El baile étnico contemporáneo es un viaje de rescate a la ancestralidad, buscamos los anhelos que inmortalizan los movimientos, las necesidades psicofísicas de realizar estas danzas. Entrar en estos cuerpos significa ampliar el espectro de nuestra corporeidad, llegando a experiencias místicas y trascendentales que permiten sentir emociones hasta entonces desconocidas. Esta búsqueda de vivencias, aparentemente lejanas a las nuestras, nos humanizan, amplían la dimensión de uno mismo y hacen que percibamos que en última instancia todos nos movemos dentro de padrones muy similares que componen la cultura humana.

 

Fuente: Revista edanza Num. 48

Fotos: Javier Piqueras y Enfoque Magenta

 

Muchas son las preguntas que rondan el término étnico contemporáneo. Por empezar la misma paradoja que encierra el término ¿podríamos considerar que algo es étnico y  a la vez contemporáneo? La terminología “étnico” proviene del término  griego  “ethnos”, que significa “pueblo” que tiene las mismas costumbres, incluidas la lengua, la raza, la religión, etc.

Aunque existan discusiones políticas respecto a las organizaciones sociales y las conflictivas descripciones etnológicas de dichas sociedades, en este artículo nos abstendremos de adentrar en  estas reflexiones, mantendremos nuestro foco en la aplicación directa de la terminología.

Podemos decir que hay tres aspectos fundamentales para la definición  de una etnia: la lengua, los genes y los rasgos culturales.

Como describe Jesús Mosterín en su libro la cultura humana, la capacidad lingüística o facultad del lenguaje es parte de la naturaleza humana, está programada en el genoma e incorporada en la estructura del cerebro. La lengua concreta que hablamos, con sus peculiaridades fonológicas, léxicas y gramaticales, es un código cultural trasmitido mediante un proceso de aprendizaje social que depende de la impronta. Esta impronta consiste en la captación, a la edad de entre uno y tres años, de ciertas claves o parámetros en las oraciones proferidas en su entorno, que permite al infante reconstruir en su cerebro toda la fonología, morfología y sintaxis de la lengua que se trate.

Si bien es cierto que una gran parte de la cultura no se trasmite a través del lenguaje, sino mediante gestos expresivos imitativos y  determinadas codificaciones que incorporamos de forma espontánea, la lengua es usada como evidencia concreta de un desarrollo determinado de una  etnia, por lo que debemos tener en cuenta que su formación pasa, no solo por formaciones culturales, sino también por propensiones genéticas.

Genes proviene del griego génesis, los genes son las unidades simples en que se divide la información genética; un gen es un replicador, es una entidad de la cual constantemente se están produciendo copias.

Richard Dawkins, en su libro “The Selfish Gene”,  describe la similitud funcional entre genes y rasgos culturales para referirse a las unidades de transmisiones culturales o imitativas, introdujo el término “memes”, que recuerda tanto a memoria como a mimesis (imitación).

Nuestra naturaleza está constituida por nuestra información genética articulada en los genes, y nuestra cultura por nuestra información mimética articulada en los memes. Los memes también son descritos  como símbolos, ideas o variantes culturales. De esta forma, los rasgos culturales serian fragmentos en unidades compartidas, que en conjunto componen lo que llamamos “complejo cultural”.

Vemos como estos tres aspectos que definen la etnia están íntimamente relacionados y se retroalimentan, interactúan formando una compleja red de características y padrones.

A lo largo de la historia podemos observar que la íntima relación del hombre con la naturaleza no solo le ha mantenido vivo, sino que además le ha posibilitado evolucionar. Sabemos que a través de la observación de los ciclos, las mareas, las estaciones, y las adversidades geográficas el hombre pudo asentarse y desarrollarse en grupos, que más tarde llamaríamos etnias. De esta forma podemos afirmar que las condiciones geográficas fueron determinantes para el desarrollo de los distintos rasgos culturales, que sin duda facilitaron la comunicación del hombre consigo mismo y con su entorno. Las condiciones climáticas produjeron a lo largo de los siglos mutaciones genéticas, se sabe que en determinadas zonas montañosas se establecieron cuerpos corpulentos, o en zonas calurosas la tez morena… y así por delante.

Las etnias comparten rasgos culturales, genes, y dialectos particulares que son el resultado de la evolución de un determinado grupo en una región específica. Estas características genuinas y experimentadas de forma inconsciente son la riqueza de cada étnica, el legado o el tesoro de cada tribu. Cuando estudiamos la danza de un pueblo, lo que estamos estudiando es precisamente esta forma particular y genuina de hacer las cosas. Quienes estudiamos la danza percibimos la similitud de pasos y vocabulario entre distintas modalidades, aunque es una fuente inagotable de discusión y aprendizaje la calidad de movimiento específica de cada etnia en cuestión.

Todos saltamos de alegría, nos curvamos de tristeza, o meneamos nuestra cadera como forma de galanteo o seducción. Pero  descubrir las condiciones históricas y antropológicas que llevaron a un grupo a hacerlo de determinada manera es el oficio del bailarín investigador de una danza étnica.

Hace unos días estaba iniciando un curso de formación en una danza étnica que tuve la enorme fortuna de poder aprender a lo largo de algunos años, no solo por la práctica de la danza en clases de baile, sino por la rica experiencia que he tenido de convivir con esta tribu.

Veo en mis alumnas las ganas de empezar a bailar, mover el esqueleto, deleitarse con los ritmos fuertes y tribales, Pero veía cuerpos vistiendo movimientos que no les pertenecían… y me  preguntaba ¿cómo se los puedo explicar? Entendemos que las danzas étnicas son tramitadas por tradición oral, son bailes del pueblo, son danzas que cualquier cuerpo puede ejecutar y están hechas para que el pueblo se divierta. Aunque no podemos olvidar que estos movimientos salen de cuerpos que contienen vivencias, historias, genes y memes que les colocan en un lugar de ejecución diferente de quien se acerca para aprender una danza concreta, olvidándose de la observación de la corporeidad que ha dado vida a este paso a lo largo de los milenios. Mis alumnas tenían la predisposición para bailar la danza étnica, pero no llegaban a comprender la importancia de entender esa corporeidad.

Un ejemplo concreto son nuestros frágiles pies, frutos de zapatos cada vez más confortables, que les dificultan ejercer de instrumento persuasivo para determinado compas o característica de innumerables danzas étnicas. O nuestras delicadas manos que se dedican a subir y bajar el dedo indicador en las pantallas de los móviles, y se encuentran con la dificultad de articular sus dedos, rompiéndose para intentar reproducir una flor de loto.

Nuestra frágil verticalidad, tan amenazada por los cada vez más acunados sillones  que desafían mantener nuestros cuerpos rectos y servir de soporte para distribuir el peso de objetos que se equilibran en la cabeza. Nuestras rígidas rodillas, que ni culturalmente ni socialmente tienen el hábito de flexionarse, en actitud de reverencia y resignación, palabras casi incomprensibles para nuestra cultura. Y qué decir de nuestra rígida cervical que vive toda su vida sobre el comando de que no debemos perder la cabeza ¿Cómo realizar así movimientos delicados de cuello?

La danza étnica empieza por la reconstrucción de las vivencias de este cuerpo, perteneciente a esta etnia que se configura según determinadas experiencias, y que baila espontánea y orgánicamente a partir de estos factores. Precisamente esto es lo más rico de dedicarse al enseñanza  y al aprendizaje de la danza étnica, entender estos lugares lejanos de cuerpos y experiencias sin duda reflejaban de forma muy evidente el entorno al cual pertenecían, su relación con la naturaleza, sus deseos y ansias a partir de la reconstrucción de sus propias historias.

Entrar en estos cuerpos significa ampliar el espectro de nuestra corporeidad, llegando a experiencias místicas y trascendentales que permiten sentir emociones hasta entonces desconocidas. Es ponerte al servicio del cuerpo permitiendo que estas vivencias nos adentren y, seguramente, nos trasformen, incorporar para percibir la maleabilidad de la material así como la inmortalidad del alma.

El alma lo entiende todo, ella tiene mucho menos limitaciones que el cuerpo a la hora de entregarse a una corporeidad diferente.  Este tránsito, esta búsqueda de vivencias, aparentemente lejanas a las nuestras, nos humanizan, amplían la dimensión de uno mismo y hacen que percibamos que en última instancia todos nos movemos dentro de padrones muy similares que componen la cultura humana.

¿Dónde entra el contemporáneo? ¿Porque consideramos la danza OFD étnico contemporánea?

Al contrario de lo que pudiese parecer, la danza étnica posee gran cantidad de similitudes con la danza contemporánea. Nos podemos remitir hasta su proprio origen, ya que la danza contemporánea buscó en las danzas étnicas el rescate del sentido y  el real significado de la danza, que a principios del siglo XX se desarrollaba más como un  exagerado virtuosismo que como un lenguaje artístico o vehículo de  despertar de emociones.

Martha Graham, por ejemplo, estudió profundamente la danza de los indios americanos para más tarde desarrollar su técnica en busca del movimiento genuino. Todos los precursores del contemporáneo bebieron en la fuente de étnico ya que remitía a los orígenes.

Es correcto afirmar que la danza étnica mantiene estrechas relaciones con los elementos de la naturaleza, si bien este factor es característico de la danza primitiva se sigue contemplando en la danza étnica. Como hemos explicado anteriormente, el desarrollo de una etnia pasa por la adaptación de ésta a un entorno especifico, el clima frío desarrolla actitudes que crean hábitos que más tarde se consolidan como memes o genes. Es como viajar, te das cuenta que tus hábitos son peculiares, son tuyos y a la vez pertenecen a un grupo de creencias y costumbres. Cuando viajamos tenemos la oportunidad de conocer otras formas, y si logramos dejar de lado la resistencia inicial, característica de la protección natural de defensa de nuestros valores como únicos y verdaderos, nos disolvemos, nos permitimos la vivencia absorbente del estado de presencia mutante. Percibimos que nuestras barreras físicas, corporales y mentales no son tan fijas cuanto parece, la prueba de ello es nuestra constante adaptación a los percances de nuestra existencia.

 Es realmente imperativo hacernos flexibles, de eso se trata la danza, no es solo una flexibilidad muscular, sino mental, disolvernos en las experiencias nos hace más fuertes.

Por lo tanto cuando decidimos estudiar una danza étnica estamos realizando un viaje interno, permitiendo que estos valores, creencias y costumbres ganen vida en nuestros cuerpos; para que nos podamos expresar de forma verdadera y así ser menos limitantes en cuanto a la dimensión de nuestra existencia. El baile étnico, si bien comprendido, es un viaje de rescate a la ancestralidad, donde encontraremos similitudes y diferencias, para lo cual debemos dejar de lado nuestras escalas de valores o gustos y buscar la empatía. No hay supremacía cuando se trata de cultura, hay observación y  contemplación. No buscamos ser lo que no somos, buscamos comprender al hombre en su multiculturalidad, ¿existe acaso algo más contemporáneo que eso?

La danza contemporánea nace de un profundo deseo: “expresarse”.  Para lo cual propuso la desconstrucción del vocabulario en boga en busca de la deformación de la forma para encontrar lo que trasciende la forma, su sentido. Y es exactamente eso lo que queremos quienes estudiamos la danza OFD, buscamos el sentido, la no forma de todas estas construcciones formales y que recabamos como herencia a lo largo de milenios. Entendemos que este vocabulario, más allá de su belleza, oculta un trascedente legado.

Buscamos los anhelos que inmortalizan los movimientos, las necesidades psicofísicas de realizar estas danzas. Cuando entramos en contacto con la profundidad de estas formas percibimos que es una codificación humana que trasciende barreras geográficas o de nacionalidad. El estudio y las investigaciones de la diversidad étnica son el medio, pero no el fin.

Lo que nos cualifica como seres vivientes es el momento presente, es la única prueba de que estamos vivos. Por lo cual queremos bailar ahora, en el momento actual, en nuestra historia y con  nuestras configuraciones. Recorremos a las etnias para entender los meandros de nuestra propia historia, porque la forma con la cual inmortalizaron la suya es la misma con la cual estamos construyendo la nuestra. Somos al fin del cabo un solo cuerpo.

La danza OFD, es una danza étnico contemporánea porque investiga los orígenes de los movimientos dancísticos de distintas etnias, utiliza este estudio de sólidas bases antropológicas para recrear una danza que busca en el trasfondo de estos gestos expresivos los deseos y anhelos  que  nos unen. Respetando las diferencias, contemplando las similitudes, reverenciando la sabiduría ancestral y mirando así a un futuro donde el respecto a las diversidades nos nutra y complemente.

Patricia Passo