La entrega de un gitano al movimiento es asombrosa, de naturaleza salvaje

y al margen de lo que pueda suceder. Danzar la vida es el propósito y el fin.

 

Fuente: Revista edanza Num. 48

Fotos: Emobie Photography, Alfonso Bueno Gayo y Gabriel Cavalcanti

Abundan las hipótesis y estudios alrededor de la mítica palabra “gitano”. La más aceptada en relación a sus orígenes es la que sostiene que proceden del norte de la India, más precisamente de una región ubicada entre la India y Paquistán, desde donde centenas de años atrás se llevó a cabo una oleada emigratoria que se dividió por el norte de Europa, el norte de África  y por último hacia América.

La etnia gitana está establecida por rasgos etnológicos, comportamentales y lingüísticos. El principio comportamental mayormente imperante es el nomadismo. Aunque se conoce en los días  actuales gitanos asentados en tierras propias, casi siempre es de forma circunstancial.

Aquí se hace necesario hacer una pausa reflexiva… ¿Qué consecuencias estructurales y de carácter pueden darse en una tribu de personas que durante siglos tuvieron como práctica de vida  el nomadismo? La práctica nómada se caracteriza por grupos de personas que no tienen asentamiento fijo, son generalmente cazadores y recolectores que viven al margen de las Estructuras sociales vigentes. Y aquí tenemos otro dato importante, el hecho de vivir al “margen”. Son dos características de la forma de vida gitana que  van a contribuir de forma expresiva para la configuración de sus caracteres. Nosotros somos hijos de una sociedad que establece como metas de bienestar y felicidad la conquista de la casa propia. Además, somos estructurados ya desde la educación infantil a reconocer nuestra patria como nuestra identidad principal. ¿Seremos capaces de percibir lo que este cambio de paradigma puede hacer con la estructura de carácter de uno?

Algunos historiadores apuntan a la primera grande migración de este pueblo nómada desde el norte de la india, su inadecuación para convivir en una sociedad estratificada se reconoce en los lugares donde los gitanos viajaban y se asentaban, seguían al margen. En la sociedad, lo que se queda al margen es precisamente “marginalizado”. Precisamente este punto es importante: el ser excluido de la sociedad en la que quería estar incluido, o el ser excluido de la sociedad porque ésta no consigue encontrar un lugar para él. Es decir, una  inadecuación en la forma de vivir  vigente que hace con que los gitanos vivan siempre al margen.  Aunque están  asentados en el presente saben que están siempre de paso, este factor sustenta su marginalidad.

La capacidad de adaptación fue necesaria  para que pudiesen sobrevivir en diferentes lugares, pero es un atributo momentáneo y no un proceso educativo o de absorción de leyes locales, sino más bien formas de estar por un periodo determinado sin que se cristalizasen y se asienten, como ropa que se colocan y quitan fácilmente. Esta capacidad camaleónica de estar les coloca en el momento presente, la sensación de no pertenencia ni permanencia aligera sus cuerpos, que se configuran como valientes y libres. Al no adecuarse a las leyes imperantes se quitan el peso de tener que encajar, lo que les acerca mucho más a la naturaleza que a la moralidad social. Es cierto que las tribus gitanas tienes sus propias leyes, pero esto ya sería otra temática. Lo relevante es esta capacidad de adecuación momentánea aun estando al margen, lo que dota a los gitanos de una genuina autenticidad. Existe una forma gitana de hacer las cosas, y a esto justamente quiero referirme, que es peculiar y única.

Aunque es escasa la bibliografía sobre ellos, todo lo que se encuentra resalta su carácter, su marcada presencia, así como su virilidad, visceralidad, sensualidad y explosión salvaje. ¿Acaso estas características no son propias de la naturaleza? Los hijos de la naturaleza poseen sus propios rasgos de carácter y no pertenecen a una patria específica, sino que su patria son las colinas, el campo, los árboles y los ríos.

¿Qué llevan en sus equipajes? ¿Cómo sobreviven? Dado que se caracterizan por ser un pueblo nómada, ello les dota de una especial destreza con los caballos, siendo este animal responsable por la funcionalidad de sus vidas nómadas.  La intimidad con los instintos  animales fortalece aún más su relación con la naturaleza. Los gitanos no han desarrollado un oficio específico, son eximios especialistas en la vida misma. La constante disponibilidad para adentrase en tierras desconocidas contribuye a que su forma comercial de sobrevivir pudiese ser universal, desarrollándose a partir de uno mismo para que cupiese dentro de sí, sus recursos  son los paisajes y la vida misma.

Precisamente el cante y la danza no abultan, no se pueden robar o perder, son un lenguaje universal que conecta a todos los hombres y puedes disponer de el de forma ilimitada, para producir necesitas sobre todo sentir. Este es sin duda el producto que hizo posible la itinerancia gitana.

El debate siempre surge en relación a la originalidad y autenticidad de sus artes. De la misma forma que fascina la versatilidad gitana y su rápida apropiación, ésta aterroriza a los defensores del arte puro. Aunque me gustaría preguntar ¿qué es el arte puro?

Es sabido que a lo largo de nuestra historia humana hemos sobrevivido debido a nuestra increíble capacidad de adaptación ¿Acaso alguno de nosotros se mantuvo puro? El ballet clásico puro es una amalgama de elementos de las danzas de corte europeas, junto con los entremeses medievales y una serie de circunstancias sociales. En mi libro “Fusión. El universo que danza” hablo precisamente de la historia de los géneros dancísticos. Anteriormente a la danza étnica y al folclore ¿existió la danza primitiva? ¿Cómo puede una danza folclórica  pertenecer puramente a algún grupo de personas si su nacimiento se ubica en  el desarrollo de la historia de la humanidad (junto a invasiones, tragedias e intemperies)? Su madre, la danza primitiva, pertenecía a la naturaleza, y como mucho podríamos considerar como sus progenitores a las fuerzas sobrenaturales que asombraron al hombre primitivo.

A lo que voy ¿Quién es el dueño de los giros, del salto o de los cruces de piernas? ¿Del redondeo de brazos, el meneo pélvico o el paso de vals? Todo esto no son más que colocaciones del cuerpo en el espacio, sin trasfondo ni sentido. ¿No sería precisamente eso lo que deberíamos indagar?

¿Qué código ancestral corporal se repite hasta la actualidad? ¿Qué características comunes podremos encontrar entre los más diversos lenguajes folclóricos? ¿Cuáles fueron las condiciones para que estos pasos se desarrollasen de una forma u otra? Los cuerpos que vistieron estas danzas tenían una vivencia ¿Cómo podemos acercarnos a estas experiencias?

¿Qué sentido tiene todo eso en la actualidad, en mi cuerpo y en mi historia? ¿Dónde estoy? ¿Hacia dónde voy? Ser un observador, comprender que la cualidad de un movimiento es su alma, sin ello navego por variaciones de acciones desconectas.

Para ser más clara, si viajas a Rajasthan, tierra conocida por abrigar a la comunidad de gitanos llamada Kalbelia, encuentras una seria de danzas folclóricas que, como todas las danzas folclóricas, están organizadas dentro de roles y funciones sociales. Estas danzas poseen variantes según los regionalismos, aunque a pesar de estas variaciones tienen un vocabulario común. Cuando estudias las danzas de los gitanos de Rajasthan percibes claramente la influencia del folclore rajasthaní en la estructura de pasos. La forma de ejecutar los movimientos es la cuestión. El esfuerzo y la calidad de los mismos (dinámica, peso, flujo, velocidad…) sufren grandes variaciones que llegan a modificar los gestos, aunque su raíz permanece claramente reconocible. Lo mismo ocurre con la danza clásica del norte de la India, posee claramente similitudes con los bailes regionales, aunque cambia su forma de ejecución, intencionalidad y propósito.

 

Todo esto nos lleva a una cuestión bastante relevante, no podemos separar las danzas étnicas de la antropología. Un minucioso estudio de las peculiaridades culturales que configuran al hombre en la sociedad es el soporte técnico necesario para el desarrollo del lenguaje dancístico. Sin estudiar el todo es difícil entender los mensajes subliminares y específicos de la unidad. Los gitanos se apropiaron de lo que ya existía, al igual que lo hicieron el resto de géneros dancísticos.

No podemos afirmar que la danza de los gitanos en Rumanía sea igual a la danza en España o la India, sus tierras y folclores son diferentes. El folclore de un pueblo nace a partir de circunstancias geográficas, estructurales,  funcionales  y con marcados roles sociales; cada lugar tiene sus peculiaridades que encuentran justificación en su propia historia. Por otro lado, existe el lineaje, es decir, un código ancestral común, sin comprenderlo difícilmente llegarás a la especificidad.

¿Existirá una danza gitana? ¿La crearon o se la apropiaron? El hecho de que los gitanos posean una forma única de hacer, provocadora y libre, ¿les otorga  autoría  creativa?

 

Me parece oportuno citar a un gran filósofo de la danza, cuya obra pretende desvelar la danza de la vida, la danza que existe en todas las cosa, en todos los tiempos, en la cotidianeidad del hombre moderno, Rudolf Laban.

“La danza puede ser considerada como la poesía de las acciones corporales en el espacio (…). Si estudiamos las exhaustivas descripciones de los movimientos de aves y simios en la observación científica, nos asombramos de la similitud de estos movimientos con el baile humano. Mientras que en el juego las cualidades de esfuerzo de estas criaturas se hallan entremezcladas de forma irregular y casi casual, en los humanos están seleccionadas y claramente elaboradas y separadas (…). Es un hecho ya conocido que los juegos y bailes de las tribus primitivas se originaron en el empeño de tratar de conocer ciertas combinaciones de esfuerzos seleccionadas (…). Se trata de un modo peculiar de llegar a tener una serie de ideas sobre las cualidades de los movimientos y su aplicación (…). El deseo del hombre de orientarse en el laberinto de sus impulsos da como resultante definidos ritmos de esfuerzos, como los que se practican en la danza y el mimo. Los bailes tribales y nacionales se crean por medio de la repetición de configuraciones de esfuerzo que son características de la comunidad
(…) Un observador de bailes tribales y nacionales puede obtener información sobre estados de ánimo o rasgos de carácter que una comunidad particular ha podido desear y  fomentar (…). El baile o el pensamiento en movimientos, ha hecho posible que por primera vez el hombre tomara conciencia de cierto orden en sus altas inspiraciones dirigidas a la vida espiritual (…).”

Danzar es dar la vida a un movimiento. La mecánica del movimiento, así como sus tecnicismos, no creanla danza. Expresarse libremente a través del cuerpo y dejar que el alma baile, éste es el gran deseo del bailarín. Quien ha estado en una clase de flamenco conoce esta sensación desconcertante de observarse en el espejo como un robot sin conseguir que el arrebato te posea. Desencajar, desconstruir… son características de las danzas que tuvieron influencias gitanas y que quedaron marcadas por  la autenticidad, voluptuosidad y  la intrepidez, difíciles de reproducir.

En la búsqueda de esta forma de danzar, y con más preguntas que respuestas, viajé hacia el desierto del Thar, en la frontera de la India con Paquistán, hacia los orígenes de este pueblo.

Volví con la mochila llena de experiencias, pocas respuestas y ya con ninguna pregunta, porque ésta se hallaba en mis piernas, que temblaban solo de recordar la vivacidad de aquel acompañamiento binario, absolutamente penetrante. La agilidad de mis manos y dedos, y la voracidad con que aquellos giros soltaban mi cabeza y rompían con mi sentido de la verticalidad.

Año tras año volví a repetir aquella experiencia en mi cuerpo, siempre escuchaba lo mismo de los extranjeros que allí pasaban: “la dificultad está en la energía con que lo hacen, ¡es imposible!”.

Lo cierto es que la entrega de un gitano al movimiento es asombrosa, de naturaleza salvaje y al margen de lo que puede suceder. Danzar la vida es el propósito y el fin. Seguirán así apropiándose de los elementos que puedan porque sus danzas, más allá de la estructura de pasos, son un grito de libertad, y no será la danza quien les vaya a aprisionar.

 

Patricia Passo


 

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