Fuente: Revista edanza Num. 44 – jun/jul 2017

Maya es la magia cósmica que hace una sombra de la substancia y una substancia de la sombra, es la ilusión que desvirtúa las cosas por sí mismas. ¡Estamos todos en el mundo de maya! Creamos realidades según nuestras percepciones que están siempre basadas en nuestra conciencia, somos invadidos constantemente por las frecuencias sociales. Desvelar cosas en el mundo desvela cosas en ti.

 

Todavía recuerdo aquel 2012… entre profecías sobre el fin de mundo, catástrofes geográficas, y grandes cambios de vida afectando a todas las personas alrededor, estábamos ilusionadas y excitadas con tan esperado cambio energético y la apertura de consciencia que se avecinaba.

Ese mismo año creamos “Kalpa”, un espectáculo delicado donde esperanzadas bailamos por la paz y las transformaciones promisoras. La sensación de deber cumplido era evidente, todas nos sentíamos preparadas para el nuevo mundo, en todos los círculos en común a los cuales pertenecía esperábamos con euforia el giro de la consciencia global.

Desconocíamos que empezaríamos a  desvelar hechos, quitar velos, ¡como Salome! y que cada una de estas capas estaría muy pegada a nuestra piel; quitarlas supondría la apertura de grandes heridas, implicaba vivir  con la piel en carne viva, la hipersensibilidad ardería fondo.

 

Como artista, no puedo dejar de pensar sobre este mundo que  estamos creando. Estoy aquí ahora, soy parte activa de esta insanidad aterradora. Suelo decir que nuestra libertad de expresión está limitada por las frecuencias vibratorias donde estamos ubicados, como en la naturaleza, nada se crea, todo se trasforma. Crear es percibir una realidad que todavía no está plasmada en el mundo real, es un adelantarse en los tiempos, un estado de percepción agudizado sobre las cosas en sí mismas. Pero el punto de partida solo puede ser uno, el aire que respiramos, lo que nos mantiene vivos y creativos.

 

La sensibilidad es un estado de percepción, mi bebe, es mi maestra todas las veces que necesito reactivar en mí este estado pulsátil de creación. La observo. Verla descubrir las texturas y los formatos de los alimentos, divertirse mirándose al espejo y viendo la carne picada rodar por su lengua, impresionarse y acojonarse con el agua que se escurre por sus piernas al hacerse pis sin pañales. Me emociona. Que simple es la sensibilidad y que fácil es reprimirla.

El otro día hablando con una alumna me dijo: “Cuando nos preguntabas si sentiamos en el cuerpo, no sabía que responder, porque no sabía cómo era sentir en el cuerpo. Tuve que aprender a sentir”.

Y esto no es una tontería, la mayoría de los cuerpos necesitan reaprender a sentir.

El baile, que no existe sin expresión, es una herramienta genuina de sensibilización corporal, ojalá todos los maestros se preocuparan más en detonar este proceso en el cuerpo de sus alumnos que en crear maquinas ejecutoras de movimientos.

Ary Amarante y Léo LamasEl gran aporte de este lenguaje es la aplicación de los conocimientos adquiridos en el proceso de aprendizaje de la danza en la vida.  El mundo actual no es para principiantes, aquel que creía que pasaría por la vida sin sensibilizarse con nada está asistiendo atónito a cómo disecan su cuerpo, quitándole la piel y poniendo su carne a prueba. El dolor es latente.

Sí señores, ¡éste sería el tan esperado despertar de la consciencia! aquello que inocentemente esperábamos ahora avanza de forma avasalladora sin dejar piedra sobre piedra. Las vísceras del mundo están abiertas, el momento encarnatorio es visceral.

En todo eso reconozco que la voluntad de escapar es latente. He perdido la cuenta de cuantas veces cerré los ojos y me imagine viviendo en un pueblo lejano, plantando mis tomates, alejada del mundo y sus barbaries. Tengo mis paraísos ubicados en mi mapa geográfico mental y no dudo que algún día allí iré. Pero esto no es solo un deseo exótico personal de una artista hippie, muchas personas con las que hablo comparten este sentimiento, todos quieren montar comunas alternativas que nos pudiesen alejar del mundo que nosotros mismos creamos. Simplemente no nos podemos escapar…porque este mundo es parte de nosotros mismo, ¡esto seria cómico si no fuera trágico!

Frente a las atrocidades del momento presente, casi todo carece de sentido.

 

Mi baile avanza también en medio de todo este terremoto. La técnica OFD a la cual me dedico, aunque está basada en un conocimiento ancestral, es el soporte que me permite vivenciar la actualidad. La técnica es la misma, pero yo no lo soy, ella entra en mí de una forma distinta.

En la actualidad los movimientos circulares y ondulatorios son sentidos como si todo el cuerpo fuera líquido y pudiese escurrirse de vuelta a la tierra. La erupción del volcán de la vida moderna me llevó a entrar hondo en mi misma. Todos los movimientos corporales son ahora más profundos, y puedo percibir cuán importante fue la introspección de la técnica para este desarrollo.

Cuando empecé mi estudio antropológico sobre las danzas orientales y sus correlaciones con la historia de la danza universal, la diversidad, la riqueza gestual, el mundo de vocabularios, los pasos y las formas que se abrían ante mi eran extremadamente excitantes. El exceso estaba permitido, dado que el descubrimiento de las similitudes frente a las diversidades necesitaba ser entendido, vivido e investigado. Fue un momento rico y próspero, nos divertíamos encontrando estas facetas del femenino hasta entonces soterrada por estereotipos caricatos, ese descubrimiento del poder de la diosa multifacética era el motor de nuestras danzas.

Hoy en día siento otro llamado, quizá a primera vista más austero, el mundo actual exige templanza, serenidad, determinación, persistencia y maturidad. No dejo de divertirme  con  la ilusión de los excesos dancísticos, pero busco el vacuo, la simple geometría corporal que despierta potentes  percepciones internas. En momentos como este no puedo dejar de buscar en las escrituras antiguas las referencias que justificarían este cambio de óptica.

 

En la filosofía hindú tenemos un término para describir la ilusión que desvirtúa las cosas por sí mismas, es decir, la realidad. Este término es MAYA. Según  Sri Ananda Acharya maya es la magia cósmica que hace una sombra de la substancia y una substancia de la sombra.

Para Ernest Wood Maya es el producto del cuerpo y de la mente; ilusión no en el sentido de “desilusorio” sino  relacionado con la idea de la relatividad o de la verdad relativa que no es nunca realmente correcta.

Como nos explica Samuel Wopin, la palabra maya deriva de la raíz “ma” que significa medir, de aquí que maya sea la ilusoria proyección del cosmos por la que parece medirse lo inmensurable.

Lo complementa Walter Evans-Wentz cuando afirma que la mente microcósmica no es diferente ni se halla realmente separada de la mente macrocósmica, cuando el aspecto microcósmico de la mente se clarifica de las tinieblas y espejismos del ser condicionado, se aprecia como uno emancipado de todas las ilusiones, todos los conceptos de multiplicidad de la naturaleza.

 

¡Estamos todos en el mundo de maya! Creamos realidades según nuestras percepciones que están siempre basadas en nuestra conciencia, la conciencia es un campo en potencia poco explotado por nosotros, ya que básicamente nunca nos detenemos a percibir este potencial. Por lo que casi siempre estamos sujetos a campos perceptivos bastante inferiores a la grandiosidad de los estados de conciencia más elevados.

Ampliar la consciencia es una tarea bastante ardua, dado que estamos todo el tiempo susceptibles a la consciencia global. Como dije anteriormente, no podemos escapar del mundo, simplemente porque somos él, con lo cual el avance de nuestras percepciones mundanas depende del colectivo. Por ello sería imposible pensar que ante tantas barbaries permanecemos intactos e inmunes.

Somos invadidos constantemente por las frecuencias sociales, desvelar cosas en el mundo desvela cosas

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en ti, el sufrimiento viene a tono con el micro y el macrocosmo.

A estas alturas te estarás preguntando “¿Qué tiene la danza que ver con todo esto?”

Como cambias constantemente tus estados perceptivos a lo largo del los años, la consciencia que tienes de una técnica estudiada es completamente trasformada. Esto es lo que más excitante que existe, saber que podemos reinventar la danza cada día, y es bastante potente dado la densidad del momento actual. Sí, aunque sea a duras penas, tenemos una oportunidad para percibir cosas que anteriormente estaban ocultas debido a las limitaciones de nuestra consciencia colectiva.

Por eso, de la misma forma que escribí en su día que soy una bailarina de danza fusión por una cuestión filosófica, porque en aquel entonces el mundo cuestionaba las diferencias y similitudes que nos unen como seres humanos, hoy en día puedo decir que soy una bailarina terapeuta porque no veo otro camino a seguir.

Partiendo de la creación, siendo un ser creativo y creador, entiendo que en los días que corren tengo que ir a al fondo de mis entrañas para buscar el significado de la fisicalidad. En un mundo de incertidumbres, donde asistimos consternados a las estructuras sistémicas ruiren por tierra, donde derecha e izquierda intentan sin resultados mantenerse en pie frente a las incoherencias desveladas de ambos lados, y donde las uniones conquistadas se fragilizan mientras cada territorio intenta encerrarse para protegerse del enemigo desconocido. En el anonimato de la amenaza callejera donde cualquiera puede explotarse para llevar unos cuantos consigo, donde las guerras son asistidas indirectamente como películas en 3D, donde vemos el poder corromper los  valores más fundamentales que nos calificarían como humanos, donde las figuras de salvadores de la patria pierden absoluta y definitivamente la credibilidad, donde elegimos líderes según las conveniencias personales mediocres y mezquinas sin tener escrúpulos ni  el más mínimo consenso de colectividad, donde asistimos a cómo millones de personas huyen de la destrucción de sus ciudades  y aumentamos el cerco  oprimiendo a estos seres sin la más mínima empatía, donde el termino compasión es incomprensible, y donde cerramos los ojos ante los cada vez más frecuentes desastres ambientales, ser consciente duele.

Si estamos despiertos, el trabajo interno es pulsátil y urgente. La consciencia corporal es el camino en la búsqueda de la verdad del cuerpo. ¡Esto no me hace menos bailarina! jamás he vivenciado tanta libertad expresiva como ahora, además puedo percibir en la docencia este proceso en los cuerpos de mis alumnos. Cada vez encuentro más similitudes entre la ciencia y el arte, la anatomía, la medicina china, las técnicas de masajes y los tratamientos fisioterapéuticos son todas herramientas afines a la danza, sus conocimientos son luz para nuestros bailes, no son diferentes sino muy semejantes a las ansias del bailarín ya que todos buscamos liberar el cuerpo para que el alma pueda volar.   Ojalá estuviéramos cada vez más cerca de una educación holística y podamos educar y conocer sin miedo, ni velos, ni barreras. El  mundo se desvela y yo me desnudo, ¡El dolor libera!

Patricia Passo

 

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