El año 2020 sigue su curso y su propósito arrastrando la esperanza de la inconsecuencia de la inconsciencia. Es decir, todo aquello que no imaginábamos, hasta cosas que de forma intuitiva o instructiva conocíamos pero preferíamos obviar para seguir disfrutando de la ignorncia que alivia y aligera el sendero, ¡ha ocurrido! Nuestro cotidiano se ha derrumbado, cayendo sobre nuestras cabezas, bajo las armas de nuestro guerrero Marte en sitio ariano.

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Fuente: Revista EDanza Nº63

 

Desconocer e ignorar ya no es una posibilidad. En la lucha del cuidado colectivo y de cuidado individual, estamos siendo obligados a cuidar.

«Hacerse cargo». Una expresión que los capricornianos suelen entender bien y bajo su gran influencia astral la responsabilidad es un hecho.

Como terapeuta y profesora acompañe varios procesos a lo largo de este año, donde el dilema primordial era: este fardo es demasiado grande, me quiero librar del peso de mis propias decisiones y acciones echando los residuos sobre cualquiera que se pueda hacer responsable, porque ante la impotencia de sentirme implicada en frustraciones y temores, sis desespero me puede y echar todo esto que me parece «ingestionable e indigerible» encima de los demás es lo único que me queda.

Me quiero librar del problema. A lo largo de los meses, este discurso ha ido ganando una tónica juzgadora y revoltosa, bilis y sangre corriendo por las venas sin que nos demos cuenta de que estamos intrínsecamente ligados a lo que estamos viviendo y la única opción que nos queda es encarnar, habitar el propio cuerpo en la tierra, con todo lo que esto conlleva. Muchas y muchos pensando «esto no me corresponde», «no quiero estar aquí», mientras los cuerpos tóxicos delatan toda la miseria interna.

Frente al shock de consciencia y al llanto de la impotencia se abre camino en pánico a tener que actuar, en un principio sin claridad y finalmente con una visión genérica que es impiedósamente molesta cuando de pronto nos damos cuenta de que yo soy cocreador del problema.

Algo está pasando en todo el planera, algo que sencillamente no queríamos ver, prefiriendo convivir con los ojos vendados y entreteniendo al alma para no sentir el dolor. La cuestión es que este algo está pasando, no ocurre solo a larga escala, ocurre en cada microorganismo que aquí habita, así que, si hasta el momento intentaste escapar, tirando tus desechos sobre los demás, es inevitable implicarte. Hacerte responsable ya no es una elección, es más bien la única cosa que puede recolocarte en este incómodo caos.

Como sociedad necesitamos leyes y normas que nos faciliten el pensar que nuestros actos tienen consecuencias y, a día de hoy, después de tanto silencio moral y sin estas indicaciones, parece que el sentido común falla. Los cuerpos sedientos de placer momentáneo y egocéntrico se olvidan que uno de los mayores placeres del mundo es cuidar.

Cuidar actualmente se entiende como una obligación social maternal y denuncia claramente el mandato patriarcal en que estamos todas y todos insertos. Este concepto de cuidado implica abstinencia, sacrificios, dolor y renuncia; acciones que seguramente provocarán cobranzas, porque, como digo anteriormente, si no aprendes a cuidar verdaderamente de tí mismo, tampoco sabrás lo que hacer con la propia frustración, y sin valor y amor propio, cuidar del otro es un fardo y no un placer.

No sabremos cuidar a nadie, ni a nada, incluido el planeta y todos los seres involucrados, si no sabemos cuidar de nosotros mismos.

Esto es muy importante: cuidar del planeta es cuidar de mi propia basura interna. Todo el ruido de la ignorancia, todas las necesidades y residuos que a lo largo del año fuimos tentados de echar sobre el otro, nada más que mi cuerpo y alma pidiendo a gritos que me haga responsable de mi propia existencia y que me cuide.

Esta mirada es le néctar de la cura y el principio del verdadero gozo, y sin duda el despertar del amor.

La danza OFD investiga los movimientos y raíces de la danza ancestral. Estos movimientos que llegan hacia nosotros como el resultado de una serie de acciones que componen un cuadro son en realidad un juego de formas y contenido donde el hombre antiguo dibujó el mapa de la existencia.

Los alineamientos y formas geométricas primarias están basados en la búsqueda de sentido armónico desde una organzación que respeta la organicidad y anatomía. Bailar dese este lugar produce deleite y gozo, y estos efectos psicológicos y emocionales afectan nuestra calidad de vida.

El poder del ejercicio físico en la producción de hormonas, y de esta manera en el aumento de nuestra excitación y entusiasmo, es conocido. Sabemos que ejercitarnos nos beneficia y provoca subidón, pero la danza OFD va más allá. Los movimientos que realizamos son muy internos y provocan una abertura en los puntos centrales del cuerpo, donde están localizadas nuestras glándulas maestras. Al bailar, respetando los meridianos del cuerpo y creando pequeñas movilidades internas, conseguimos que el movimiento sutil provoque resultados internos.

Hace ya miles de años, los maestros taoístas sabían de la importancia de realizar movimientos y visualizaciones en espiral y es exactamente eso lo que la Danza Oriental Fusión hace. Alineando el cuerpo desde los huesos, recordando los meridianos, realizando espirales de movimientos internos, conseguimos un aumento de flujo sanguíneo y trabajando intensamente deshacemos nudos, descontrayendo regiones que son responsables del buen funcionamiento de nuestros órganos internos.

¡Órganos internos! Esto que para los taoístas es algo tan relevante, pero que en nuestra cultura está olvidado como si no los tuviéramos que incluir en nuestra práctica personal de movimiento.

Dentro del sistema oriental de prácticas corporales, los órganos internos son reconocidos como las fuentes de vitalidad, además de almacenar sensaciones y emociones; este concepto enfatiza la necesidad de movilidad interna, haciendo que los movimientos corporales dancísticos contemplen esta forma y busquen provocar una maleabilidad y movilidad visceral. El movimiento y flujo en los órganos internos es investigado a fondo en la técnica OFD. Realizamos ondulaciones y buscamos, desde la colocación y la activación articular, movilizar y flexibilizar la zona interna del abdomen, responsable, según la filosofía oriental, de ser la residencia de nuestra energía vital.

Para Jean Yve Leloup, «el abdomen es el armario del miedo».

Mientras estudio incansablemente para poder, desde mis clases de danza, promover el conocimiento y el despertar de la importancia del auto cuidado y del amor por el  cuerpo, sinedo éste mi activismo personal y social, me pregunto, ¿por qué no nos preocupamos en buscar sanar nuestros miedos internos en lugar de echar nuestros residuos a los demás?

Hoy conocemos autores occidentales que nos hablan del abdomen como un segundo cerebro. En la Danza Oriental Fusión, los ejercicios pélvicos tienen como objetivo quirar tensiones y movilizar la región abdominal y devolverle su movimiento natural. Este método trabaja de forma compenetrada con la respiración, logrando que de esta manera sean más precisos y profundos los movimientos. Estas acciones básicas de la técnica OFD se fundamentan en la geometría sagrada y en la rueda de animales. Por extraño que parezca, los movimientos de los animales están catalogados en tratados ancestrales de técnicas profundas de rejuvenecimiento y elixir de vida, entendiendo la construcción corporal humana como el resultado de un proceso evolutivo de interacción con el entorno natural. Por eso, observar y cultivar similitudes entre nosotros y los animales nos aproxima de potenciales manejos corporales que fueron fundamentales para nuestro desarrollo.

El movimiento consciente, el uso de la sabiduría ancestral, la relación entre filosofía y danza, son las bases de un cuerpo integral, tan necesario para enfrentarnos de forma óptima y evolutiva a los cambios de paradigmas y sistemas sociales tan evidentes en la actualidad. Para la cultura oriental, el cuerpo humano está compuesto por partes simétricas que abarcan un simbolismo del micro al macrocosmos. Esta sabiduría es aplicable a la técnica dancística de características orientales, dado que la organización corporal, hasta la movilidad puntual, está pensada para favorecer la compenetración entre las partes y aumentar de esta manera el flujo y reflujo sanguíneo. Además, al provocar sutiles movimientos internos proporcionamos un aumento de energía vital, dado que, como todos sabemos, pulsación y movilidad son acciones primarias del buen funcionamiento de nuestro sistema corporal. También debemos subrayar que quizá la más importante especificidad de esta técnica es el hechp de que los movimientos son circulares y en forma de espiral, favoreciendo la interrelación de las partes del cuerpo tan importantes cuando sabemos que la estructura de funcionamiento corporal se organiza de forma integral.

Como nos sintetiza de forma maestra Stanley Kaleman: «¡La anatomía es el destino!«.

En un periodo crítico como el que estamos viviendo, donde contaminación, desechos, excesos y desperdicios están clamando por actitudes concretas a niveles sociales, ya no podemos desentendernos de nosotros mismos. Ser responsable por tu propia anatomía, además de honrar tu estructura y amarla, es un acto social.

Una práctica muy profunda dentro del sistema de procedimientos taoístas es el ejercicio de la sonrisa interior, donde visualizamos, tocamos y nos relacionamos de forma amable y amorosa con nuestros órganos internos.

Nuestras creencias occidentales están basadas en ver para creer, pero de repente un virus «invisible» nos ha obligado a entender que existen muchas más cosas ocurriendo de lo que nuestra simple visión pueda percibir. Sin la escucha de los movimientos sutiles te pierdes gran parte de la existencia. Si tu práctica dancística está basada en tu visión del movimiento en el espejo, pierdes gran parte de la movilidad orgánica y fundamental. El mundo clama a gritos que aumentes tu percepción y tu visión. ¡Esto es cuidar!

Cuando buscamos referencias sobre los beneficios de la práctica de la danza para la salud nos encontramos con una larga lista, como nos cuenta en Dr. Amador Cernuda: «la danza como terapia tiene numerosas aplicaciones, ya que incrementa la vitalidad, mejora la autoestima, incrementa la agilidad corporal, estimula las defensas del sistema inmunológico, facilita la expresión de los sentimientos, incrementa las habilidades sociales favoreciendo la capacidad de relación y comunicación…». Una vez más comprobamos cómo la danza es un vehículo dinámico de incremento de la salud psicofísica.

Sabamos que nuestro sistema de defensas está formado por célilas y órganos linfoides, entre ellos el timpo, vasos linfoides, ganglios linfáticos, bazo, médula ósea. La danza OFD trabaja en base a torsiones entre las cinturas, que provocan movilidad  tan importante en nuestro sistema digestivo y que además implican el bazo, responsable de mantener el equilibrio de los líquidos del cuerpo. Como trabajamos desde el alineamiento óseo que desde su forma genuina espiralada se fortalece. La calidad de movimientos trabajada en las clases al conectar las partes centrales y alinear los canales laterales estimula el flujo interno, tan importante para los vasos linfátivos y los movimientos cruzados realizan un auto mensaje que suelta y liquidifica el interior del cuerpo.

El ejercicio consciente, realizado bajo un buen comando y conducción, autorregula el cuerpo.

Por todo lo dicho, creemos poder afirmar que la técnica OFD es una excelente herramienta para fortalecer nuestro sistema inmunológico y cuando cuidas de ti, cuidas del otro.

Así que ¿bailamos juntas? Más que nunca ¡bailar es una necesidad!

 

 

Patricia Passo