Las emociones crean las acciones, así es el baile y el arte gitano. Son eximios artistas, capaces de acceder a una voz intuitiva y a relaciones primitivas, vaciarse para fluir, menos peso y herencia, más vivencia  y contacto.  El arte gitano expone las vísceras, la herida abierta, donde el dolor es luz.

 

Fuente: Revista edanza Num. 54

Fotos: Ekim, Okhan Navas, y archivo personal

Existe un aura mística sobre dicha etnia, Jung lo explicaría desde la importancia arquetípica de dicha mitología. El imaginario de la guapa gitana con sus airosos brazos, meneando sus anchas caderas y seduciendo al viril gitano, a quien embriaga con sus movimientos y gestos. Éste se dejaba invadir por una voluntad delirante y pasional, donde la seducción y el romance configuraban la inmortalidad de la pasión. ¿Quién no cerró alguna vez los ojos y se dejó llevar por estos ensueños? ¡Sí señores, dejarnos soñar! ¡Que no nos quiten lo bailado! ¿Qué más da?

Sabemos cuán ilusoria es nuestra estructurada y rígida realidad; dejar que la ilusión sea parte de esta efímera existencia y contactar con nuestros deseos más profundos se hace desde tiempos lejanos, a través de símbolos y mitos, nuestros ancestros alimentaban sus mitos para mantener sana sus existencias. Nuestra cultura opresora juzga y califica de irreal, caricato y hasta infantil nuestros personajes mitológicos, ¿acaso dar rienda suelta a estas historias no sería la forma de alimentar nuestro instintos y deseos? Esto para algunas líneas terapéuticas es señal de salud.

Sí señor ¡una falda ancha puede ser liberadora! ¿Acaso éste no sería el propósito del arte? Crear nuevas realidades para quitar la pesadez de nuestra vivencia encarnatoria.

Yo ya me critiqué, juzgué, cuestioné, limité… ¡y lo  único  que conseguí fue perder el viaje! empiezo este articulo por el final, deseando que bailemos más, movamos la falda aireando nuestras piernas y sexo, moviendo la tierra dejemos que los giros embriaguen nuestros sentidos y que el mareo ablande nuestros corazones, porque provocar los sentidos agudiza la existencia.

Aunque los libros, los estudios, los videos  las charlar, los viajes y  las vivencias me hayan enseñado una realidad gitana muy diferente a esta aura mística, una historia de destierro, pobreza, marginalización, persecución, y miseria; nada más paradójico, y por lo tanto real, que la otra cara de la moneda reluzca como oro en el inconsciente colectivo.

Son dudosos sus orígenes, aunque la mayoría de los historiadores están de acuerdo en atribuirlo al norte de la India. Según un escritor persa, en el siglo VII habrían llegado a Irán algunos músicos provenientes de la India para tocar en las fiestas de la corte del  imperio sasánida, este paso de los gitanos por Irán es definitivo dado que es allí donde aparece el “Laúd”, instrumento que será la cuna de la guitarra flamenca. Parece ser que desde Irán se dividieron en dos ramas, unos fueron hacia los Balcanes, y los otros cruzaran Anatolia, llegando por fin a Grecia, donde se quedaron varios siglos dada la gran influencia lingüística del griego al idioma romaní, y por fin llegarían a la península ibérica en el siglo XV.

Se mueven en cuadrillas, viven de atracos y asaltos, no tienen carácter guerrero ni bélico, se dedican al robo y al hurto, viven del lucro, la buena vida y de forma nómada en agrupaciones. Su carácter llama la atención de la gente, y según palabras de George Borrow “tiene dificultad para aceptar una conducta tan lejana a las conductas sociales convencionales.”, “como si no fueran seres humanos, sino de alguna especie irracional y estuviesen dotados en lugar de la razón de algunos instintos (…)”. Interesante observación, dado que es justamente este instinto el que coloca a los gitanos en una posición de eximios artistas. Conectados con la parte más primitiva del cerebro, como hoy estudiamos en neurociencia, capaces de acceder a una voz intuitiva y a relaciones primitivas. Existen ya demasiadas discusiones y polémica alrededor de la temática de los gitanos, no pretendo con este artículo provocar polémicas ni enaltecer o inferiorizar dicha etnia, escribo solo para todos aquellos que se sienten o sentirán atraídos por este pueblo.

Sugiero una reflexión más allá de los pasos formales y virtuosos del baile, o de su creativa e irreverente música. ¿Será que lo que nos acerca es esta necesidad de aproximarnos a lo instintivo y genuino? puede que busquemos esta libertad de movilidad que está al margen del comportamiento humano.

Siguiendo la huella de sus formas y conductas encontramos en las impresiones del autor Bernard Leblon, quien escribe un ensayo sobre las correlaciones entre tradiciones andaluzas y música gitana, las siguientes citas:

 “….esta música dicha “gitana” no es otra cosa, durante tres siglos por lo menos, que unos elementos del folclore peninsular y de música popular hispánica, ejecutados por gitanos a la manera gitana´.”

 

“…es lógico pensar que los que tocaran música turca para los turcos, folclore griego en Grecia, antes de interpretar bailes españoles para los indígenas de la península, pudieran adaptarse también a la zamba de los moriscos (…) “

 

Sobre la misma temática nos comenta de forma semejante Borrow:

Es difícil precisar una herencia gitana en la historia de la música, no hay algo autóctono, dado que eran eximios maestro en la ejecución de lo que más agradaba al público por donde pasaban. Sus destrezas les enriquecían y convertían en simios imitadores, no es que no tuviese una forma única de interpretar (…)”

 Una característica de esta forma singular era una especie de creciente éxtasis catártico que, aunque por momentos pareciese grotesco, entusiasmaba al público (precisamente de eso se trataba).

Como diría Prosper Mérimée “la música de los cíngaros hacia perder la cabeza a las gentes del país.”

Como ha quedado claro anteriormente, no se trata de discutir pertenencias, ni cargan sus espaldas con herencias por donde pasan; olvidan el pasado e improvisan el presente. La creación y ejecución del paso está vinculada a la emoción del momento en total conexión con los deseos del público, un canal fluido entre emisor y receptor.  Algunos cuerpos están tan llenos de vocabularios y recursos que la expresividad queda en el olvido bajo mecanicismos y virtuosismos técnicos. Vaciarse para fluir, quizá esta conducta amoral de absorción y apropiación de recursos desconcierte nuestras formas, pero puede que sea exactamente eso que lo que buscas en este arquetipo… menos peso y herencia, mas vivencia  y contacto.

Sobre apreciaciones del arte gitano, buscando en libros informaciones que me pudiesen hacer abandonar la teoría y entregarme a la experiencia encontré esta cita: en palabras de Jarko Jovanovic (autor del Himno Internacional Gitano “Gelem Gelem”)

 

“El arte musical de los rom es una filosofía de los sentidos.”

 

Sobre el arte y la composición de la música rom:

Que hiere el corazón: fuerte, noble y llena de dignidad.

Que hiere la emoción: ardiente, arrebatadora, tempestuosa, inmoderada, erótica, frágil, sutil, amarga y llena de sufrimiento amoroso.

Que hiere la cabeza: revolucionaria con tendencia unitaria.

 

Ay… ¡cuánto podemos filosofar sobre la filosofía de los sentidos! Somos seres sensoriales por naturaleza, sentir es nuestra certeza vital ¿dónde nos hemos desviamos del camino y hemos escondido nuestras sensaciones? Lowen tiene una frase épica: “sentir  es la naturaleza del alma así como mover es la naturaleza del cuerpo.” Para que esta alma exprese, el cuerpo, la materia, se entrega al alma poniéndola en movimiento. Nada puede ser tan contemporáneo que no sea ancestral.

Sobre las distintas heridas, es eso, el arte gitano expone las vísceras, la herida abierta, donde el dolor es luz, sin anestesia y le hace sentir grande. Fijaros en estas palabras: fuerte, noble, ardiente arrebatadora, tempestuosa, inmoderada, erótica… estos son los pasos. En mis clases digo que los pasos salen de allí, las emociones crean las acciones, no al revés, así es el baile y el arte gitano.

Y sigo buscando inspiración para haceros  sentir más que  pensar, (aunque esté aquí escribiendo, mi pecho está ardiendo por dentro y sigo estas líneas delectándome con un buen vino tinto).

En el libro de George Borrow, que por cierto en el mismísimo prologo escribe que  no se puede estudiar a los gitanos en los libros (le admiro aún más por dedicarse de forma exhaustiva a algo que carece de explicación, cuanto más estudio menos se y más siento). En un apartado, Borrow describe la mirada de los gitanos:

 

“su peculiaridad consiste principalmente en una extraña expresión parada que no puede comprenderse más que viéndola, y en una tenue barniz que se desliza sobre ellos cuando están en reposo y parece emitir destellos fosfóricos”.

 

 

Cuántas miradas pasaron por mi vacilantes, sin foco, opacas y vidriadas. Para mirar dentro hay que mirar con profundidad, los ojos son tridimensionales, al fijar la mirada podemos ir penetrando lentamente… por las camadas de la epidermis hasta llegar a las vísceras y fluidos.  La mirada penetrante  de los gitanos busca la herida profunda, donde las almas se encuentran. El barniz de sus ojos es el brillo natural de la presencia, cuando experimentamos vivacidad nuestros ojos se lubrifican como se estuviésemos viendo por  primera vez. Cuando pasamos tiempos ausentes los ojos se secan, necesitamos llorar para lubrificarlos, la mirada profunda y viva exige presencia ¡éste es el legado!

 

Patricia Passo