Estudiar flamenco oriental es buscar las raíces del movimiento que hoy configura esta danza, reconocer que la geometría sagrada es la base de la formación de las danzas eruditas que eran realizadas como prácticas iniciáticas.  Quitando la historia de luchas de poder y pertenencia, hay más cosas que nos  unen de las que nos separan, las diferencias son las especias que completan el plato, pero nunca serán el alimento en sí, son aromas y sabores tan relevantes y apreciados en aquel inolvidable periodo Al Ándalus.

 

Fuente: Revista edanza Num. 52

Fotos: Alfonso Bueno y Javier Piqueras

 

¿Qué sugiere la terminología “Flamenco Oriental”? Es de conocimiento popular que el flamenco es una danza procedente del sur de España, aunque la terminología oriental parece un tanto genérica.

¿Qué caracterizaría al Flamenco Oriental? ¿Puede una danza de origen español, reconocida mundialmente por su vinculación a la cultura gitana, contener dentro de su amplio espectro técnico un subgénero considerado oriental? ¿Qué características diferenciarían esta modalidad?

¿A que nos referimos cuando aplicamos dicha terminología? ¿No sería, acaso, el mismo flamenco en su origen una danza procedente, en sus pilares estructurales, de oriente?

 

Empezamos analizando las huellas ancestrales. ¿Cuáles son los  orígenes  del baile flamenco?

Los primeros relatos que nos llegan de descripciones visuales sobre el acto dancístico datan de los siglos XVIII Y XIX. Es probable que estos bailes se practicasen con anterioridad, dado que el arte está en constante movimiento y transformación; y debido al carácter efímero de la propia danza nos es muy difícil de catalogar, debemos avanzar como arqueólogos del movimiento.

Su primer registro documental revela una danza sensual, rompedora, por momentos ritualista, expresiva, natural, insinuante y provocadora; además de elegante y bella, de carácter solemne y  abrumadora verdad.

Respecto al baile flamenco y  los primeros relatos  documentados que tenemos de sus apariciones:

 

“El baile de la mujer era de “cintura para arribas decir, garbo en la figura, movimientos de cadera, giros y quiebres, braceos, juego de manos, muy breve apuntes de pies y mucha expresividad en la cara. Por contra, el baile del hombre era sobrio, de figura erguida y bien compuesta y se lucía “de cintura para abajo “con zapateados que eran auténticas filigranas musicales.”

 

“….y empezó a ondular las caderas de un modo apenas perceptible, mientras los brazos, serpientes tentadoras, dibujaban en el aire graciosos arabescos, perezosas caricias, espasmos eróticos (…) acentuaba los arrestos y los desplantes e imprimiéndoles con las piernas y las caderas sacudidas y estremecimientos realmente carnales a las faldas de faralaes citan os y amplia cola, encogía y estiraba el cuerpo como elástico, echaba adelante el empeine con impúdico brío (….) aquel baile trasunto fiel de la voluptuosidad mora y del orgullo español, les envolvía en los antros más recónditos del alma los instintos obscuros, las levaduras extrañas de abandono  e imperios, de dolor y de placer, de vida y muerte, que fermenten en el fondo de todo erotismo (…) los quiebros de cintura, los golpes de cadera, los desplantes provocadores, los trenzados arabescos de los pies, el aleteo de las mano, arrancaban gritos delirantes en la sala del tablao.”, describe Carlos Reyles.

 

La España de esta época era un lugar exótico, un lugar de parada obligatoria para viajeros en búsqueda de aventuras y desconcertantes realidades. Edmundo de AmicIs no es el único  que nos describe con deleite la sorpresa de llegar a Andalucía:

 

“…ante mis ojos se descorrió el delicioso valle del Guadalquivir, jardín de España, edén de los árabes, paraíso de pintores y poetas, la feliz Andalucía… ¡no es un sueño! Madrid, Italia, Europa están a una gran distancia de aquí. Aquí se vive la vida, se respira el aire de otro mundo, estoy en oriente.”

 

Esta curiosidad y la mirada de los extranjeros europeos a la exótica Andalucía fueron los  responsables en dar a conocer lo que entonces era un baile marginal, y por esto mismo de una carga visceral impactante. Como si de  esto tratase, la catarsis provocada por la supresión y opresión de sentimientos y de su propia identidad.

La historia de Andalucía es reveladora para elucidar el carácter dramático y el desborde emocional del arte flamenco, como si en aquel momento fuese necesario abrir la herida para inmortalizar la historia.

Antonio Zoido Naranjo en su libro “Ni Oriente ni Occidente” nos sugiere cómo la historia de un pueblo configura las actitudes posteriores, revelando que la original  historia del territorio sureño español posee indicadores de traumas y olvidos fundamentales para entender la formación de un arte con tanto carácter como el flamenco.

 

“Cada tierra ha tenido su proceso histórico y en él se han dado determinadas vicisitudes. Cuando entre todas estas existe un concatenamiento político civilizatorio a través de los siglos, la noción de identidad se desarrolla más fácilmente que cuando  a lo largo del proceso histórico se han producido cortes bruscos y profundos en este sentido. Si hay una tierra donde estos cortes se han producido, esa es Andalucía.”

 

Antonino Manuel, en su obra “La huella morisca”, es aún más directo:

 

“Las frustraciones socioculturales producen resentimientos que determinan durante generaciones la personalidad del individuo.”

Para entender el movimiento de un cuerpo es necesario adentrarse profundamente en su historia más aun cuando esta  historia está marcada por  traumas y rupturas. El cuerpo  en movimiento revela el inconsciente, la danza mueve los recónditos más profundos de alma, si nos quedamos en la superficie puede que no bailemos jamás. Si hay algo positivo en la aparente historia traumática, característica del protagonismo singular de este territorio, es la expresividad de sus emociones a través de la danza. Dado que en situaciones límites no tenemos nada que perder, y que estar  al margen te desprende moralmente de la sociedad, los sentimientos afloran sin censura.

La conjetura mundial también favoreció este ambiente hostil,  dado que nos estábamos enfrentando al puritanismo característico de la edad media, así como a su afán por conquistar el poder a través de la profetizaron religiosa. Este periodo caracterizaría el fin de una época de apogeo y crecimiento, un momento de constantes conflictos.

Cuando nos referimos a la formación del territorio Andaluz nos remontamos a la entrada de los árabes en España en el siglo VIII y  hasta el siglo XVI, periodo extenso y dinámico de la historia de esta pequeña región,  donde  la intensidad de los acontecimientos marcaría el futuro, de forma consciente e inconsciente.

Cómo describe Antonio Manuel,

 

“Toda cicatriz encierra en sí misma un coktail esencial de memoria y olvido. “

 

¿Fue la hispana arabo-andaluza una puerta de Oriente en Occidente? ¿Cómo sucedió?

Aunque la historia tradicional habla de conquista y reconquista, refiriéndose a la invasión árabe, dichas descripciones son criticadas por muchos historiadores que no consideran la entrada de los árabes una invasión, dado que el liderazgo visigodos enfrentaba serias dificultades de poder, y que los judíos que vivían aquí apoyaron la entrada de los nuevos conquistadores. Además, no hubo una expulsión de los árabes puntual, dado que las alianzas realizadas muchas veces entre judíos, musulmanes y cristianos a lo largo de la historia de Andalucía crearon una unidad singular arabo-andaluza imposible de ser expulsada, ya que ella configuraba en sí misma la  propia España. Para Antonio Manuel Andalucía no es España, sino que España es Andalucía.

¿Qué sucedió? La profetización del islam llego al norte de áfrica, y desde allí de forma natural siguió el camino a Hispania. El comandante de la entrada era bereber (tribu del norte de áfrica de procedencia desconocida), entraron en España algunos generales procedentes de oriente, aunque en su mayoría eran reclutados del norte de áfrica y de origen bereber.

Al principio de la conquista había muchos conflictos entre facciones musulmanas, y solo se instauró un ambiente más pacífico con la llegada de Abderramán I, príncipe de la dinastía Omeya, que consolido el imperio andalusí, primero como Emir y luego como califato independiente de damasco.

Este fue el apogeo del Al-Ándaluz, la capital del califato era córdoba, donde el Emir mandó construir la mezquita sobre las ruinas de una iglesia visigoda, que pasó a ser referencia  de peregrinación de musulmanes, y que contribuyó a dar  a conocer andalusí en todo el mundo, dado que la mezquita era un lugar de estudio. Abderramán I sabia la importancia de la cultura para la formación de un sólido imperio, motivo por el cual en este periodo florecerán el arte, la tecnología y la cultura. El califa envió una caravana de camellos a oriente para traer libros con conocimientos de antiguas civilizaciones y mandó a traducir dichos documentos, fomentando así el conocimiento y aproximando aún más oriente de occidente.

Este periodo es de suma relevancia para nosotros, dado que este intenso dialogo entre occidente  y oriente permitió un rico intercambio cultural que posteriormente se expresará en la danza flamenca.

Heredamos así los refinados bailes, que aunque seriamente relacionados con el entretenimiento y el placer, eran también prácticas metafísicas de aplicación de conceptos esotéricos, físicos y astrofísicos. El cuerpo era una fuente inagotable de exploración del propio cosmos. En la  dinastía Omeya, la importancia de la filosofía como práctica iniciática era moneda corriente, las bailarinas que entretenían las veladas en los palacios eran en sus orígenes sacerdotisas. ¿Qué relevancia tiene esto?

Los actos ritualísticos religiosos ancestrales eran ritos de identificación, donde el cuerpo estaba a servicio de una fuerza divina que se personificaba de muchas formas, ampliando el espectro devocional, así como la amplitud de gestos y movimientos.

Aunque nos faltaron documentos visuales que ilustrasen tal refinamiento del conocimiento, al estudiar los antiguos imperios recogemos suficientes datos para poder afirmar que la riqueza de movimientos, característicos de las culturas orientales, llegaron a España y asentaron las bases de lo que más tarde se configurará como la “danza flamenca”. Pero, ¿cómo se configuraron las circunstancias para que la danza, que ocupaba un lugar de erudición, sabiduría y deleite, saliera a la calle y en un llanto de resistencia se reinventase de forma tan visceral?

Este periodo del Al-Ándalus fue marcado por conflictos y cambios. No podemos idealizar una Andalucía pacífica y armoniosa, eran tiempos turbulentos. La convivencia entre las religiones y culturas fue posible gracias a que los gobernantes estaban más preocupados en las luchas de poder de las distintas facciones musulmanas. Durante este periodo Andalucía pasó por las divisiones territoriales y de poder con las taifas, además de resistir al conflictivo periodo de los almohades y almorávides (tribus de origen bereber que reivindicaban una Andalucía más afinada con los preceptos religiosos del islam oriental, buscaban una forma autoritaria de aplicar el islam).

Aun así, el encuentro entre culturas que  existía en este rincón del mundo produjo un valioso material de intercambio cultural y enriquecimiento que dejó huellas  inmortalizadas en las nuevas creaciones que seguían su curso, aunque renegaban de los origines, no podían controlar las raíces profundas que allí se asentaron.

 

En el año 1.492, tras una gran peste que asoló a todo Europa, el puritanismo religioso se  hizo aún más latente, y la unión de los reyes católicos Isabel y Felipe terminaron de forma definitiva con el último reino musulmán en España, Granada.

Tras este momento, la persecución y discriminación se hizo muy imperativa, no quedó otro camino para los judíos y musulmanes, conversos o no, que la marginalización. Es precisamente en este momento de la historia cuando los gitanos llegan a Andalucía, y como  muchos historiadores describen, no había ambiente más propicio para que se quedasen que el sur de España, una perla oriental en occidente. Reconocían sus calles, sus hábitos, sus olores, y sus sabores, dado que como origen precedían de lo que habría sido la cuna de la civilización y del imperio más grande del mundo, los indo europeos y  los persas. Como una culebra de forma cíclica e infinita volvemos a encontrar la relevancia e importancia de oriente en la formación del baile flamenco.

Muchas veces hacemos referencia al imperio griego romano como nuestra fuente original, dado que antes de la invasión visigoda España era territorio perteneciente al imperio romano. Pero si buscamos en la historia encontramos que el Alejandro Magno no hizo un imperio, sino que ¡lo conquistó! El mayor imperio del mundo que  fue construido por Ciro El grande, emperador persa que construyó un extenso imperio que abarcó los territorios de lo que hoy conocemos como Irak, Pakistán, parte de Armenia, Afganistán, Turquía, Egipto, Líbano, Siria, Palestina, Jordania, Asia centra hasta el norte de la India.

Cuando  estudiamos la antigua Persia encontramos infinitas referencias e influencias de las antiguas civilizaciones, dado que para conquistar este extenso imperio Ciro incorporó  aportes culturales y singulares  de las distintas civilizaciones por donde entró, configurando así una cultura persa de amplios y vastos conocimientos. Sabemos que en esta época los ritos de fertilidad y fecundidad,  practicados en innumerables civilizaciones antiguas y muy famosas en sumeria en los templos antiguos llamados “Zigurat”, eran practicados en los solsticios por las sacerdotisas y eran reconocidos como parte importante de la configuración religiosa y ritualísticos. Fue precisamente en la antigua Persia donde se reveló la primera religión de salvación, en ella el devoto buscaba en la apertura del corazón y el la expansión del pecho una penetración de la luz divina. Mitraismo y zoroastrismo precedían las religiones abrahamica, eran iniciáticas donde el ritual metafísico estaba presente.

Es bien cierto que la influencia negra en el flamenco es de suma relevancia para su desarrollo, dado que el intercambio existente en las tierras andaluzas entre colonia e imperio proporcionó un enriquecimiento rítmico y libertario. Pero sin duda, en parte esta influencia sensual, sexual y hasta erótica pertenecía a la historia de las civilizaciones antiguas, donde la religión estaba asociada al ritual del placer y el éxtasis metafísico, el cuerpo era visto como un vehículo de conocimiento, trascendencia y placer.

 

Como bien lo describe Antonio Hurtado Mendoza sobre el flamenco en sus orígenes:

 

“ (…) de cintura para arriba son bailes nobles

de cintura abajo , dios le perdone.”

 

El surgimiento del baile flamenco se da por una amalgama de encuentros entre distintas culturas, por el espasmo de la necesidad creativa y el deseo de un lenguaje que describiese la supervivencia entre la diversidad y adversidad, es la voz del que silencia y reprende, la constancia del deseo eterno de autenticidad genuina de nuestra efímera existencia. Como nos describe Antonio Manuel, “Andalucía es una nación de cuerpo flexible y alma caleidoscópica.”

Sabemos del carácter híbrido de la danza flamenca cuando nos referimos al flamenco oriental, entendemos que aunque el desarrollo de la danza flamenca se da por la marginalización y opresión de los moriscos en España, y de  la gran influencia que ejerció la colonia en la zona portuaria,  principalmente de  la entrega de los gitanos eximios maestros del arte , cante y danza ,sabios , creativos e irreverentes; reivindicamos la búsqueda de la ancestralidad de la danza que configuro el ambiente andaluz.

La sensualidad y el erotismo están presenten en Andalucía aun antes del intercambio imperio-colonia. Las complejas formas geométricas, torsiones y angulosidades  son reminiscencias de una erudición dancística, donde el refinamiento estético era ilustrador de la íntima relación entre filosofía, astrología, cosmología y danza.

 

Aunque podríamos considerar redundante usar el término Flamenco Oriental, dado que el flamenco surge tras 800 años de permanencia de los árabes en territorio español, y que este periodo fue caracterizado por un fuerte diálogo entre el sur de España y oriente, me arriesgo a coincidir con algunos historiadores al afirmar que  España era un rincón de oriente en occidente, y que este periodo fue determinado por un crisol de culturas que aquí vivían, donde los conocimientos artísticos, económicos, y tecnológicos, procedentes de oriente, convergían de forma fluorescente. Debemos pensar sobre la relevancia de un mayor estudio respecto a dicho término, dado que la historia de España es marcada por abruptos cortes y olvidos, y que el flamenco nace de la marginalización de la gente procedente de oriente que vivía aquí.

Estudiar flamenco oriental es buscar las raíces del movimiento que hoy configura esta danza; reconocer que la geometría sagrada es la base de la formación de las danzas eruditas que eran realizadas como prácticas iniciáticas. Los rituales de fertilidad y fecundidad  son la base de la íntima  relación entre erotismo, sexualidad y sensualidad, atribuidos a la cultura andaluza, más allá de la relación posterior entre imperio y colonia. El cante flamenco, que determina tan fuertemente las composiciones dancísticas, es hijo de la importante práctica de la escritura poética, característica del Al Ándalus, que  en sí misma configura la danza flamenca como una danza teatro, donde la expresividad desabrocha sin pudor ni moralismo, factor que caracteriza e inmortalizar la creación del flamenco como obra de procedencia gitana. Los gitanos son un pueblo nómadas de origen oriental que posee sus propia organización y viviendas, al margen del ambiente en que se inserten, y que encuentran en el sur de España un rincón que les remite a sus propios orígenes. Somos seres permeables, y el panorama de marginalización social que se configura en la España de las cruzadas y de la inquisición es el dramático contexto que impulsó la visceralidad creativa.

Quitando la historia de luchas de poder y pertenencia, hay más cosas que nos  unen de las que nos separan, las diferencias son las especias que completan el plato, pero nunca serán el alimento en sí, son aromas y sabores tan relevantes y apreciados en aquel inolvidable periodo Al Ándalus.

 

 

Patricia Passo