El pulsar que late en nuestros cuerpos

 El puzzle de la existencia nos conecta inevitablemente en una red, donde una vez más hay más similitudes que diferencias, donde las peculiaridades culturales no son tan exclusivas y únicas, donde resta quizá una esperanza de que se perciba más unidad que diversidad, y donde externalizar y bailar el pulso de la propia vida es vital.

Fuente: Revista edanza Num. 47

En mis andanzas por los cebos y rincones literarios de todas las ciudades que visité, la vida me brindó gratas sorpresas. Más de una vez escucho los libros llamándome, y en algunas ocasiones estos gritos me generaran peleas internas… ¿Pero por qué? ¿No tengo lugar en la maleta? ¿No tengo ninguna referencia? ¿Realmente los leeré? En fin… intento frenar la razón por que sé que son llamados que la mayoría de las veces no comprendo en ese momento.

Pateando por librerías musicales, un día escuché este llamado: “El doctor: Crotalogía. La ciencia de las castañuelas”. Empiezo a ojear el libro y me doy cuenta de que no me entero de nada… vuelvo a la portada, busco en las primeras hojas, y pienso: “esto no está escrito en español”… al minuto siguiente me doy cuenta de que si es español. Y con mi plexo solar hundido pienso “todavía no se leer bien en español ¿qué pasa aquí?”.

Su aspecto, deteriorado, lleno de polvo y dejado, como si hubiese caído en el olvido, me vuelve a provocar. En el lateral inferior de la portada, borroso y casi imperceptible de leer, veo

¡¡“Valencia 1792”!! Uauuuu! Aunque la duda de si volvería a intentar leerlo me invade, decido no dejarle más tiempo abandonado y le llevo conmigo, aunque sea para acariciarlo un poco e imaginar cómo habría sido su concepción.

¿Qué manos lo habría escrito? Francisco Agustín Florencio ha dejado su legado. Me imagino cuán menospreciado habrá sido su objeto de estudio. Definitivamente agradezco a la vida una vez más por las hojas que ha puesto en mis manos, me comprometo a hacer buen uso de ello.

Esta Crotalogía ha estado en mi biblioteca por  largos años. La forma de escritura tan rebuscada y, por momentos, con aires de soberbia me echaba para atrás, aunque sabía que en el fondo era mi propia ignorancia.

Durante este tiempo estuve experimentando la utilización de los crótalos, así como investigando los sonidos de las castañuelas. Los instrumentos persuasivos en el baile me fascinan, ya que además de marcar con fuerza la tierra me traen alegría y encienden la llama en mí de la potencia del baile callejero, de la bailarina y el músico.

En mis andanzas y bailanzas pude experimentar la real necesidad de hacer música con mi propio cuerpo para echar un baile. En mi vivencia en las comunidades gitanas de Rajasthan más de una vez me puse a tocar los crótalos para apoyar el bungui y  generar el ambiente propicio para que pudiésemos bailar en la calle. Entre palmas, cascabeles, crótalos y panderetas buscábamos la vida para acompañar el baile, uniendo movimiento y sonido.

Recuerdo que una vez llegue a Rajasthan con mis cucharas de madera y aquello para los gitanos fue una locura, ¡me pedían que tocara en todas la ocasiones! En este viaje me fui con ellos de gira a inhóspitos pueblos en la frontera de Rajasthan con Paquistán. Éramos unos pocos, mal pagados y a veces mal tratados por los contratantes, pero aquello que parecía la adversidad fue una gran oportunidad para que yo percibiera la potencia de mis queridas cucharas de madera; ellas echaban fuertes y penetrantes sonidos, rellenaban el espacio, nos acompañaban a los lugares más  áridos que nos colocaban para actuar, yo me sentía protegida por aquel sonido marcado, eran el soporte que me daba alas para volar.

Aun puedo recordar cuando encontré mis cucharas de madera. Estaba en un pueblo en Capadocia y me habían hablado de unos músicos que tenían una tiendita con cosas locales. Entré y al instante fui  una extranjera suelta que inevitablemente seria testeada por el galante turco… ¿qué haría una mujer en una tienda de música? Yo miraba todo lo que había allí y vi en un rincón unas cucharas sueltas, en un primer momento imagine que eran parte del desorden del local, pera a continuación las cogí y pregunte al galanteador por ellas. Él la cogió y empezó a tocarlas haciendo sonidos rítmicos como el trotar de un caballo. Le pedí que me enseñara a cogerlas y empecé a tocarlas, estuvimos horas jugando a las cucharas, el turco se impresionó con los sonidos que yo conseguía sacar de ellas, no se creía que nunca las había cogido. Yo le expliqué que tocaba los crótalos, y él, más confiado, entablo conmigo un dialogo de cucharas a cucharas, estábamos jugando, charlando, bromeando, discordando, ensayando….

Así me hice amiga del turco y pasábamos las tardes jugando a las cucharas, lo lúdico que eran estos momentos me rebeló la naturaleza unísona de estos instrumentos. Disfrute y deleite es lo que experimento cuando bailo con crótalos y cucharas ¡Eso para mí es suficiente!

Si estudiamos la historia de la danza universal veremos que los entremeses fueron momentos donde los bufones y bailarines entraban para entretener las comilonas  de las cenas medievales, la danza callejera entraba en el palacio con los recursos que podía, que en esos momentos, y hasta los días actuales, eran muy escasos. Por lo que se difundió mucho la percusión de la danza, es decir, los cascabeles, palmas, pitos, cucharas, etc. Nada muy diferente de lo que se hace en los días actuales en las ruedas de samba en mi país, ya que de raíz usa lo que está en la mesa para la marcación, incluso un método muy famoso consiste en hacer samba con una cajita de seguirrillas, y si no hay ningún objeto directamente con la boca misma imitando ritmos percursivos.

La aparente difusión de los instrumentos persuasivos en la danza se mantiene en las culturas gitanas, no es casualidad que los sonidos y las estructuras rítmicas de las cucharas, castañuelas y crótalos sean muy semejantes al trotar de un caballo. Sin duda, este animal es fuente de inspiración, no solo de los sonidos provocados por su andar, sino también por sus juegos de piernas, muchos pasos de baile de las danzas gitanas están basados en sus movimientos.

Antes de viajar a España y definir el destino de mis estudios dancísticos, yo montaba a caballo. Quise tomar clases en la hípica para aprender a saltar, pero antes debíamos aprender a trotar. El trote es peculiar y característico de cada raza de caballo, a partir de ahí podemos definir algunas características, aunque hay variantes que forman la personalidad y singularidad del animal. Cuando montas debemos observar y percibir su cadencia, su ritmo, definir su trote, y a partir de allí comenzamos a trotar, como una danza.  Existe un momento exacto para el salto, que solo somos capaces de percibir una vez que entendemos y acompañamos su trote, que es una respiración, entonces dos cuerpos se trasforman en uno.

Me gustaba montar, y como estaba muy adiestrada a los trotes de las razas me asustaba con los caballos mezclados. Recuerdo que una vez subí a un caballo para dar un paseo, y de repente, sin entender por qué y de forma brusca, el animal comenzó a correr y saltar sin freno. Yo había perdido completamente el control y sudaba frio intentado equilibrarme, percibí que la tensión de mi cuerpo me había separado completamente del animal por lo que cada vez me desequilibraba más, no tenía fuerzas para pararle, aunque realmente sabía que no era un tema de fuerza  sino de que  no nos estábamos entendiendo, y eso me estaba costando la vida.

Entonces, tomada por el pánico y por puro instinto de supervivencia solté mi cuerpo y deje que su ritmo penetrase en mí, pulsábamos juntos. La sensación fue potente, el miedo y la libertad que experimenté fueron inolvidables. Recorrimos una larga distancia, para mí fue casi eterna, sentí la potencia del animal, y cuando paramos me arrebató una gran fuerza interna. ¡Lo conseguí!

Incluso hoy en día sigo diciendo a mis alumnas… ¡venga caballo, trota, salta, coraje, fuerza, salvaje, grandeeee! esta experiencia la llevo a mi danza; sea en la danza turca, en el flamenco o en las danzas gitanas. La relación con el animal tiene que estar, es una fuente importante de inspiración.

Todas estas vivencias coloren mi danza y me hacen bailar, pero no puedo huir a la atracción fatal que siento por los orígenes, por los libros y la antropología. ¿Cuál fue la ruta que trazaran estos objetos que hasta los días de hoy enriquecen nuestra danza?

De vuelta al manual de Crotalogía, y con algunos otros libros en mano, me pongo a investigar. ¿Cuál es la definición del termino crótalos? ¿Qué es la crotalogía? ¿Qué relación existe con las castañuelas? ¿Y con las cucharas? Me enamoro de estos manuscritos ya desde sus primeras hojas, amo percibir mis limitaciones y, sobre todo, mi falta de visión sobre la dimensión total de nuestra existencia, es decir, nuestra coexistencia. Al final, fue precisamente esto lo que me llevó a hacer fusión.

 

Empezamos así:

“…porque de dos mitades se componen todas las cosas, y de dos mitades cóncavas todos los instrumentos que sirven a la música, además de otras mil cosas que contienen la naturaleza.

El cielo mismo partido por medio, y atadas las dos mitades cóncavas con una de las cinco zonas, formaría una buena castañuela…”

Concavidad, bóvedas (quien es mi alumna sabe la importancia que doy a las bóvedas del cuerpo) me encanta pensar en mi sacro (hueso sagrado, la concha /perla, la morada de mi abdomen) como un crótalo , cuchara o castañuela. ¡Inspirador!

 

Sobre los orígenes de la palabra:

“… crótalo viene de croteo que significa, lo mismo que pulso o verbero en latín, según plutarco … podemos llamar con bastante propiedad , pulsaciones o toque , lo que en la crotalogía deberá llamarse castañetazo…”

¡Genial! Pulsar. Esto es lo que hacemos al hacer percusión, recordar la pulsación vital, el  sonido primordial desde el útero materno hasta la eternidad.

 

Sobre los orígenes del instrumento:

“…vemos en las celebradas pirámides y obeliscos egipcios en que los instrumentos de sacrificio, y los inventos de la ciencia están grabados castañuelas o crótalos, como se puede ver en el obelisco que está en la plaza de san juan de letal y en la plaza de Pópolo en roma…”

“… la castañuela era instrumento sagrado entre los egipcios dedicado al Nilo, colocado junto a la esfinge de Isis, debajo de la serpiente como símbolo sagrado…”

Su vínculo ancestral con lo sagrado enfatiza la necesidad del hombre de externalizar el pulso vital, como una forma de gratitud a la vida. ¡Revelador!

Sobre las mujeres:

“Las mujeres han sido siempre las que han llevado consigo una irresistible atracción por los proyectos, destinos y ocupaciones de los hombres, y en consiguiente son las que han modificado las costumbres de los países…”  Enfatiza el poder creativo de la mujer, aunque en su afirmación  es tendenciosa de una supremacía masculina:

“… las señoras romanas en el templo del trajano….llegaran estas al extremo lujo, escogían entre muchas perlas preciosas, aquellas que además de ser de una grandeza extraordinaria, tenían la figura redonda por un extremo y piramidal por otro, de modo que se asemejase a la figura de una almendra. A estas perlas preciosas les hacían un agujerito por la parte superior, y de este modo las juntaban en una sarta, dos tres o más y las traían pendientes en los dedos de las manos, de esto modo se formaba un precioso instrumento que tocaban con los dedos… lo llamaban crotalía.”

Interesante percibir que esta idea de percusión y de pulsación no tiene clase social, y que aunque estos instrumentos hayan adentrado por el folclore y la danza callejera, su origen sagrado, femenino y creativo es imperante.

 

En relación a los orígenes de las cucharas turcas y su posible relación con las descripciones anteriores:

Si investigamos su región turca de origen, llegamos a la ciudad de konya. ikonion, en griego Icone, esta región estuvo durante largos periodos sobre el dominio del imperio romano. Además de haber hecho parte del imperio persa, y en los siglos 8 y 10 frecuente de ataques árabes. Solo en 1923 hubo un intercambio populación  entre Turquia y Grecia y se van de Konya sus últimos refugiados.

Sea por la influencia griega, por el imperio persa, o por la influencia árabe, fácilmente se puede delinear la ruta de los intercambios culturales que llevaron al uso de la cuchara en las danzas folclóricas de esta región. Además, cabe resaltar que hay una danza folclórica griega llamada Koutalakia, cuya traducción es cucharas.

Recordando que el uso de las cucharas no es solo característico del folclore turco, sino que lo encontramos también en las culturas en Rusia, Irlanda, Inglaterra y Canadá, entre otras.

Respecto a los rusos, existen estudios que atribuyen el uso de cucharas a la influencia recibida por esclavos orientales. Aunque también hay estudios que relacionan las cucharas a los toques que se hacían en las cabalgatas y expediciones que antecedían a las batallas vikingas. Usan cucharas y hasta huesos humanos para avisar sobre la llegada del enemigo, pudiendo ésta ser una influencia pagana.

El puzzle de la existencia nos conecta inevitablemente en una red, donde una vez más hay más similitudes que diferencias, donde las peculiaridades culturales no son tan exclusivas y únicas, donde resta quizá una esperanza de que se perciba más unidad que diversidad, y donde externalizar y bailar el pulso de la proprio vida es vital.

 

Patricia Passo