6. La psicología transpersonal

La cita arriba expuesta es de Wilber, el autor de importantes teorías para la Psicología Transpersonal. Me gusta porque si la Danza Oriental hablara, esto sería lo que susurraría al oído de la bailarina, mientras la balancea sobre las fuerzas del universo con sus movimientos de ondas infinitas.

 

6.1 Definición de la Psicología Transpersonal

Una definición bastante completa y compleja de la Psicología Transpersonal nos la da Almendro integrando los aspectos vertical y horizontal de la transpersonalidad:

 

“Podríamos concretar que la psicología transpersonal se centra por una parte en un aspecto vertical a través del cual se accede a planos diferentes del físico, contactando con las “entidades” que en ellos habitan, lo que supone una conexión con la antigua sabiduría de la tradición y el mundo arquetípico, hoy desechado por el materialismo rentable. Por otra parte, el aspecto horizontal conlleva la identificación con los demás seres y con la Tierra, al desaparecer las barreras del ego, es decir al desaparecer la concepción de ser encapsulado en la propia piel, en una interexistencia que evoluciona de la coexistencia a la convivencia y de la comunicación a la comunión.” (Almendro, p.51) [23]

 

Como hemos visto, la Danza Oriental tiene ese carácter transpersonal, en un sentido vertical, porque trabaja cuerpo, pensamientos y sentimientos, así como espíritu, de una forma integrada. Y en un sentido horizontal, por su carácter universal, por ser una danza que traspasa fronteras, pues representa la esencia oriental (no un país u otro) y se mimetiza con los movimientos de la naturaleza (serpenteado, figuras animalescas, fluir del agua,…).

 

Una definición muy simple y al mismo tiempo muy significativa de lo que es una experiencia transpersonal es la siguiente:

 

“[…] lo transpersonal es una actitud ante la vida que lleva tras de sí una vivencia de la realidad

no-ordinaria en la ordinaria.” (Almendro, 1998, p.52)[24]

“Las experiencias transpersonales pueden ser definidas como las realizadas más allá de lo individual o personal, abarcando amplios aspectos de la humanidad, de la vida, la psique y el cosmos” (Roger Walsh y Frances Vaughan en Almendro, 1998, p.52)[25]

 

Creo que la vivencia de las personas cuando empiezan a bailar Danza Oriental y sienten que les cambia la vida es explicable de esta manera. Amas de casa con pocos incentivos en su rutina diaria, mujeres trabajadoras que hacen tantas actividades diarias que no pueden ni vivir todo lo que les pasa y automatizan su día a día. Estas mujeres vienen un par de veces a la semana a sus clases de Danza Oriental y se meten en un mundo en el que su cuerpo es escuchado, sus sentimientos son contemplados y con todo ello se conectan a algo más grande, a una cultura milenaria, a una divinidad más allá de las paredes de la escuela de danza, a una unión con la naturaleza a través del mimetismo de sus movimientos.

 

Siguen estando en una actividad más de su rutina occidental, la del ocio y ejercicio físico de una vez o dos por semana, como su compra de los sábados en el supermercado o su vuelta al trabajo de los lunes, pero la forma de experienciar en esas horas de clase de Danza Oriental trasciende a todos los ámbitos de su vida y empieza a vivirlos de otra manera.

 

Puede ser que yendo en el metro camino al trabajo se pare en sentir cómo es su postura, cómo siente sus miembros por la mañana y trate de trabajar su energía interna con algunas retroversiones de pelvis como las que hace en clase. Con eso ya se ha parado a sentir su cuerpo. Puede que mirando por la ventanilla en ese mismo autobús mire los árboles que hay en el trayecto y se dé cuenta de que nunca los había percibido, y que ahora le llamen la atención por cómo se mecen al viento. Y con ello vuelve su mirada al macrocosmos que envuelve su rutina. Puede que con ello de repente sienta que todo está conectado, proporcionando un intenso afecto positivo. Incluso puede que tenga una sensación de que el universo es perfecto y que hasta el más mínimo detalle en su rutina tiene sentido desde esa perspectiva.

 

Para entender qué es Psicología Transpersonal también puede ayudarnos saber qué no es Psicología Transpersonal. No debe confundirse lo transpersonal con lo extrapersonal. Lo transpersonal tiene que ver con el yo superior, el ser profundo, arquetipos superiores, la superconsciencia, la intuición, chakras elevados, el sí mismo. Lo extrapersonal tiene que ver con la levitación, la percepción extrasensorial, clarividencia, telepatía, faquirismo y todo lo que tiene que ver con el uso de poderes psíquicos. No es difícil constatar que así como hay personas con poderes paranormales excepcionalmente maduras, otros son tan neuróticos o más que cualquiera. Por tanto, es evidente que las capacidades paranormales no son un criterio para definir la madurez o espiritualidad transpersonal. Tampoco debe identificarse lo transpersonal con la religión –como  ya adelantaba en la definición de espiritualidad— ni con el New Age, que es un movimiento de sincretismo sin coherencia sustancial.

 

6.2 Carácter científico y multidisciplinar de la transpersonalidad

Es importante entender que la Psicología Transpersonal investiga y trabaja con la supraconsciencia desde una fundamentación en los conocimientos de la Psicología. No debe confundirse lo transpersonal con especulaciones poco documentadas. No sólo eso, sino que la transpersonalidad no es un concepto que se limite a la Psicología. La transpersonalidad tiene carácter multidisciplinar. Es un concepto que se basa en los nuevos paradigmas de la Física y la Biología moderna.

 

            “La psicología transpersonal está fundamentada en el indeterminismo atómico, en la relación cuántica más allá de la materia, en la tendencia hacia la unificación de sujeto-objeto. […] La psicología transpersonal pretende contactar con la consciencia que organiza la materia, desde lo más burdo hasta lo más sutil, inteligencia del ADN, procesos celulares, moleculares, subatómicos, en el eje cuerpo-consciencia-cosmos, en un trabajo que persigue descubrir la trama (el tantra) cósmica en el interior personal, que así devendrá transpersonal. Lo emergente en la cuarta fuerza se interesa por los estados del ser, del devenir, autorrealización y expresión de metanecesidades individuales y de la especie, los valores últimos, las experiencias cumbre, éxtasis, experiencias místicas, asombros, la consciencia cósmica, la sinergia, con investigaciones sobre ello, corroborándolo en aras de una pedagogía fundamentada.” (Ibidem, p.51)

 

Curiosamente, la Física moderna está empezando a corroborar muchas de las ideas de la filosofía oriental (taoísmo, budismo, hinduismo,…), ideas que ya habían sido escritas hace miles de años.

 

“¿Cómo es posible que los antiguos chinos (pues estas ideas se hallan en escritos que se remontan al siglo XXVIII a. de C.) pudieran percibir estas fuerzas y distinguir bajo el nombre de “energía Yang” la electricidad atmosférica positiva, y bajo el nombre de “energía Yin” la carga negativa de la Tierra? El secreto por supuesto, es que, partiendo de la premisa fundamental taoísta de que el cuerpo humano es un microcosmos del universo, los adeptos taoístas obtuvieron una profunda comprensión de las fuerzas cósmicas universales por medio de la observación y redes de energía.” (Reid, 2010, p. 34, las cursivas son mías)[26]

 

“Por ejemplo, la conocida fórmula de Einstein E = mc2 establece como hecho científicamente comprobado la antigua premisa taoísta de que materia y energía (lo que ellos denominan “esencia y energía”) son intercambiables.” (Ibídem)

 

“En la física nuclear encontramos la acción del Yin y del Yang a nivel molecular, ya que es la atracción y la repulsión de fuerzas opuestas lo que literalmente “pega” a las partículas atómicas entre sí para constituir la materia. Pero cuando descomponemos estas moléculas, de pronto descubrimos que cesan de existir como materia y se convierten en haces vibratorios de pura energía organizada según determinadas pautas y que, al ser observados de lejos, producen ilusión de solidez. Esta constatación elimina parte del misterio de la antigua afirmación budista (y taoísta) de que la Forma es Vacío y el Vacío es Forma, pues podemos comprobar que, como dijo Einstein, todo depende del punto de vista del observador.” (Ibídem)

 

Estas ideas y otras como el prana y el maya del hinduismo o las fuentes magnéticas del sufismo, son ideas que están intrínsecas en la Danza Oriental, danza que  nace y se desarrolla dentro de esas filosofías ancestrales. La forma de trabajar el cuerpo y la calidad de sus movimientos parte de una determinada manera de entender la materia, la energía y su conexión con la totalidad del cosmos. Por ejemplo, el énfasis de la Danza Oriental en la trayectoria del movimiento y no en la figura resultante del movimiento, podemos relacionarlo con ideas de la filosofía oriental del vacío, la no-forma. O la utilización movimientos circulares sin principio ni fin está relacionado con la utilización de un flujo continuo de energía no visible que calienta el cuerpo.

 

6.3 Psicoterapia transpersonal

Pero, concretamente, ¿en qué consiste la terapia transpersonal? En la búsqueda de Ser espiritual, en la búsqueda de una consciencia que transcienda el Ego hacia la unión con el universo que libere del sufrimiento y la ignorancia.

 

“Curarse es conocerse, y conocerse es curarse.”[27]

 

La Psicología Transpersonal entiende la enfermedad como un sufrimiento que forma parte de la vida. El síntoma es el mensajero del caos. Cuando actuamos a través del síntoma que rompe nuestro molde ordinario y nos desajusta, actuamos en sentido de trance, es algo que nos empuja, nos engancha y nos sobrepasa, que aparece sin aviso y nos pone a prueba. Amenaza nuestra estabilidad, sobre todo cuando nos empeñamos en que la vida no se mueva, en que siga siendo la misma siempre, por miedo al cambio. El síntoma es la boya que esconde el anzuelo bajo el agua. Si lo eliminamos, si desaparece la boya, perdemos la pista que nos puede llevar al verdadero problema subyacente. Y un anzuelo escondido es mucho más peligroso. Por ejemplo, un trastorno alimentario precoz reprimido puede emerger con los años en una depresión profunda. El caos y la enfermedad pueden vivirse como una irrupción imparable y descontrolada, o pueden ser aceptados y, por tanto, ser tomados como una oportunidad de crecimiento personal.

 

Las terapias tradicionales son terapias hilotrópicas, que se mueven en el espacio/tiempo, son terapias centradas en lo personal y en los estados ordinarios de consciencia. Son terapias dirigidas principalmente al cerebro izquierdo (racionalidad y lenguaje) que se basan en regresar al contexto en el que se produce el síntoma para suplantarlo. Las terapias transpersonales son terapias holotrópicas, que tienen una base en lo que está más allá del espacio/tiempo, están centradas en lo transpersonal y en los estados no ordinarios de la consciencia. Son terapias que trabajan el hemisferio derecho del cerebro y van más allá, se abren al caos directamente, permiten la emergencia y la catarsis bajo un marco transpersonal que proporcione un sentido cósmico a nuestra existencia, y que implican al cuerpo, la psique y el espíritu.

 

La Danza Oriental puede ser terapéutica desde el punto de vista de las psicoterapias tradicionales, pero creo que su verdadero potencial es la utilización terapéutica de la Danza Oriental como psicoterapia transpersonal. Para ello, hace falta trabajar la Danza Oriental con consciencia de esa dimensión transpersonal. Se trata de un cambio en el punto de vista, de una perspectiva espacio-temporal a una cósmica-espiritual que incluye a la anterior.

 

No debemos, sin embargo,  pensar que existe contradicción entre las terapias, ni hay unas más válidas que otras. Los diversos tipos de terapia pueden funcionar como escalones de ascensión para la persona. Pero para ello es necesario que ninguna de ellas trabaje con la soberbia reduccionista de pensar que la propia es la única alternativa, invalidando el resto. Una garantía en este sentido es trabajar con  un profesional que haya atravesado diversos tipos de terapia y los haya conocido en profundidad. Una persona puede transitar por los distintos escalones que representan los distintos tipos de terapia, siempre y cuando estén orientadas correctamente, con coherencia, con una perspectiva integradora y complementaria. Es importante que ninguna de las terapias dé el proceso de curación por concluido, pues eso eliminaría el apoyo que le da la enfermedad a la persona, sintiendo que se ha liberado de ella y cerrando el camino a otros niveles de conciencia sobre sí mismo.

 

6.4 La relación terapéutica transpersonal

La relación terapéutica en psicoterapia transpersonal se caracterizaría por dos rasgos: el terapeuta como modelo y el karma yoga. El trabajo con la propia consciencia se convierte en la principal responsabilidad del terapeuta, que lleva a un crecimiento transpersonal al terapeuta y al cliente en una evolución conjunta. Una relación basada en la generosidad y el servicio del terapeuta que evita cualquier tipo de gratificación, ni reconocimiento, ni tan siquiera un sentimiento de agradecimiento que genere un sentimiento de deuda –eso es lo que significa karma yoga.

 

El terapeuta acompaña y guía a la persona que sufre, en su camino de consciencia-curación, pero es la persona la que lleva las riendas de su evolución, la que debe asumir la responsabilidad de sí mismo. Para guiarle, el terapeuta le proporciona una gama de experiencias y vivencias que le conectan con la sabiduría interior de su organismo para que deje trabajar al proceso natural de curación o de crecimiento.

 

Es fácil entender que en la Danza Oriental funciona también así. La profesional de Danza Oriental proporciona ejercicios y prácticas que guían el camino de la persona hacia una vivencia de conexión con su interior espiritual. No hay una explicación ni un atajo para comprender esa conciencia espiritual. Son las vivencias con el propio cuerpo las que van indicando el camino a cada persona. La guía puede proporcionar ejercicios, pero es la propia persona la que debe llegar a la comprensión por sí mismo.

 

El buen maestro es el que enseña lo que no se ve y no se puede imitar[28]

 

También el terapeuta tiene creencias, valores, intenciones y miedos que le condicionan. El estado de conciencia del terapeuta es fundamental para que ello no le impida superar cualquier obstáculo. Como se dice en los procesos de curación chamánica, “sólo el herido puede curar”, sólo el terapeuta que tenga consciencia de su sufrimiento y haya encontrado el camino para trascenderlo mediante la consciencia superior, podrá guiar al otro en su camino.

 

La profesional que imparta Danza Oriental con una finalidad terapéutica, ya sea como técnica complementaria a una terapia o como terapia en sí misma, como mínimo, debería acudir ella misma a una terapia transpersonal continua durante el tiempo que ejerza. Mientras uno no es responsable de los demás, puede elegir ser la única responsable de su propio proceso espiritual. Pero si se es responsable del proceso de otra persona, es necesario garantizar la máxima consciencia sobre su propio proceso y recibir una supervisión externa de las implicaciones de su proceso en el de las personas a las que guía. A continuación veremos algunos de los peligros en los que puede caer la persona que guía a otra en su proceso espiritual, que nos ayudará a entender mejor la importancia de esto que acabamos de ver.

 

 

6.5 Principales peligros del proceso psicoterapéutico transpersonal

  • Regresiones e involuciones

La evolución hacia lo espiritual va desde lo prepersonal a lo personal, y de lo personal a lo transpersonal. Debido a la similitud entre lo prepersonal y lo transpersonal, ya que ambos son no personales, es fácil identificarlos como lo mismo o confundirlos. Es lo que Wilber[29] denominó como la falacia pre/trans. Esta confusión puede darse en dos sentidos: la reducción de lo transpersonal a la esfera de lo prepersonal y la exaltación de lo prepersonal como transpersonal.

 

Lo prepersonal es el nivel de lo arcaico, lo mágico, lo mítico, que aún no ha llegado a la lógica formal. Lo transpersonal es el nivel de lo sublime, va más allá de la lógica formal y las categorías ordinarias de pensamiento y encuentra que éstas son inapropiadas e insuficientes para su trabajo. Entre ellas estaría lo personal o egoico, que sería el nivel racional.

 

La relevancia de esta distinción entre lo prepersonal y lo transpersonal radica en la práctica terapéutica. Si a una persona que no está preparada, que no tiene su personalidad bien asentada, se le induce a experiencias de conciencia no ordinaria puede dar lugar a regresiones patológicas dejando a la persona más escindida interiormente que cuando llegó. Hay que tener en cuenta que antes de trascender el ego, el ego debe haber alcanzado una madurez.

 

Así mismo, es importante entender esta distinción respecto a conceptos que se barajan en las teorías transpersonales. Por ejemplo, dentro de los arquetipos de Jung, no todos los arquetipos son de carácter transpersonal –como  él mismo consideraba y por lo que luego fue criticado. Hay arquetipos prepersonales y hay arquetipos transpersonales o elevados. Lo mismo se aplica a los chakras. No es sino a partir del cuarto chakra cuando se empieza a trabajar con chakras elevados. Esto es importante si no queremos inducir a regresiones.

 

 

Por ejemplo, transpersonal sería trabajar la Danza Oriental con el arquetipo de la diosa de múltiples nombres, la utilización de mudras como una ayuda para establecer contacto con el espíritu y el uso del carácter ritual para comunicarse con el espíritu. Prepersonal sería trabajar la Danza Oriental con un carácter ritual tipo tribal en el que hay una búsqueda de pertenencia al grupo, hay una identificación arquetipos de nombre concreto (la enamorada, la loca, la madre,…), se utilizan signos y rituales para realizar en un espacio y momento concreto, o cánticos para hacer que el grupo se sienta poderoso.

 

No es que no se puedan trabajar aspectos prepersonales, pero dependerá del nivel de madurez espiritual de la persona. Es posible que se tenga que empezar a trabajar chakras prepersonales o personales antes de desbloquear chakras más elevados si la persona a la que guiamos no tiene su personalidad bien asentada todavía. Pero de la misma manera, tampoco convendría trabajar con chakras que supusieran una regresión en el camino espiritual de la persona a la que guiamos.

 

Debo apuntar que existe otra teoría evolutiva en la que la transpersonalidad implica un reencuentro con el estado prepersonal del que el ego se había escindido para alcanzar la racionalidad. La espiritualidad en este caso consistiría precisamente en la integración prepersonal y personal para alcanzar la transpersonalidad. Desde esta perspectiva sí sería lógico utilizar arquetipos prepersonales para la ascensión espiritual.

 

No obstante, sea como sea, es importante tener en cuenta que el trabajo transpersonal debe de hacerse con mucho cuidado, que la exposición a vivencias de distinto nivel depende del proceso evolutivo en el que se encuentre la persona.

 

  • La inflación del ego

Existen muchos peligros en el camino espiritual que pueden derivar en patologías graves (manía, personalidad múltiple, esquizofrenia,…). Pero la reina de las patologías asociadas al camino espiritual es la inflación del ego, porque es la que sin duda más se presenta. El terapeuta tiene que prestar especial atención a este peligro.

 

La inflación del ego consiste en una identificación del Ego con el Self, que lleva a una megalomanía o a un narcicismo. Algunas personas están como poseídas por un arquetipo, como el arquetipo de la Gran Madre o el arquetipo del Viejo Sabio. Hay personas que encuentran en las experiencias espirituales el escalón superior desde el cual mirar desde las alturas a los demás.

 

Una persona con una idea tan elevada de sí misma puede ser muy atractivo para otras personas, un ego fuerte del que depender y así no tener que afrontar su propio camino. La persona que desea ejercer de terapeuta puede caer en la inflación del ego por su rol de guía espiritual. Pues no olvidemos que el propio terapeuta no deja de estar siempre en la búsqueda de esa conciencia espiritual, sólo que va un paso por delante de la persona a la que guía, y que la inflación del ego puede ocurrir en cualquier momento del proceso espiritual. La inflación del ego por parte del terapeuta puede llevar a que, para seguir alimentando su ego, cree una dependencia destructiva en la persona. Eso constituye un abuso terapéutico.

 

Hace falta mucha conciencia para salvar estos peligros. Para evitar la inflación del ego del propio terapeuta o en la persona guiada, es importante entender la transformación con una idea de grandeza, y al mismo tiempo, de humildad. Jean-Yves Leloup nos da una bonita imagen sobre esta idea:

 

“[El ser humano] Sabe que es polvo y que al polvo volverá. Pero sabe que es luz y que a la luz volverá. No se puede olvidar ninguno de estos aspectos. ¿Y qué es el ser humano, sino esa mota de polvo que camina hacia la luz y que baila en ella?”[30]

 

 

No es casual que la inflación del ego sea también fácil de encontrar en el ámbito artístico. El arte puede ser un camino espiritual, una expresión de la experiencia de unión con el universo. Si en ese camino, el artista identifica su ego con la grandeza de su obra queda atrapado en el narcicismo. No es difícil que esto ocurra a las bailarinas, identificándose con la belleza y perfección que sus movimientos expresan. Es importante guiar el amor en dirección a lo que se expresa en la danza y no a quien lo expresa. Esto no es tarea fácil cuando se trabaja principalmente con un espejo delante. El reflejo en el agua fue lo que provocó que Narciso se enamorara de su propia imagen en el mito. Así mismo, la persona que transmite la Danza Oriental con una finalidad terapéutica debe ser consciente para evitar que le ocurra esto a sí misma, y no dejar que las personas a las que guía le idolatren o muestren un reconocimiento innecesario más allá del respeto.

 

6.6 Etapas de la psicoterapia transpersonal

Dentro de la psicoterapia transpersonal, por un lado están las enseñanzas provisionales, que trabajan con la autoconsciencia egoica y dualista para aliviar el sufrimiento, mejorar la calidad de vida y favorecer la evolución de la consciencia. El lenguaje puede ser una trampa que nos encierra en los dualismos. El trabajo desde el movimiento y la sensación corporal pueden ayudar a superar ese obstáculo. Ahí entraría la Danza Oriental que es una vía distinta para transmitir directamente al cuerpo la sensación de unidad con el cosmos.

 

Por otro lado, están ya las enseñanzas definitivas, que nos recuerdan la unidad subyacente del espíritu presente en todos los seres tras cualquier actividad y bajo cualquier forma. Entre ellas estaría la experiencia de lo numinoso que llevan consigo un cambio de actitud, cambian por completo la perspectiva que uno tiene y genera una nueva apreciación e intensificación de la consciencia del mundo.

 

La Danza Oriental es posible que facilite o proporcione esa experiencia de lo numinoso, por ser una expresión artística y por la facilidad de conectarlo con el sentimiento devocional y la naturaleza. Arte, religión y naturaleza son elementos típicamente relacionados con experiencias de lo numinoso, presentes en las revelaciones de importantes figuras del misticismo (santos, profetas,…). Así mismo, en la enseñanza definitiva puede seguir nutriendo el proceso de búsqueda del Self espiritual mediante su trabajo de integración cuerpo-alma-espíritu. Quizás con más énfasis en el cuerpo que otras herramientas terapéuticas occidentales pues éstas normalmente utilizan el cuerpo como medio para, pero la Danza Oriental el trabajo corporal es el fin en sí mismo y no está por encima de ninguna otra dimensión.

 

Jean-Yves Leloup describe el proceso espiritual con mayor complejidad estableciendo siete etapas:

 

1º- La experiencia de lo numinoso: una experiencia asombrosa y desgarradora que nos revela la realidad, nos abre al cambio de consciencia.

 

Ya hemos hablado de cómo la Danza Oriental puede facilitar o proporcionar esa experiencia de lo numinoso por ser arte, religión y naturaleza.

 

2º- La metanoia: necesitamos asimilar lo que nos ha pasado. En esta etapa se necesitan diversos medios, ejercicios y prácticas que nos permitan recuperar el contacto con esa experiencia e integrarla en nuestra existencia. Las técnicas tradicionales que utiliza la terapia transpersonal son la meditación y técnicas corporales como el yoga.

 

La Danza Oriental puede ser una de estas prácticas. Promueve la integración cuerpo-mente-espíritu. Puede hacerlo por diversas vías: la búsqueda de la belleza en la creación artística, la danza como forma de meditación dinámica, el rito devocional individual o comunitario, la danza como una entrega altruista y generosa de sí mismo a los demás. Cada uno puede encontrar su propia vía en la danza.

 

3º- Las consolaciones: nos aferramos a las experiencias gratificantes de lo numinoso, experiencias de paz y silencio, pudiendo tomarlas como la finalidad del camino y queriendo repetirlas, impidiendo el avance y estancándonos.

 

Llegaría el momento en las prácticas de Danza Oriental de provocar un cara a cara con la sombra, con todo aquello que no queremos ser, que negamos, pero que existe, porque no hay luz sin sombra. Deben ser retos que le despeguen de las sensaciones de bienestar y relajación propias en la iniciación a la danza.

 

4º- La duda: tras las consolaciones viene el momento de la prueba de fe, la gran duda. En esta etapa nos cuestionamos totalmente a nosotros mismos y todo lo que estamos viviendo. La fe verdadera se convierte también en una gran duda, asumida y superada. La fe que no asume la duda es una creencia, pero la fe que asume la duda se adhiere al ser y está presente incluso cuando no la sentimos.

 

La danza puede trabajar la aceptación de la duda mediante la ruptura con la técnica y todo lo aprendido hasta el momento, por ejemplo, mediante la fusión de distintas técnicas, para llevarla a una expresión coherente y fundamentada. Esto puede hacer comprender la unidad de la técnica subyacente a cualquier danza, la danza universal, aprendizaje que se puede abstraer a un plano superior: incluso en la impermanencia hay permanencia, la permanencia del ser espiritual.

 

5º- El paso por el vacío: la experiencia del vacío, experiencias que pueden ser muy cercanas a la depresión, un sentimiento de abandono profundo y de que ese abandono no tiene importancia. En ese silencio, en ese abandono del ego, se hace posible el nacimiento del ser espiritual.

 

La danza en esta etapa es no permitirse abandonar el cuerpo, ni el alma, ni el espíritu. Abandonar el ego, abandonarlo todo, pero seguir bailando. Eso podría impedir que esta etapa se convierta en un estado depresivo y así se mantendría un estado de vacío sin afecto, ni juicio, pero sin pasividad física. El mantener la activación permite que el organismo siga trabajando por sí mismo el camino a la transformación.

 

6º- El estado de transformación: experiencia de unión con lo Absoluto, nos encontramos más allá del sufrimiento. El fuego no quema al fuego; por eso, mientras el fuego nos quema, es señal de que todavía no nos hemos convertido en fuego.

 

La Danza Oriental es aquí más que nunca expresión de unión con el cosmos, que trabaja con la luz y la sombra y las trasciende. Es una vía de expresión de todo lo vivido en el camino hacia la espiritualidad y de la comprensión del orden del universo. En esta etapa la Danza Oriental se basa en las mismas funciones que en la etapa de metanoia (creación, meditación, rito y entrega) pero desde una visión más profunda y absoluta. El peligro en esta etapa es el hiperdesarrollo en la danza u otras prácticas que han servido como medio de búsqueda del ser espiritual, en detrimento de unas relaciones familiares y una participación social-cívica raquíticas.

 

7º- La vuelta a la vida cotidiana: la vuelta a la plaza del mercado, el retorno a la vida cotidiana, se trata de la integración en nuestra vida diaria de esta llama en la que nos convertimos. La transformación no es buscar lo extraordinario, sino aprender a hacer de la manera más grande las cosas pequeñas. También en esta etapa hay crisis y se requiere el acompañamiento de un terapeuta.

 

Si en la etapa de transformación se consigue que la danza sea expresión de una comprensión profunda del universo, la etapa de vuelta a la vida cotidiana podría consistir en convertir la Danza Oriental en una forma de vida. No es que hasta este momento la danza no pudiera ser una forma de vida, pero ahora lo es como medio de transmisión de lo aprendido y guía a otras personas. La finalidad es integrar los aspectos sociales y materiales en el crecimiento espiritual. Pero llevar la danza a una forma de vida no significa necesariamente estar en escena, danzando en un espectáculo, ni impartir cursos y seminarios por el mundo. Puede introducirse la danza en los gestos de la vida cotidiana como contaba Jean-Yves Leloup de una de sus pacientes que siempre quiso ser bailarina y no pudo:

 

“Un día fui a visitarla y me invitó a entrar en su cocina. Al verla, era como si estuviera danzando. Y le pregunté: <<¿Bailas ahora?>>. Me respondió: <<No; estoy lavando los platos>>.”[31]

 

La Danza Oriental como expresión de la espiritualidad debe impregnar la forma de andar de la persona, de mirar, de tocar o de estar presente; la manera de comer, de limpiar, de coger el metro; la manera de ejercer la propia profesión, cualquiera que ésta sea. Cualquier acción debe transmitir al mundo exterior la transformación interior de la persona como medio de transformación sublime del colectivo.

 

7. Conclusiones

Existe un conocimiento intuitivo generalizado de que la Danza Oriental tiene cierto valor terapéutico para las personas que lo practican. El uso terapéutico de la Danza Oriental surge de la necesidad de una sociedad moderna materialista y superficial de vivenciar experiencias más profundas y reencontrarse con todo su ser, diseccionado por los dualismos occidentales. El problema es que el entusiasmo está corriendo más rápido que el estudio metódico acerca del tema. La responsabilidad de esto recae probablemente en la falta de capacidad de la estructura científico-académica de asimilar la Danza Oriental, así como otros saberes asociados a la espiritualidad (Psicología Transpersonal, homeopatía, acupuntura,…). Esto, unido a la gran capacidad del sistema capitalista consumista de engullirlo todo, hace que con la demanda social aparezcan los pescadores de oportunidades, que explotan el lado comercial del asunto. El resultado es una gran oferta de Danza Oriental asociada al término ‘terapéutico’ que no responde a ninguna formación específica ni fundamentación rigurosa. El peligro que conlleva esto ya no es sólo el gravísimo riesgo para la integridad de las personas que se confían a profesionales con intenciones terapéuticas sin una formación terapéutica, sino la devaluación de la propia disciplina por falta de seriedad, alejándola aún más de los circuitos oficiales.

 

Por eso es necesario impulsar una reflexión profunda acerca del valor terapéutico de la Danza Oriental. ‘Terapéutico’ es un término científico-académico con un significado muy concreto. Si se quiere hablar de forma coloquial del bienestar que produce la práctica de Danza Oriental, será mejor que se utilicen términos más coloquiales, porque el término ‘terapéutico’ conlleva implicaciones éticas importantes. Si se quiere hacer un uso serio y fundamentado de la Danza Oriental como terapéutica, empecemos entonces por promover una reflexión multidisciplinar fructífera sobre las posibilidades de estructurar una base metodológica. Por la delicadeza del asunto, no podemos limitarnos a recoger resultados positivos sin detenernos concienzudamente a reflexionar cómo puede estar funcionando. Tenemos la ventaja de contar con los conocimientos de otros saberes que llevan más tiempo de sistematización. No tenerlos en cuenta sería, como ignorar la sabiduría de las persona mayores, una falta de respeto y humildad. Puede que haya muchos aspectos de sus conocimientos que no sean aplicables a la Danza Oriental, y probablemente, la Danza Oriental sea capaz de generar nuevas estructuras de interpretación de la terapia occidental. Pero antes de eso, se pueden aprovechar muchos aprendizajes de otras disciplinas.

 

Desde la Psicología yo he propuesto la Psicología Transpersonal y la Física moderna como marco desde el que profundizar en los conocimientos del valor terapéutico de la Danza Oriental. Mi propuesta se basa en la coherencia de base de estas disciplinas, pues tienen en común un mismo concepto del ser humano. Es un concepto de ser humano como un ser con sensaciones corporales, pensamientos, recuerdos y emociones, pero también, un ser que traspasa los límites del ego, del tiempo y el espacio, y se funde con las fuerzas del universo, un ser espiritual. La conexión entre la Danza Oriental y la Psicología Transpersonal, en realidad procede del encuentro de estas disciplinas alrededor de la filosofía oriental más antigua, que ya desarrolló estos conceptos basándose en una actitud contemplativa ante el orden del universo. La Danza Oriental trae consigo los conceptos de la filosofía oriental a través de su potencial simbólico ancestral, cocido a fuego lento durante siglos en la intimidad de los harenes con su ambiente de miscelánea cultural. Aún hoy, la esencia original de la Danza Oriental se escapa a los condicionantes de la modernidad, transmitida como el ingrediente secreto de una comida, de generación en generación, en la intimidad de las casas.

 

La Psicología Transpersonal ha extraído cuidadosamente los conocimientos humanísticos de la sabiduría oriental procurando preservar su esencia para aplicarlo a un nuevo concepto de terapia occidental. Creo que hay muchas cuestiones que la tradición terapéutica occidental puede aportar a la Danza Oriental con fines terapéuticos, sobretodo en lo que aplicarla en occidente se refiere. Probablemente, la conservación de la esencia oriental sea más fidedigna en la Danza Oriental que en la Psicología Oriental, aunque sea tan sólo por que utiliza el lenguaje simbólico-corporal que desvirtúa menos los significados que la traducción a términos científicos occidentales. Esto puede contribuir a que la Psicología Transpersonal se nutra de conocimientos nuevos a través de la Danza Oriental.

 

La Psicología Transpersonal, además de tener una base común con la Danza Oriental sobre la naturaleza del ser humano, unifica bajo un mismo marco teórico la variedad de conceptos que se relacionan con la Danza Oriental. Los arquetipos, los chakras, la creatividad, la conciencia corporal, el control de la respiración,… incluso los desbloqueos bioenergéticos están contemplados por la Psicología Transpersonal. Todos ellos tienen una explicación coherente que nos proporciona además importantes matizaciones para no usarlos indiscriminadamente.  Respecto a los estudios que consideran la Danza Oriental con finalidades terapéuticas como una modalidad de Danzaterapia, creo que es una opción de acomodación a una estructura teórica ya existente para otras danzas, pero que puede estar ignorando algunas cuestiones. Principalmente, la Danza Movimiento Terapia procede del psicoanálisis, y como ya he expuesto respecto a la bioenergética, creo que el interés en el pasado y la perspectiva pesimista con la que se valoran las experiencias negativas, no son coherentes con la filosofía oriental que transmite la Danza Oriental original. Además, desde la Danza Movimiento Terapia, no se niega pero no se hace explícito ni es relevante el trabajo de consciencia espiritual tal y como lo trata la Psicología Transpersonal. Sin embargo, las mismas autoras que utilizan el marco de la Danzaterapia sí hacen mención a esa dimensión espiritual cuando se refieren a la Danza Oriental.

 

Esto no implica que no se pueda utilizar la Danza Oriental como una danzaterapia. Puede hacerse desde el punto de vista de que es una danza como otra, y la Danza Movimiento Terapia asimila cualquier danza bajo su marco teórico. Pero creo que este uso no es definitorio ni distintivo de la Danza Oriental original. Lo mismo ocurriría si se utiliza la Danza Oriental como terapéutica con explicaciones procedentes de otros enfoques teóricos de la Psicología, como el cognitivismo o el conductismo. Se puede hacer, ya que hay distintos niveles de lectura sobre la práctica de la Danza Oriental, y la Psicología Transpersonal incluye e integra todos esos niveles. Pero el verdadero valor terapéutico de la Danza Oriental reside en su potencial simbólico acerca del trabajo de consciencia espiritual de la sabiduría oriental.

 

A pesar de eso, como ya hemos dicho varias veces a lo largo del trabajo, no hay un enfoque teórico mejor que otro. Su efectividad dependerá de las características de la persona y el momento evolutivo de consciencia en el que se encuentre. Lo más importante es que, sea el que sea el enfoque teórico desde el que se trabaja el valor terapéutico de la Danza Oriental, haya un conocimiento del resto de las posibilidades y que no se produzcan interferencias entre terapias de enfoques distintos. Puede ocurrir que desde un enfoque transpersonal de la Danza Oriental se esté interfiriendo en la terapia verbal de enfoque conductista a la que está acudiendo la persona a la que guiamos. Esto no debería de ser así si todos los profesionales de la psicoterapia conocieran en profundidad otras corrientes, las respetaran e hicieran su tratamiento teniendo en cuenta que existen otras alternativas a la suya propia. Pero suele ocurrir, por desgracia, que no es así. Seremos nosotros los responsables de conocer en profundidad todas las alternativas, y preguntar a las personas a las que queremos guiar si siguen otro tipo de tratamiento paralelo para ser coherentes con ese otro tratamiento y no perjudicar a la persona con nuestra intervención.

 

Establecer la Psicología Transpersonal como marco teórico, nos ha permitido analizar la complejidad de los procesos terapéuticos y la relación terapéutica. Hemos visto que no cualquiera puede guiar un proceso terapéutico. Se necesitan conocimientos específicos y, además, un trabajo consigo mismo muy riguroso, un trabajo de consciencia espiritual constante que mantenga a uno siempre alerta en su trabajo como modelo y guía.

 

Sobre el proceso terapéutico, hemos podido analizar las distintas fases en el camino espiritual. Hemos visto que no es todo un camino de rosas. La espiritualidad no es siempre agradable. Si nos quedamos sólo con las sensaciones de bienestar y relajación que se producen, sobre todo al iniciarse en la disciplina (una vez superadas las inseguridades de exponerse a una nueva experiencia), estamos estancando a las personas a las que guiamos en la etapa de las consolaciones. Almendro dice que la meditación como forma de relajación es una broma, pues la verdadera función de la meditación empieza cuando poco a poco va sacando toda la porquería fuera para limpiarnos cada vez más profundamente, y eso ya no relaja tanto. Esto mismo se puede aplicar a la Danza Oriental. Si pretendemos que realmente tenga una finalidad terapéutica, que cure y transforme la vida de las personas, y no que se quede en un simple parche anti-estrés semanal, no podemos acomodarnos en las experiencias de bienestar. Hay que avanzar en el camino y afrontar los miedos y el dolor con entereza. Ahí es donde se hace patente que hay que estar muy preparado para asumir la responsabilidad de guiar a una persona a través de todo eso. Pero los peligros no sólo están en las etapas en las que se manifiesta el dolor. Hay peligros durante todo el proceso espiritual y alguien sin una buena formación que se crea capacitado para guiar terapéuticamente a las personas en un proceso espiritual, puede estar induciendo a las personas a una inflación del ego que puede terminar en una gran caída desde las alturas del narcicismo, o bien, la propia profesional puede verse envuelta ella misma en la inflación del ego y acabar sin darse cuenta estableciendo una relación abusiva con las personas a las que se supone que está guiando.

 

Occidente, por su naturaleza materialista, absorbe Oriente superficialmente, adquiere la forma (su estética, sus prácticas visibles, sus palabras,…) sin comprender lo que hay detrás. Así se quedaron con la anecdótica ondulación del vientre para denominar la danza como ‘Danza del Vientre’ y perdieron la esencia espiritual por el camino. El problema de esto es que si no se contextualizan las prácticas de la Danza Oriental con un estudio serio de la religión y filosofía oriental y se generan compromisos sólidos respecto a éstos, las experiencias espirituales derivadas pueden resultar una trampa. Cuando se divorcian las experiencias espirituales de sus contenidos éticos y cognoscitivos, éstas pierden su cualidad sagrada y transformadora y se convierten en simples gratificaciones temporales que alimentan un ego sediento pero que a menudo conducen a un narcicismo que obstaculiza el camino espiritual auténtico. Por ejemplo, al trabajar los arquetipos de diosas femeninas, si la alumna no entiende la trascendencia de múltiples diosas en una y su cuerpo como vehículo de expresión de todas ellas, se identificará con ellas sintiéndose una diosa y sintiendo su poder femenino como superior al de los hombres o demás mujeres que no practican Danza Oriental, lo cual está muy lejos y obstaculiza el camino de la desidentificación con el ego necesaria para sentir la unidad con el cosmos. Por eso, si queremos utilizar la Danza Oriental con finalidades terapéuticas, hace falta utilizar un método de enseñanza basado en el estudio antropológico de la Danza Oriental y en la forma de transmitir ese conocimiento para la mentalidad occidental sin desvirtuar su esencia.

 

Es posible que mi propuesta de respaldar en la Psicología Transpersonal el uso terapéutico de la Danza Oriental sea para otros equivocada. Me encantaría que así fuera porque eso supone que hay otras ideas y que mi propuesta puede generar una reacción para que sean formuladas distintas aportaciones y que así se cree una productiva discusión teórica. Este pretende ser un trabajo preliminar que en próximos trabajos profundice en distintos conceptos de la Psicología Transpersonal que nos ayuden a analizar detalladamente los distintos aspectos de la Danza Oriental que tienen un valor terapéutico y cómo funcionan, para articular con mayor precisión de qué forma utilizar la Danza Oriental en relación a condiciones terapéuticas concretas. Queda para mí una gran cuestión por resolver, que es si la Danza Oriental terapéutica es una técnica dentro de una terapia transpersonal concreta o si puede constituirse como terapia transpersonal independiente. La mayoría piensa que un trabajo corporal nunca podrá sustituir las terapias verbales tradicionales, pues la mente occidental no está preparada. Pero yo pienso que quizás la sociedad occidental se esté hartando y esté queriendo reencontrarse con una irracionalidad inteligente. Quizás sea así como se produzca la revolución de la Quinta Fuerza en Psicología, con terapias en las que no prime la lógica verbal. Supongo que sólo el tiempo y la experiencia nos darán la respuesta.

 

 

 


Bibliografía y nota al pie

[1] Merino Guardiola, Beatriz (2003): El despertar de la Diosa. La Danza Oriental Terapéutica. Mandala Ediciones.

[2] De Leon, Nadia, “Belly Dance as a Means of Dance Therapy for Survivors of Sexual Assault” (2006). Honors College Capstone Experience/Thesis Projects. Paper 7 en http://digitalcommons.wku.edu/stu_hon_theses/7

[3] Nganou, Annie en www.dammu.com, basado en el original de la misma autora: Danse-thérapie et traumatisme psychique : restauration narcissique et réappropriation de soi chez la femme présentant des troubles post-traumatiques, à travers la pratique de la danse. Thèse d’exercice de médecine. Paris : Université Paris 7- Xavier Bichat, Paris, 2007. 272f.

[4] Sookoo, Ashika: Belly dance as a strategy for women’s self care. Thesis (M.A.) -University of KwaZulu-Natal, Durban 2008. Publicado en Internet en el depósito institucional de University of KwaZulu-Natal el 3 de Septiembre de 2010.

[5] Díez, Marisol en Revista Añil: La danza oriental… ¿es siempre terapéutica? http://www.anildanza.com Publicado el 28/07/09.

[6] Albert Lenze, Belén: La depresión. El cuerpo como opresor y oprimido del espíritu. Liberación del cuerpo y de la mente a través de la Danza Fusión Oriental. Tesina Septiembre 2010 del Diploma Universitario en Danza Oriental 2009-10 del Instituto Alicia Alonso, Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

[7] Doistua López, Aitziber: Danza Fusión Oriental como herramienta terapéutica para la mujer occidental. Tesina Junio 2010 del Diploma Universitario en Danza Oriental 2009-10 del Instituto Alicia Alonso, Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

[8] El modelo médico procede de los enfoques positivistas y concibe el sufrimiento como anomalía clasificable en enfermedades mentales en función de una codificación de síntomas. Otros modelos en psicología, como la humanista y sus descendientes, no conciben el sufrimiento como un problema sino como parte de la existencia y el terapeuta no trata enfermedades sino que acompaña al cliente en su proceso de transformación vital.

[9] Wolberg, 1977 en Feixas, G. y Miró, M.T. (1994). Aproximaciones a la psicoterapia. Una introducción a los tratamientos psicológicos. Barcelona: Paidos.

[10] http://www.feap.es/quienes-somos.htm

[11] La transferencia es un proceso por el cual los clientes proyectan de manera inconsciente en el terapeuta sentimientos y actitudes que tienen o han tenido con figuras significativas de sus vidas. Por ejemplo, actúan con el terapeuta como si fuera su madre o su pareja.

[12] La contratransferencia es el mismo proceso que la transferencia pero a la inversa. El terapeuta proyecta sobre sus clientes respuestas emocionales inconscientes basadas en sus relaciones pasadas no resueltas. Para evitar que esas relaciones no resueltas interfieran en la efectividad de la terapia, el terapeuta debe hacer una terapia personal que normalmente se lleva a cabo antes y a lo largo de toda su vida profesional.

[13] Jean-Yves Leluop (1999) Terapeutas del desierto. De Filón de Alejandría y Francisco de Asís a Graf Dürckheim. Traducción de Alfonso Ortiz García. Barcelona: Sal Terrae. En este trabajo se resumen las cuatro visiones del ser humano que expone el autor conservando la forma de su discurso. No obstante, el autor utiliza el término “hombre” de forma genérica para referirse al “ser humano” y en este trabajo he optado por utilizar este último término que no implica una distinción de género y sexo, debido a que el uso de términos genéricos en masculino invisibiliza simbólicamente al sexo femenino.

[14] La Cruz, Luis G. (2003): El regreso de la Diosa. Colección Año Cero. Buenos Aires: América Ibérica

[15] El término ‘danza del vientre’ que proviene del francés ‘danse du ventre’, ‘bellydance’ (término anglosajón que significa literalmente ‘danza del ombligo’), ‘bauchtanz’ (término germánico, literalmente “danza de la barriga”) y otros términos similares que hacen referencia a una parte del cuerpo, relacionada con los movimientos pélvicos que son la base de esta danza, son términos acuñados por las culturas occidentales modernas al importar esta danza y que proporcionan una idea parcial, superficial y centrada en el matiz erótico con fines comerciales, valores que incoherentes con el carácter holístico, la profundidad espiritual y el sentido sagrado del erotismo originales de esta danza.

[16] Passo, Patricia (2011): Fusión. El universo que danza. Madrid: ESM

[17] Mernissi, F. (2003): El Harem en Occidente. Madrid: Espasa Calpe.

[18] Passo, Patricia (2011): Fusión. El universo que danza. Madrid: ESM

[19] Jean-Yves Leluop (1999) Terapeutas del desierto. De Filón de Alejandría y Francisco de Asís a Graf Dürckheim. Traducción de Alfonso Ortiz García. Barcelona: Sal Terrae.

[20] Self universal es un término acuñado por Muriel James en Ana Gimeno-Bayón Cobos (2006): Psicología Transpersonal: Una visión personal. Barcelona: Instituto Erich Fromm de Psicología Humanista.

[21] Lower, Alexander (2010): La espiritualidad del cuerpo. Bioenergética, un camino para alcanzar la armonía y el estado de gracia. Barcelona: Paidós.

[22] Este es el verso culminante de un poema que escribe Wilber a su mujer, con la que se había casado en 1984 y a la que diez días después se diagnosticó cáncer de mama. Muere en 1989. Encontré el fragmento en Almendro, Manuel (1998): Psicología y psicoterapia transpersonal. Barcelona: Kairós. Pág. 150.

[23] Almendro, Manuel (1998): Psicología y psicoterapia transpersonal. Barcelona: Kairós.

[24] Almendro, Manuel (1998): Psicología y psicoterapia transpersonal. Barcelona: Kairós.

[25] Almendro, Manuel (1998): Psicología y psicoterapia transpersonal. Barcelona: Kairós.

[26] Reid, Daniel (2010): El Tao de la salud, el sexo y la larga vida. Barcelona: Ediciones Urano.

[27] Don Patricio, el viejo maestro mazateco, en Almendro, Manuel (1998): Psicología y Psicoterapia Transpersonal. Barcelona: Kairós. Pág. 167

[28] Patricia Passo. Cita recogida en sus clases de metodología de enseñanza del Diploma Universitario en Danza Oriental 2010-11.

[29] Wilber en Gimeno-Bayón, Ana (2006): Psicología transpersonal. Una visión personal. Tomo I. Instituto Erich Fromm de Psicología Humanista: Barcelona

[30] Jean-Yves Leloup (1999): Terapeutas del desierto. Del filón de Alejandría y Francisco de Asís a Graf Dürckheim. Sal Terrae: Bilbao. Pág. 27

[31] Jean-Yves Leloup (1999): Terapeutas del desierto. Del filón de Alejandría y Francisco de Asís a Graf Dürckheim. Sal Terrae: Bilbao.


CV MARIELA DORNER

Mariela Dorner es psicóloga y bailarina de danza oriental. Se ha formado en danza fusión oriental con Patricia Passo, danza oriental clásica con Nadira Amar y Tasnim, danza nepali y danza bollywood en Nepal, Danza Nubia y giro Sufi con Mohammed el Sayed, Danzas Sagradas de Gurdjieff con Uttam Módenes, danza clásica india con Anja Grove en Alemania.

Ha creado los espectáculos “Glaube über Schmerz” en Alemania, “Íntimo” en Café-Teatro Central en Utrera, y co-creado espectáculos con coreografías de Danza Oriental integradas como los espectáculos infantiles “Noche Pirata” y “Al Tren”, la pieza de microteatro “Y yo la esperaba” y el videoclip “Mamawita”. Ha participado en “Duncan”, “Todos Somos Siria”, “Dakini”, “Metamorfosis”, “AL-MA”  y “Festival Bollywood Madrid 2010” bajo la dirección artística de Patricia Passo.

Se dedica a investigar sobre el valor terapéutico de la danza oriental. Desde 2011 ha impartido talleres en asociaciones para mujeres que han sufrido algún tipo de violencia de género y por la prevención. A partir de estas experiencias ha ido desarrollando un método que combina la danza fusión oriental y la narración de cuentos de sabidurías ancestrales con una perspectiva de género. Se trata de un trabajo en torno a la sexualidad y el bienestar de la mujer con la danza fusión oriental (OFD) como herramienta de crecimiento personal y espiritual.