Enseñar para aprender. Es un proceso apasionante, visceral y trasformador.La maestría está en la conducción que es singular y dependerá de la sensibilidad y entrega del maestro. La finalidad no es la adquisición de una cantidad de saber, sino la indicación de saber-ser, un saber sentir.

 

Fotos: Javier de Cos Lara y Aurea Fotógrafos

Fuente: Edanza Nº59

 

Como practicante de Sidha Yoga aprendí, entre otras innumerables cosas, a formularme propósitos. Esta práctica me enseñó como la mente está dispersa en las acciones; observándome percibí como estamos ausentes en lo cotidiano, en pequeñas acciones y grandes: caminar, sentarse, comer o desarrollar un proyecto, gestar algo, crear. Hay un flujo vital que te empuja hacia adelante, es cierto, pero puedes ir tambaleando, a ciegas, sin saber por dónde pisas o, por el contrario, puedes ir vivenciando cada pisada: desglosar el pie en el suelo, percibir la fragilidad del equilibrio y así la conquista de tu verticalidad y la ingeniería que está detrás del más simple movimiento. La automatización descuidada provoca ausencia. Tener un propósito ayuda a situarse constantemente en los flujos y reflujos de la vida. Ponernos retos es una práctica que nos ayuda a mantener el foco.

Al final de cada clase que doy cerramos con un saludo (una práctica oriental de unir las manos y hacer una reverencia interna) y todos los días este gesto me posibilita reafirmar mi propósito. Todos los días, en cada clase, mi mente enfoca en lo mismo: quiero interactuar durante toda mi vida con la docencia, quiero ser vehículo de aprendizaje y reconexión, y agradezco y reitero para mí misma la importancia del camino que elegí.

Existe algo mágico y trascendental en la docencia, algo se revela a través de mí, algo mucho más grande que mi saber. Este misterio es mi alimento, es un lugar muy íntimo, ¿qué lugar es ese?

 

En la universidad era conocida como la profesora de los por qué… preguntaba infinitamente hasta llegar a al momento desesperador del vacío de la ignorancia donde la voluntad general era responder: ¡POR QUÉ SÍ! Yo podía, y puedo, seguir horas indagando ya que las respuestas son relativas e infinitas, ¡así como las preguntas!

En palabras del catedrático Enrique Gervilla: preguntar supone ganar distancia, desplegarse de la atadura de la experiencia sensitiva y poder contemplar desde un horizonte diferente, el horizonte de la conciencia.

Percibo que a cada revelación de la conciencia encuentro una nueva capa, que los desdoblamientos son infinitos y que en cada descubrimiento se reafirma mi propósito de todos los días: enseñar para aprender. Es un proceso apasionante, visceral y trasformador.

He reflexionado mucho sobre las resistencias que existen en el proceso de aprendizaje y claro que las singularidades del cuerpo de cada una ya de por sí representan un desafío para el profesor de danza, pero percibo que hay que tener presente algo más profundo acerca del tipo de relación que cada uno establece con su propio cuerpo. Esta cita me ha dado mucho que pensar: “no es posible educar un cuerpo si previamente no nos damos respuesta a la pregunta: ¿qué cuerpo queremos educar? ¿un cuerpo contra el alma? ¿un cuerpo junto al alma? ¿un cuerpo subordinado al alma?”  Sobre la dualidad cuerpo-alma hablaré en un otro momento, pero no puedo olvidar que en nuestra cultura occidental este dualismo es operante. Entre las variadas lecturas que hago, encontré David Le Bretón, un antropólogo del cuerpo con el cual siento una enorme empatía por su forma tan sensible y delicada de hablar de los cuerpos. De su extensa obra os comparto aquí algunas perlas de inspiración y aliento sobre la maestría. Me han dado que pensar y me han alimentado. Espero que hagan lo mismo con vosotras que me leéis.

 

 

Sobre la plasticidad del cuerpo:

“el proceso de aprendizaje no se interrumpe jamás. El hombre nunca se encuentra encerrado por su educación. Siempre le es posible ir más allá, abrirse a nuevas experiencias, acceder a otros aprendizajes… el reciclaje de la memoria y las técnicas del cuerpo prosigue a lo largo de la vida”

La educación puede opera de forma opresora, limitando nuestros horizontes. De padres a hijos pasamos la información de que la madurez es el momento de empoderarte de lo que sabes ya sin dejar espacio para nuevas conquistas. El resultado es la soberbia o una profunda frustración por no poder seguir el flujo infinito del conocimiento y en este lugar de arrogancia y limitación ¡la ignorancia es la reina! Sé que cada cuerpo maduro que entra en mi clase ha tenido que pasar por este cuestionamiento a diario y por eso mi más profundo respecto a las que superan esta limitante creencia.

 

 

Sobre el oficio de la maestría:

“el profesor camina sobre el camino del otro sin obligarlo jamás a despojarse de sí mismo. Acompañando el movimiento intelectual del alumno saca a la luz aquello que el otro sabía sin saberlo. La evidencia del saber encontrado por el alumno no es más que una construcción de la habilidad del maestro que provee las mejores condiciones para el despliegue de la inteligencia”

El conocimiento es único, las vías para llegar a él son distintas. Las bases de cualquier educación corporal pasan por la humanización del cuerpo. El entendimiento metafísico está atado al conocimiento físico. Lo que nos diferencia son matices, no esencia. Si la transmisión del saber pasado por el maestro cobra vida en el cuerpo del maestro, siendo así activa y verdadera, tomará forma en el cuerpo del alumno porque en esencia somos iguales. Lo que nos une es mucho más potente de lo que nos separa. El alumno, aunque inconscientemente reconocerá este lugar orgánico y armónico y la sensación de integración, experimentada cuando la sabiduría habita el cuerpo, pertenece a todos, es naturaleza. La maestría está en la conducción que es singular y dependerá de la sensibilidad y entrega del maestro.

 

Sobre contenidos:

“La enseñanza del maestro reside en una relación con el mundo, en una actitud moral, más que una colección de verdades envueltas en un contenido inmutable apunta a una verdad particular que el alumno debe descubrir por sí mismo. La finalidad no es la adquisición de una cantidad de saber, sino la indicación de saber-ser, un saber sentir… una apertura del sentido en el cual el alumno se convierte en artesano”

De esta manera las barreras y ocultaciones del saber no sirven más que para enseñar al maestro su ignorancia y temor. El conocimiento solo se transforma en saber cuándo es procesado por el individuo. La información transmitida es el principio de la relación aprendizaje-aprendiz, pero no es el objetivo y mucho menos la finalidad. Mientras el conocimiento no trasforme, nada fue aprendido.

Sobre el éxito:

Toda transmisión se apoya en una cualidad de presencia”

Al final de todo, el estado pulsátil de la existencia es la forma de tocar la verdad. Todo está hecho y todo está por hacer. Enseñar es deconstruirse todos los días para, desde de una profunda presencia, permitir el flujo del saber. Lo que cristaliza muere, por eso no existen verdades absolutas.

Sobre pedagogía:

“Toda pedagogía es por ende una antropología, ofrece los elementos de un saber parcial, pero también trasforma la existencia, ampliando la sensibilidad ante al mundo’’

Soy antropóloga porque soy bailarina y necesito entender al hombre y la cultura, son las herramientas de mi trabajo. Es como si un médico fuera a una cirugía sin el bisturí… La separación y especificidad de las carreras es algo contemporáneo, el profesor de danza moldea cuerpos que tienen historias y culturas en sus entrañas y se hace imprescindible, si quieres ir fondo en la docencia, el conocimiento de nuestra historia personal, así como nuestra historia general.

 

Sobre la singularidad:

“La persona del profesor es tan importante como el contenido que trasmite, se aprende más a través de la forma de una enseñanza que a través de su contenido explícito”

El contenido es absorbido y absorbe al otro, así como nuestro organismo separa los nutrientes y de forma perfecta encamina los desechos, consolidando el ciclo de la naturaleza. El conocimiento es procesado por el profesor y cuando este sistema funciona, genera energía y nutrientes. El profesor es un alquimista.

 

Sobre el despertar:

“El principio del aprendizaje traduce el hecho de que es posible deshacerse de nuestros hábitos motrices y respiratorios, de los bloqueos o del olvido del cuerpo que impera a menudo en el curso de la existencia”

El cuerpo esta encarnado deseando ser trabajado, es tu deber encontrar el espacio para que esto ocurra. Cuando está trabajado el cuerpo se vuelve plastilina, lo físico se aproxima a la espiritualidad porque somos seres integrales y menos concretos de lo que parece.

 

Sobre la trascendencia:

“El cuerpo es la materia prima que hay que trasmutar para generar un conocimiento sobre sí mismo capaz de cambiar la vida”

No existe abstracción sin materialización, el cuerpo es un vehículo. No es el fin, es el medio para ¡experimentar!

 

Sobre calidad de vida:

“la danzas una herramienta que alimenta una conciencia de sí y una distancia propicia del mundo “

Buscar el extasiáis en el mundo es generador de frustración y recalque, la conciencia son los cubiertos que te permiten degustar las delicias mundanas. Ser observador de uno mismo y encontrar el mundo en sí es libertador.

 

Por todas estas nutritivas citas, yo reitero mi propósito, ser eternamente canal es mi mantra.

 

Patricia Passo.