El hombre es fruto del entorno en el que vive, recibe estímulos de él y se expresa a través de él. Todos los individuos reciben una información determinada de todo lo que los rodea en el tiempo y lugar donde viven, distinta a la que recibiría si hubiese vivido en otro tiempo y en otro lugar. Esa información producirá en el hombre unas sensaciones, unas emociones, unos sentimientos que podrán ser expresados mediante la danza.

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Fuente: Revista Hidden Arts Nº2

 

Rudolf von Laban llegó a la danza de forma inesperada. Durante un largo periodo estudia varias disciplinas artísticas, sin definirse por ninguna en concreto, pero finalmente decidirá dedicar su vida al estudio del movimiento. Para él, la danza es la más alta forma de expresión y la forma más directa en la que el individuo puede conectar con el arte.

Debido a la carrera militar de su padre, Laban visitó países de Europa del Este, Oriente Medio y Asia Menor, entrando en contacto con su cultura y manifestaciones artísticas. Este hecho, le proporcionó una visión más amplia del mundo y el arte como manifestación cultural, lo que constituirá la base de su pensamiento. La importancia otorgada a Oriente a través del desarrollo de su técnica, no es un proceso de casualidad, sino que es fruto de una previa necesidad de encontrar lo que busca. Para Laban, el primer estímulo será la danza de los derviches. Al contemplar el trance bailado de los sufis, se da cuenta de que, más allá de un mero espectáculo, la danza es el medio de expresión espiritual de las culturas orientales.

La danza es, para Laban, en cada sitio, en cada momento, la danza del hombre de su tiempo y en su lugar geográfico. El hombre es fruto del entorno en el que vive, recibe estímulos de él y se expresa a través de él. Todos los individuos reciben una información determinada de todo lo que los rodea en el tiempo y lugar donde viven, distinta a la que recibiría si hubiese vivido en otro tiempo y en otro lugar. Esa información producirá en el hombre unas sensaciones, unas emociones, unos sentimientos que podrán ser expresados mediante la danza.

Ésta será la idea que impulse sus reflexiones, la danza como parte de la cotidianidad. La cotidianidad del hombre en la época de Laban será la del trabajador industrial, de ahí, que él pueda llevar sus reflexiones a este ámbito, lo que no justifica los pensamientos simplistas que propugnan que Laban preconizaba una danza mecanizada.

Y es que el maestro está convencido de que la danza debería ser integrada a la vida de las personas, que están supeditadas a un ritmo y unos movimientos antinaturales impuestos por la forma de vida. Cree firmemente en los poderes educativos y terapéuticos de la danza. Así pues, considerando la danza como movimiento, plantea que debe practicarse en todos los ámbitos sociales, y que todas las personas deben ser educadas teniendola en cuenta.

Con esta convicción, Laban pretende, por un lado, acercar los beneficios de la danza a los colectivos como forma natural de expresión del hombre, que debe ganar conciencia corporal conectando con su propio ritmo interior, y por otro, dejar constancia de estos beneficios mediante la elaboración de un sistema de naturaleza didáctica.

La danza se torna accesible porque para él es intrínseca a la naturaleza humana. Así su técnica se basa en la observación de movimiento y del ritmo interno de cada ser humano. La danza puede despertar en el hombre la noción corporal, que tiene el poder de integrar al ser individual en el colectivo. El hecho que la trayectoria de vida de una persona como Laban, que estudió tantos aspectos de la danza, empezara precisamente por la filosofía de la misma y no por la ejecución del bailarín, proporciona para a la historia una visión de globalidad del movimiento con objetividad, lo que pudo hacer que Laban precisamente por ello extrapolara la danza y la sacara del ámbito de su mera interpretación; para él, la danza se encuentra en todos los aspectos de la vida.

Para Rudolf von Laban la danza es arte, es poesía. Pero no poesía por la belleza estética de una forma predeterminada. Es la poesía del hombre, de la expresión de su interior a partir de la forma artística más cercana a él, a través del movimiento, que le permite exteriorizar sus emociones partiendo de sí mismo como herramienta.

Su gran aporte a la historia de la danza consiste en la elaboración de una metodología, legado del cual, hasta la actualidad, la danza contemporánea se nutre. Su gran inquietud era la educación para una nueva danza, por considerar el movimiento como la unión del aspecto corporal y el anímico. A través del autoconocimiento y de la inteligencia corporal, el hombre puede bailar. La técnica es el proceso de concienciación que facilita el trabajo corporal como instrumento para el arte y la terapia. El valor atribuido a la danza es sobre todo de carácter educativo.

La idea de integración de cuerpo y mente enlaza con la de rito algo que pudo observar en el baile de los derviches. Su cultura les permite exteriorizar sus más íntimas verdades a través de la danza, es la unión del rito y la danza. El concepto de conexión con el interior y exteriorización que Laban quiere devolver al ciudadano de Occidente, da esta posibilidad al hombre integrado en su entorno. Para ello elabora un método que permite educar en base a este principio integrador. En este sentido, Laban es un trasgresor del convencionalismo en la danza y la pedagogía.

Análisis del movimiento de Rudolf von Laban

Los tres elementos que Laban considera necesarios para la existencia de la danza son:

  • Movimiento
  • Espacio
  • Tiempo

Poseen distintas características susceptibles de ser analizadas con detalle pero todos se deben enmarcar en ese halo integrador que propugnan las teorías de Laban, ya que los tres son parte de la misma realidad.

El movimiento

Para definir las cualidades de los movimientos se debe dar respuesta a las cuatro preguntas siguientes:

  • ¿Qué parte del cuerpo se mueve?
  • ¿Cuál es la dirección del movimiento en el espacio?
  • ¿Cuál es la velocidad de la ejecución del movimiento?
  • ¿Cuál es la intensidad de energía muscular que se utiliza para realizar el movimiento?

El origen del movimiento es interno, de ahí la importancia otorgada al eje gravitacional. Es un punto energético, generador de energía vital e intersección entre puntos. El eje, es la referencia del movimiento, en cualquiera de sus posibilidades que son dos: los centrífugos, que parten del centro del cuerpo, y en los cuales el movimiento se realiza hacia el exterior, desde el centro del mismo hacia las extremidades y el final de éstas.

O bien, los movimientos centrípetos, que son aquellos en los que el movimiento parte del exterior y se dirige al centro del cuerpo, dibujando el recogimiento del mismo.

En cualquiera de las dos variantes, todos los movimientos tienen en común la transición de una corriente de energía, es el flujo del movimiento, tan utilizado en la Danza Moderna, bien en sus caídas y recuperaciones en un punto muy cercano al suelo, sin perder la atención ni dejar escapara una gota de este flujo de energía; toda la danza en sí, es un juego entre el equilibrio y la pérdida del mismo. Se puede controlar este flujo del movimiento, dominando la conexión entre cuerpo y mente.

Ser conscientes de esta relación y la educación en la misma, en cómo el entorno influye en nosotros; trasmitir expresivamente las emociones producidas, fomenta el autoconocimiento.

El espacio

Trazando la línea diagonal sobre un dibujo que represente el cuerpo humano, se observa que se pasa de la bidimensionalidad a la tridimensionalidad, lo que permite desarrollar el concepto de volumen. Esto se traduce en que se puede entender el movimiento desde tres perspectivas:

  • El movimiento interior
  • El movimiento propio
  • El movimiento distante

La tridimensionalidad constata la idea de que los movimientos centrífugos empiezan en el espacio íntimo, es la sensación del movimiento que lleva a la acción (movimiento propio), y la acción que hace traspasar el espacio que dista del propio cuerpo. Ver figura 1.

Los movimientos realizados por el hombre a partir de su centro gravitacional hacia el espacio exterior corresponden a lo que Rudolf von Laban llamaría “kinesfera”. La kinesfera vendría a ser el aura, es decir, el campo energético perteneciente a un individuo (muy relacionado con la idea gráfica de burbuja). Ver figura 2.

Según la teoría de la kinesfera, la burbuja que podemos formar a partir del trazado de líneas establece en el espacio todas las direcciones posibles alcanzables por nuestro cuerpo en el espacio, que son doce, fruto de la combinación de las tres dimensiones (dimensión vertical o altura del espacio, horizontal o anchura del espacio, y transversal o profundidad del espacio) con sus posibilidades de variación (arriba y abajo, izquierda y derecha, y delante y detrás, respectivamente). Este trazado de líneas es responsable de la compensación de fuerzas en cuanto a la simetría y la conservación del equilibrio corporal.

El tiempo

Entendemos el tiempo como la sucesión de intervalos y silencios que componen una secuencia rítmica. El ritmo orgánico hace referencia al sonido interior, es decir, el ritmo personal que posee nuestro organismo, el ritmo corporal, cuya comprensión es fundamental para que la acción o el movimiento primordial fluyan a través del propio cuerpo. El ritmo interior es muy importante, pues la primera acción de moverse a través de la danza parte del estímulo y sonido interior. Así, según Rudolf von Laban, la observación del propio biorritmo es esencial para la utilización del cuerpo como herramienta.

La percepción del ritmo interno del cuerpo y su pulso respiratorio, son utilizados por el bailarín para expresarse, creando su propio vocabulario de movimientos. La percepción del propio ritmo interior es el comienzo del desarrollo de la acción de moverse, que se irá acelerando según la propia necesidad o pulsación.

El segundo elemento temporal es el ritmo externo, con el que se hace referencia al entorno en que se vive. El hombre no es sino un relato vivo de la historia y del medio ambiente en el que se desenvuelve; el entorno en el que vive le condiciona. Para Rudolf von Laban, tal y como se ha expuesto, el hombre moderno está condicionado a hablar con su cuerpo del momento histórico en el que vive.

Principios del movimiento de las danzas étnicas. Relación con las teorías de Laban

Las teorías desarrolladas a partir del pensamiento modernista y de vanguardia, propiciaron la apertura de nuevas vías y abrieron el universo de la danza, admitiendo, que mientras la esencia del movimiento creador se mantuviese, el vocabulario de los movimientos podría cambiar. Esto nos ha aportado una gran riqueza creativa, y aunque la forma clásica pueda ser de gran ayuda, nos hemos permitido la aceptación de que otras formas corporales que no están catalogadas por la danza clásica en su sistematización, sean debidamente tratadas como la expresión del cuerpo en movimiento.

En los principios básicos de las danzas étnicas, se encuentra la base de las reflexiones acerca del movimiento que empiezan a tener lugar a comienzos del siglo XX. Ver figura 3.

Algunos pilares fundamentales de las danzas orientales son estudiados hasta la actualidad y no cambian de cultura en cultura. Son así mismo, referencias del principio expresivo del hombre primitivo que ansía expresarse y que configura el rito como parte importante de su sociedad. Tales principios, reflejan una clara relación entre las teorías de Laban y la técnica de las danzas orientales. Algunos ejemplos son los siguientes tres principios:

 

Importancia del eje gravitacional

Asociado a la fertilidad y a la perpetuación de la raza humana, el hombre primitivo considera este punto fundamental para sus danzas. Queda patente en las técnicas sumamente rebuscadas de los movimientos pélvicos en Medio Oriente. También, es claramente apreciable en la complicada técnica de pies de la danza clásica de la India, donde los pies de la bailarina, rodeados de cascabeles, golpean rítmica y vivamente el suelo, como si desearan remover la tierra para estimular su poder creador. Ver figura 4.

La danza clásica fue la responsable de mantener el equilibrio, y sin duda, para las precursoras de la danza moderna, fue el punto de liberación, de ruptura con la técnica clásica. Para Martha Graham era el corazón, y Laban lo utiliza como parte de referencia de los ejes, es una especie de punto de partida. La tridimensionalidad espacial y el espacio interior. Está representada por los movimientos característicos de la danza oriental (las ondulaciones del vientre son movimientos que parten del eje gravitacional y transitan por la kinesfera). Ver figuras 5 y 6.

La noción de burbuja o aura energética se puede apreciar fácilmente en la danza hindú, que considera la misma idea del cubo imaginario para explicar la extensión de los movimientos de las extremidades, y se percibe al ver una bailarina de danza de la India bailando: cuando lo hace, casi se puede observar la delimitación de su campo energético, dado que la importancia para esa cultura del espacio interior y la esfera magnética son enormes. Ver figuras 7 y 8

La danza clásica occidental había alcanzado el máximo grado de espacialidad, dado que procede de los bailes de corte. Así pues, la danza moderna busca el rescate y la percepción del espacio propio, hasta como punto de percepción personal y de reconocido carácter terapéutico. Vuelve la danza al individuo, lo que posibilitaba el uso del movimiento introspectivo como vehículo de la propia expresión y de auto conocimiento.

El uso de movimientos circulares

El hombre primitivo reconoce la necesidad de estar en círculo desde el descubrimiento del fuego. Esta formación era utilizada para calentar el cuerpo y cocinar. Los individuos se colocaban alrededor de la hoguera ya que percibían que en el círculo el calor no se dispersa. Los primeros movimientos de la danza son circulares, intentan retener el calor y provocar en el hombre una acumulación energética que producía la sensación de embriaguez. Los movimientos circulares tienden a proporcionar placer y a facilitar la circulación de energía, provocando una sensación de calentamiento. Visualmente representan la afectividad y la emoción. Ver figura 7.

Laban ratifica la importancia de los ochos y del trabajo en espiral para dejar fluir el movimiento: es necesario sentir el hilo conductor que reecorre el cuerpo, la cuerda imaginaria de energía que al accionarse dando vueltas no se dispersa. Esta es la base de los movimientos de la danza oriental. También, se puede reconocer su utilización en todas las danzas primitivas, que utilizan las repeticiones circulares como una especie de trance. Otro ejemplo procedente de las danzas étnicas, es el de los giros sufís de los bailarines derviches sobre sí mismos, que acontecen repetidamente hasta el éxtasis absoluto y la sensación corporal de integración cósmica. Ver figura 9.

 

Patricia Passo