencia pasaron por mi escuela innumerables mujeres que normalmente tenían su crisis con la danza: “hayyyy la danza me atrapa”, “no puedo vivir sin ella”, “es que la escuela me ha cambiado la vida”… y me dicen esto con una dosis de sufrimiento y angustia. Yo, que en el fondo soy una observadora de procesos y que en algunos momentos hago intervenciones, asisto callada, sabiendo que en el fondo nuestra mayor resistencia y miedo es volver a sentir la unidad. Ansiamos la integración, pero para nacer fue necesario que nos separáramos… por eso sé que dejar que la danza sea tu filosofía de vida es nacer de nuevo. Tener de nuevo el coraje de sentir el primer sopor de aire y volar.

 

Termino este artículo  con la poesía de Duncan y la irreverencia de Nietzsche:

 

“La danza es una expresión de vida… la vida es la raíz  y el arte es la flor (Isadora Duncan)

“Yo solo creería en un Dios que supiera bailar” (Friedrich Nietzsche)

 

¿Y tú? ¿Ya bailaste hoy?

 

Patricia Passo

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