La danza del vientre es un tabú. Es realmente un acto revolucionario ondular la pelvis, menear nuestras caderas, descubrir nuestro vientres, temblar nuestra carne, acariciar nuestro cuerpo y proporcionar un deleite para los sentidos. Es una experiencia de la grandiosa naturaleza erótica de nuestra divina sexualidad que implica vencer el tabú que reside dentro de cada una de nosotras y expresar libremente nuestra sexualidad.

 

Fuente: Revista edanza Num. 49

Fotos: Luis Maria González Valdeavero, Ary Amarante, Léo Lamas y Ruy Correa

“Tabú”, siento una fuerte atracción por esta palabra, quizá sea por su sonoridad o por su propia  semántica. Estudiosos de la temática sostienen que sentir atracción por el tabú  es  el mismo significante del concepto en cuestión. Puede que  el propósito de estas líneas sea desvelar el tabú que reside en la propia palabra. La sexualidad y el erotismo de la danza son de por sí un gran tabú con el cual conviví y convivo a lo largo de los años. Fundamentalmente me intereso en saber porque esto es así, porqué siendo éste mi camino de vida su inconsciente elección revela la ambivalencia de la atracción y repulsa que siento por esta temática.

 

Investigando sus orígenes y antecedentes descubro que la palabra “tabú” es de origen polinesio, relacionado con lo reservado, restrictivo y prohibitivo. Lo contrario en polinesio es “noa”, que hace referencia a lo habitual y accesible a todos. Para nosotros el tabú, en cambio, se divide en dos direcciones opuestas: por un lado relacionado a lo santo y consagrado, y por el otro a lo impuro, prohibitivo y peligroso.

 

En sus estudios sobre la temática Freud cita a Wundt, quien definió al tabú como “el más antiguo código legal no escrito de la humanidad”, considerándolo aún más antiguo que los dioses y remoto a épocas anteriores a cualquier religión. “Ellos brotan allí, donde lo más primitivos y duraderos instintos humanos tienen su origen, esto es en el temor a la acción de fuerzas demoniacas”.

Es interesante pensar en el primitivismo de la palabra tabú, para mí hasta entonces era una palabra asociada a la religión, pero dado que ya existía en las tribus primitivas es relevante e inquietante.

Está claro que las religiones se apropian de prohibiciones como forma de poder, adoctrinamiento y control, y que nuestra herencia judeo cristiana sabe bien lo que es eso.  Pero reconocer que existen cuestiones antiguas, muy ancestrales, que encuentran pronunciamiento en el desarrollo del concepto tabú cambia la cuestión, a la vez que resalta su potente fuerza y nuestra humilde humanidad. O más bien, como sostiene Freud, habla de nuestros deseos, de nuestras ambivalencias, de nuestros instintos, de nuestras fuerzas internas indomables y, quizá por eso, prohibitivas.

En su libro “Tótem y Tabú”, Freud  describe que “los espíritus y los demonios son, como lo he indicado con anterioridad, proyecciones de los impulsos emocionales del ser humano. Él trasforma sus energías  afectivas dirigiéndolas hacia otras personas. De esta manera puebla su microcosmos con ellos y colma sus procesos mentales de nuevo, reencontrando fuera de sí sus procesos psíquicos internos (…)”.

Si hasta aquí el lector tenía la ilusión de que es la sociedad quién impone los tabús, y que pobre de quien no sabe ni puede afrontarse a ellos, lamento informar que la cuestión es aun mas compleja. ¡Somos cocreadores! Sí señor, los tabús de tu cuerpo son singulares y son solo tuyos ¿Acaso te paraste a pensar en ello? Es evidente que nuestra sociedad es activa y está constantemente proponiendo padrones, a veces de forma muy tiránica, pero frente a todo esto se encuentra el procesamiento individual, la elaboración genuina y única.

Este exhaustivo proceso de trasferencia para conseguir explicaciones de nuestros propios demonios es algo muy antiguo. Lo podemos llamar también del “miedo objetivado”, como afirma Freud, para quien la creencia  propia del tabú se origina en un poder demoniaco que se encuentra oculto en un objeto.

No puedo dejar de pensar en estos momentos en nuestra tan violada sexualidad femenina. En esos cuerpos y en esas mujeres que pasaron por mí, que se sentían limitadas, dilaceradas, reprimidas, contenidas, acomplejadas…y una serie de adjetivos que demonizan nuestro cuerpo. ¡Atención! El fundamento del tabú es una acción prohibida, para la cual hay una fuerte atracción inconsciente.

Es realmente un acto revolucionario ondular la pelvis, menear nuestras caderas, descubrir nuestro vientres, temblar nuestra carne, acariciar nuestro cuerpo y proporcionar un deleite para los sentidos, y para la audiencia que lo experimenta es una experiencia de la grandiosa naturaleza erótica de nuestra divina sexualidad. Pero antes que su carácter revolucionario social, estoy hablando de una revolución interna. La prohibición responde a cada nuevo avance de la libido reprimida, y del conflicto entre la prohibición y el  instinto se derivara todo; pero lo importante es dislocarse, trasformar los recursos y activar la existencia, evitando cristalizaciones y  estancamientos que derivarían en pequeñas muertes. Claro que es difícil salir de la inercia y cuestionarse los miedos y las limitaciones, porque percibimos que aunque sea castrante y hasta cruel, es importante encontrar las opciones de la sociedad en la que estamos insertos, porque siempre hay un rincón por donde escapar, por más coaccionados que estemos.

Y éste es el papel del arte, más aun de la danza que en sí misma propone movimiento. El arte es capaz de trasladarnos, quizá porque existe una licencia poética en el arte donde está permitido sentir, encontrar fantasías, fetiches, sueños, deseos prohibidos y está permitido, sin juzgamientos, vivir las ambivalencias. El arte es capaz de desvelar un nuevo mundo, de relativizar la realidad, de permitir locuras, y de desarrollar un lenguaje lúdico más interesado en hipótesis que en certezas. Él te aproxima a lo infinito y lo inconmensurable de la existencia, y eso nos hace menos materia y más espíritu. El arte es la droga necesaria para que la sociedad no colapse del todo, ya que nos abre espacios para ser, donde el  pudor puede descansar y el tabú enseñarnos su cara limpia, sin máscaras, burlándonos de nuestros propios demonios. Dionisiacamente en el arte podemos ser tragados por nuestros bichos y emborrachamos de sus venenos.

Tan antiguo como nuestros tabús es el arte ¿Dónde estaríamos ahora sin los rituales catárticos? Lo cual me recuerda a Shivaratri, una experiencia que he vivido en una ciudad Holi de la India, donde se conmemora el día en que Shiva fecunda a Parvati. Es una gran festividad anual donde está permitido el uso de banga (marihuana), que es ofrecido en las mismas ceremonias. ¡Sí! en ese día el tabú de la prohibición de los alucinógenos duerme, y así celebran  la fecundación con mucho cante y danza. Un paréntesis existencial que suaviza nuestra existencia, es la pausa para el café.

De la misma forma lo veo a diario entre mis alumnas, cómo llegan a otra dimensión de la realidad en nuestra escuela. Poco a poco van venciendo sus miedos, desnudándose el alma, reconociendo una libertad hasta entonces no encontrada, y percibiendo lo diferente que pueden  ser ellas mismas en estas circunstancias. Aunque no se reconocen, o mejor, reconocen la mejor versión de sí mismas que carece de explicaciones.

 

Cuando no tenemos explicaciones posibles lo asociamos a la magia, pero en el fondo esto es muy real, mucho más de lo que podemos llegar a ver de nosotros mismos. Cuando las prohibiciones y los miedos descansan aparece la singularidad de uno mismo, con su obscuridad y su brillo. Freud define de forma brillante cómo “La consciencia del tabú es probablemente la más antigua forma que encontramos del fenómeno de la consciencia”, y sigue, “consciencia es la percepción interna del rechazo de determinados deseos existentes en nosotros (…)”. Pues sí, mirar nuestro cuerpo en el espejo y encontrar nuestras imperfecciones, nuestras limitaciones, nuestras cicatrices, nuestra historia, con sus duelos, sus engaños y sus desengaños… No es fácil, ¡es revolucionario! Afrontarse a todos esos tabús heredados, adquiridos, proyectados y aprendidos es visceral.

En este proceso claramente los momentos de consciencia llegan, como luces que brotan en el aire. Y entonces el instinto se manifiesta y las prohibiciones se delatan… este conflicto interno, si bien conducido y vivido, es la propia danza.

Está claro que en  la sociedad perduran los tabús, unas prohibiciones antiquísimas impuestas por una autoridad externa, en contra de los más fuertes deseos humanos. No venimos a esta existencia terrenal de forma gratuita, tan frescos… llegamos ya insertos en un contexto, respondiendo a normativas de leyes y reglas. Pero desde luego objetivar el miedo no es solución.

En el proceso de escucha interior percibimos los excesos de ruidos, que se materializan en el cuerpo en forma de colapsos y crispaciones. El cuerpo parece estar comprometido con la causa del otro. Mi invitación es que podamos sinceramente reconocer nuestros propios tabús, de esta forma estaremos más cerca de nuestros deseos. Sexo y muerte son tabús ancestrales que permanecen insertos en nuestros comportamientos.

Cuando nos proponemos a bailar en tribu, entre mujeres, enseñando nuestros cuerpos, percibiendo nuestra naturaleza cíclica, y expresándonos a través de nuestra sana e intrincada sensualidad, permitimos que el placer adentre en nuestro cuerpo y sea fuente de vitalidad. Estamos muy próximas de liberaciones antiguas y por eso es revolucionario y trasformador ¡El arte es transgresor!

¿Cómo no hablar de tabú? La danza del vientre es un tabú, ha estado prohibida en sus países de origen, incluso en la actualidad es bailada en clanes de mujeres o en fiestas familiares, y aunque las mujeres occidentales aparentemente tengan más facilidad de acercamiento hacia ella, vencer el tabú que reside dentro de cada una de nosotras y expresar libremente nuestra sexualidad no es tarea fácil. Como he mencionado más arriba, sus impurezas y prohibiciones revelan su fuerza instintiva y enigmática.

Aunque el tabú perdura como una fuerza insuperable e intangible, aquí no se trata de ganar la guerra, sino de entender dónde estamos y percibir las composiciones psíquicas limitantes ¡y expandirnos! La danza oriental se propone flexibilizar el cuerpo para encontrar espacios internos, eso es expansión. Curiosamente el que cruza la barrera de tabú, desobedeciendo las leyes vigentes, se trasforma en el propio tabú, eternizando de esta forma la ambivalencia de nuestra existencia.

 

Este año, en la gala internacional de clausura de nuestros cursos profesionales nos inspiramos en el tabú. La temática norteara nuestro espectáculo, que pretende sorprender a la audiencia con una actuación instintiva y visceral. El lenguaje rompedor de la técnica OFD será el soporte técnico para la exótica temática. Será una noche de desvelo. Queda aquí la sugerencia para aquellos que, inquietos con nuestra proprio existencia, desean plasmar en el universo nuevas perspectivas

¿Qué es para tabú para ti?

Patricia Passo